viernes, 19 de septiembre de 2014

Conciencia sin fronteras, Ken Wilber

Son muchas las personas que esperan que la Psicología les proporcione prescripciones para “obtener la felicidad”.
Pero el individuo sinceramente interesado en hallar y enriquecer su terapia anímica, suele, por lo común, encontrarse con una dispersión tan asombrosa de escuelas psicológi- cas, que apenas si sabe por dónde iniciarse o a quién creer. De ahí que lo frecuente sea que fi- nalice sus estudios tan confuso o más que cuando los comenzó, ya que esas diversas escue- las, por lo general, suelen presentar tal diferencia en sus enfoques que les lleva a contrade- cirse entre sí. Por ejemplo, mientras que las psicologías orientales le dicen a uno que se olvide de su yo, que lo trascienda haciendo de él un vacío, el Psicoanalista persigue el fortaleci- miento, enriquecimiento y consolidación del yo; y mientras que estas versiones, aunque a di- ferentes niveles, se apoyan en el interior nuclear del individuo, el Conductismo, por su parte, hace tabla rasa de todo aquello que no sea observable, con lo que desaparece el fundamento espiritual “psijé”, de la raíz del propio concepto de psico-logía: “psijo-logía” o ciencia del alma. ¿Quién tiene razón? ¿Quién tiene la verdad? No cabe duda de que el problema no sólo tiene importancia para el terapeuta profesional, sino también para el profano que desea cono- cerse, buscar sentido a su vida, ser feliz. Tal cantidad de enfoques diferentes, y todos en con- flicto, intentando, a su vez, explicar y comprender a un mismo individuo, no deja de ser des- olador.
Ante ese panorama, una de las actuales autoridades en el estudio de la conciencia, Ken Wilber, se pregunta: “¿No podría ser que estos enfoques tan diferentes, lejos de estar en conflicto o ser contradictorios, reflejen realmente diferencias muy concretas en los diversos nive- les del espectro de la conciencia? ¿Y no sería posible que estos diferentes enfoques sean, to- dos ellos, más o menos correctos cuando se emplean en su propio nivel principal?“.
Si así fuera —añade Wilber— estaríamos en condiciones de “introducir considerable or- den y coherencia en un campo que, de otra manera, es de una complejidad enloquecedora”.
Ken Wilber, comparando las filosofías y psicologías occidentales con las orientales, llega a la tesis de que todas las escuelas psicológicas no representan tantos enfoques contradicto- rios del individuo sino maneras de entender complementariamente a los diferentes NIVELES DE CONCIENCIA del individuo.
A modo de ejemplo, el objetivo del Psicoanálisis vendría a remediar la escisión entre los aspectos conscientes e inconscientes de la psiqué, reunificando la “persona” o MASCARA tras la que se ocultan los aspectos inaceptables de su yo, y la “SOMBRA”, o parte oscura del inconsciente reprimido. Tanto el Psicoanálisis, como otrasformas de terapia convencional, in- tentan ayudar al individuo escindido, para que vuelva a cartografiar su alma como “yo”, libre de demarcaciones interiores, libre de fronteras maniqueas.
La Psicología Humanista, llamada la “tercera fuerza”, detrás del Psicoanálisis y el Con- ductismo, extendería la identidad de la persona desde el “yo” hacia la totalidad del orga- nismo, interviniendo en OTRO NIVEL DE CONCIENCIA que ya incluye al soma, al cuerpo, libe- rándose así vastos potenciales energéticos, poniéndolos a disposición del individuo.
Profundizando aún más, encontraremos que la meta de disciplinas orientales, como el yoga o el zen, persigue curar la escisión entre el organismo total y el medio, para, de ese modo, revelar una identidad —suprema identidad— con el universo entero. En otras palabras: apuntan a un nivel de CONCIENCIA DE UNIDAD, refiriéndose a un YO TRANSPERSONAL.
En la obra que nos ocupa, el autor, luciendo un excelente dominio de las actuales co- rrientes del pensamiento psicológico, así como de los campos de la Física y de la Filosofía, llega a demostrar cómo cada frontera que establecemos en nuestra experiencia, tiene como resultado una limitación de nuestra conciencia; una limitación, que viene a ser una fragmen- tación, un conflicto, una batalla. Según él, nuestra experiencia contiene muchas de estas limi- taciones y demarcaciones, que, en conjunto, crean un espectro de la conciencia. Lo impor- tante es comprender de qué manera pueden incidir las diversas concepciones terapéuticas en los diferentes niveles del espectro. Cada tipo de terapia intenta resolver un determinado conflicto o límite suscitado en la conciencia. Y será la comparación de las distintas terapias entre sí la que nos revele los distintos tipos de fronteras que se originan en la conciencia per- ceptora; siendo, a su vez, el modo de comenzara plantearse la disolución de semejantes blo- queos, con la finalidad de que, ya libre de ellos, la persona continúe libre de trabas el proceso libre de su desarrollo personal.
Este trabajo muestra al lector una iniciación global a los principales sistemas de creci- miento y transformación, manifestando, asimismo, sus propias y específicas interrelaciones, al tiempo que ofrece modos de ejercicios adecuados que le permiten obtener una experien- cia personal de los diversos enfoques.
Todo esto, como es obvio, no deja de ser una versión muy simplificada de la importante aportación de este interesante investigador, del que puede destacarse la gran atención que dedica a la Psicología Transpersonal, gran legado de Carlos Gustavo Jung y torpemente olvi- dada en nuestras cátedras.
Con la aportación, renovada y sistematizada de Ken Wilber, se consolida una versión de la Psicología, cuya profundidad supera incluso las fronteras psicoanalíticas, y que se instala dentro de la necesidad existencial de una amplificación trascendental de la conciencia hu- mana, tan radicalmente ignorada por Freud, pero ya desde milenios cultivada y enriquecida por la, para nosotros, aún inédita, psicología oriental. Necesitábamos oxígeno, aire fresco, nuevas fronteras; o mejor aún, la posibilidad de contemplar algo que ya en occidente había intuido Jung: una conciencia sin fronteras. Pero, a su vez, respaldadas con el rigor y la objetivi- dad de los hechos y de las experiencias.
El hombre occidental reprime no solamente los impulsos primarios, entendidos en el sentido freudiano: sexualidad y agresividad, formando de ese modo el inconsciente que Wilber designa “sumergido”. Denuncia, además, la represión del “inconsciente emergente”, o área transpersonal que puede llegar a incluir el sentido de lo numinoso, tal y como desde hace milenios lo entienden las psicologías orientales.
“Es la parte de lo inconsciente fundamental que, excluidas las detenciones evolutivas, si- gue siendo inconsciente pasado el momento en que habría podido aparecer en la conciencia. Entonces se justifica que busquemos razones para esta falta de emergencia, y las encon- tramos en toda una serie de mecanismos de defensa contra la Deidad, la transcendencia y la bienaventuranza. Entre ellas se cuenta la RACIONALIZACION (‘La transcendencia es impo- sible o patológica’); el AISLAMIENTO o la EVITACION de relaciones (‘Mi conciencia llega hasta donde llega mi piel’); el TERROR DE LA MUERTE (‘Temo morir para mi ego; ¿qué que- daría de mí?‘): la desacralización (el término que utiliza Maslow para la negativa a ver en parte algunos valores transcendentales); la SUSTITUCION (‘se sustituye la estructura superior pre- sentida por una inferior, fingiendo que la inferior es la superior’)...“.

Ante las experiencias transcendentales o, como señalaría Maslow, las experiencias cumbres, tanto la psicología como el psicoanálisis ortodoxos, jamás han entendido las for- mas superiores del inconsciente emergente. La presencia de éstas se traduce como la irrup- ción de algún material arcaico o de impulsos pasados reprimidos. “Cuando no se reconoce —señala el autor—, se intenta explicar lo inconsciente emergente en función de lo inconsciente sumergido, considerándolo no como una estructura superior que emerge, sino como una inferior que vuelve a emerger...“.
Alan Wats, Karl Dürckheim y, ahora K. Wilber, han iniciado la salida de un soporífero le- targo en los estudios de Psicología. Con un poco de suerte, dentro de veinte años, su valiosa aportación habrá llegado a nuestras facultades.

Rafael Redondo Barba

Wilber, K. Conciencia sin fronteras
Editorial Kairos. Barcelona, 1987 (segunda ed.), ISBN: 84-7245 146-1

RIEV. Revista Internacional de los Estudios Vascos. Año 39. Tomo XXXVI. N.o 1 (1991), p. 179-183 ISSN 0212-7016
San Sebastián: Eusko Ikaskuntza.

martes, 16 de septiembre de 2014

Si...


Si para recobrar lo recobrado
tuve que haber perdido lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.
Si para estar ahora enamorada
fue menester haber estado herida
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprendido
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprobado
que lo que tiene el árbol de florido
vive de lo que tiene sepultado. 

Francisco Luis Bernárdez

lunes, 15 de septiembre de 2014

El pescador satisfecho


El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.

“¿Por qué no has salido a pescar?”, le preguntó el industrial.
“Porque ya he pescado bastante por hoy”, respondió el pescador.
“¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?”, insistió el industrial.
“¿Y qué iba a hacer con ello?”,  preguntó a su vez el pescador.

“Ganarías más dinero”, fue la respuesta.  “De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico como yo”.
“¿Y qué haría entonces?”, preguntó de nuevo el pescador.
“Podrías sentarte y disfrutar de la vida”, respondió el industrial.

“¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?”, respondió el satisfecho pescador.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Naturaleza Humana


En un lugar del trópico, un misionero decidió impresionar a sus feligreses nativos llevando consigo a algunos de ellos a dar una vuelta en un avión. El aparato voló por encima de las aldeas, las colinas, los bosques y los ríos de la región. De vez en cuando, los pasajeros miraban por la ventanilla, pero en general, no parecían estar demasiado impresionados.

De regreso a tierra, descendieron todos del avión sin hacer el más mínimo comentario. El misionero, ansioso de obtener alguna reacción, exclamó: “¿No ha sido maravilloso? ¡Es fantástico lo que los seres humanos pueden conseguir! ¡Hemos estado allá arriba, en el cielo, por encima de las casas, de los árboles y las montañas, contemplando la tierra!”

El grupo de nativos escuchaba impasible. Al fin, el cabecilla del mismo, dijo: “También los insectos lo hacen…”

…”Y, lo que es aún más,  ¡son felices!

martes, 9 de septiembre de 2014

Polaridades

“Yo solo puedo decir, aunque parezca muy contradictorio: 
Sé pacientemente impaciente o impacientemente paciente, 
pero sé ambas cosas”. Osho

- El origen de la polarización está en la mente. Ella no puede percibir la realidad en toda su completud y sólo percibe una parte -figura-, en contraste con un fondo -no percibido-.
- Cuando establecemos el límite entre un ser y el resto del mundo aparecen los contrarios: lo que es parte de la forma discriminada y lo que no es parte de esa forma. Al decir Yo, nos apartamos de todo lo ajeno, es decir, el No Yo; y desde ese momento quedamos atrapados en la polaridad.
En el estado ordinario de conciencia no podemos percibir la unidad.
- Los dos polos se complementan y se necesitan para existir. Si no existiera la oscuridad, no podríamos ver la luz. Sin el frío, no captaríamos la presencia del calor, sin el hambre no registraríamos la saciedad.
- Según Dahlke y Dethlefsen podemos subsanar el déficit de la conciencia en la alternancia de los polos. Si no puedo captar la unidad día-noche, al menos puedo captar que uno sucede al otro. Esta alternancia circular da origen a una captación del ritmo, el tiempo y el espacio.
- El mundo de contradicciones nos obliga a ir y venir. No queda más remedio. No podemos captar la totalidad -no en el estado habitual de conciencia-.
Lo que sí podemos es tener conciencia del estado en que estamos, que existe el otro y que nuestra permanencia en él es transitoria.
- Una de las polaridades más importantes que transitamos es la de cuerpo-mente. Se nos presenta como sentimiento-pensamiento, o como necesidades-“deberías”.
Fritz Perls, en su libro Terapia Gestalt, describe también otras polaridades que necesitamos integrar:
     * Self-mundo exterior
     * Emocional (subjetivo)-Real (objetivo)
     * Infantil-maduro
     * Biológico-Cultural
     * Poesía-Prosa
     * Espontáneo-Deliberado
     * Personal-Social
     * Amor-Agresión
     * Inconsciente-Consciente
- Nuestra salud está relacionada con la integración de los opuestos, con la ampliación de la mirada y el darnos cuenta de que siempre estuvieron unidos y completos.
La relación de los opuestos puede tener distintos grados de integración en nuestra mente.
     + Como opuestos antagónicos.- Nos identificamos con uno y proyectamos el otro. Es el maniqueísmo.
     + Como opuestos proporcionados.- Reconocemos que en cada polo existe algo del opuesto. El hombre descubre su parte femenina y la mujer su parte masculina. Tenemos algo en común y a partir de eso nos relacionamos mejor.
     + Como opuestos complementarios.- Descubrimos que somos dos partes de un mismo sistema: hombre-mujer del sistema pareja, pareja-hijos del sistema familia, mente-sentimientos del sistema persona, etc. Desde el sistema observamos las partes en conflicto o integradas. La resolución de conflictos se da en este nivel, cuando las partes pueden negociar o acordar un funcionamiento equilibrado que beneficie al sistema. 
     + En integración.- Las partes se descubren como momentos de un proceso dinámico que no se detiene en ningún punto. Se descubre la transitoriedad y se dejan de lado las identificaciones rígidas: No soy enojado, sino que estar enojado es un momento en el recorrido de mis estados de ánimo.

Entrenamiento en Gestalt
pp. 96-102 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Introyectos

1º Descubrir las exigencias o “deberías” que tenemos. Son mandatos con los que dirigimos nuestra vida. Vivimos de acuerdo a un ideal -“deber ser” y “deber hacer”-, lo cual es frustrante, culpabilizante, autorreprochable. Son verdades absolutas e indiscutibles que fueron afectivizadas. La verdad última es “Yo estoy mal”.
Me vivo como la ley, el juez, el culpable y la cárcel.
En un primer intento por desidentificarme de mis mandatos, me pienso como el opuesto y me puedo quedar en esta falsa identidad el resto de mi vida. La exigencia de ser perfecto se transforma en una carga muy pesada, la viva como sometido o como rebelde.
La mayoría de las veces creo que las exigencias son externas.

2º Logro desidentificarme de mis mandatos y me quedo en el vacío de la anomia. No sé quién tengo que ser y me pregunto: “¿Qué quiero en lo profundo de mí?”. Me conecto con mis sentimientos, mis necesidades. Soy honesto conmigo mismo.
Abandonar el camino de la perfección implica el riesgo de no ser querido por el otro, incluso, los más cercanos.
Luego, descubro que no  necesito ser diferente a quien soy y comienzo a aceptarme. Entonces empiezo a quererme.
Descubro aquello que decía Perls: “No estoy aquí para satisfacer tus expectativas. Yo soy Yo y Tú eres Tú”.
Comienzo un camino en soledad, encontrando puntos de referencia internos. No me apoyo en “los que saben”, sino en lo que pienso, siento, percibo…en lo que soy.
Mis respuestas comienzan a ser mías, acertadas o erróneas. Algunas personas me aceptan y me quieren, otras no.
Poseo la libertad de escribir mi historia, entre miedos y certezas, intuiciones y dudas.
Comienzo a ser adulto. Siento mi potencia, mi capacidad de ser y hacer.

3º Descubro mis límites naturales. No todos mis deseos son posibles y realizables. Soy finito y limitado. Soy mortal.
Ahora me pregunto: “Esto que quiero, ¿hasta dónde puedo?”. Querer no es poder. Mi libertad se humaniza.
Me siento incompleto y busco completarme sin el perfeccionismo de antes. Mi meta no es externa sino una carencia interna.
Descubro mis necesidades, mis recursos; la posibilidad de curarme y de “beber en mi propio pozo” (Cabarrús).

4º Satisfago mis necesidades. Desarrollo mis recursos, internos y externos. Me ayudo a mí mismo y recibo la ayuda que necesito del entorno. No dependo de él ni soy autosuficiente. Comienzo con humildad una etapa de crecimiento y desarrollo.
El otro surge como alguien con quien me desarrollo y me completo en otros aspectos.
Me prepara para vivir más auténticamente, sabiendo que no será infinita ni perfecta.

Ejercicio

Apoyo Yo debería Yo quiero Yo puedo Yo necesito



Contenido
Es la exigencia que tengo.
Es el ideal que debería ser.
Hablan mis introyectos.
Son mis mandatos.
Elijo y me hago cargo.
Me diferencia de mis “deberías”.
Me hago adulto.
Es el criterio de realidad.
Reconozco mis potencias y límites.
Reconozco mis carencias sin criticarlas.
Descubro mis recursos.
Lo que me falta para poder.
Los recursos que tengo que desarrollar.
Es la tarea.
Es la vía de realización
Niveles Exigencia Libertad Recursos Tarea

La exigencia como polaridad

La exigencia es un sentimiento que se origina en una relación de pares. Así como la culpa -culpador/culpado, el miedo -asustador/asustado, y la exigencia -exigente/exigido- pueden ser intrapsíquicas o interpersonales.
En ellas nos identificamos con uno de los polos. Es decir, podemos relacionarnos con una persona que nos critica o con una a la que critiquemos.
Cada uno de los polos tiene sus características y razones para existir:
- El exigente: está interesado en lograr la perfección. Está ligado al modelo ideal.
Su intención es constructiva y su amor es inmaduro e ignorante, ya que desconoce los recursos del otro, no lo escucha y cree que su verdad es absoluta.
Es desesperado, cruel, reprochador y enjuiciador.
Las buenas intenciones justifican su mal trato, que produce “en parte” el sufrimiento de ambos: se frustran y son infelices.
- El exigido: Quiere sobrevivir y se adapta complaciendo a través de la manipulación. No contradice para evitar la confrontación. Se escuda en el “no puedo”, en el cansancio o en el “no sirvo para nada”.
Se siente culpable y se victimiza para ser escuchado.
Su creencia básica es que el exigente tiene la razón y acepta que la verdad es una sola.
No califica sus necesidades y las expresa con culpa.
Cuanto más se somete, más fuerza le da al exigente y se enajena de su propio poder.

En la terapia, el paciente sufre por las exigencias que tuvo en su vida y dedica bastante tiempo para diferenciarse de sus introyectos, encontrar sus propias decisiones y apoyarse en sus propios pies. Independizarse de los padres es un escalón básico en cualquier proceso terapéutico. Este viaje parece que termina cuando perdona a sus padres de las exigencias recibidas y puede decirles “no” sin sentirse culpable.
Un paso más es descubrir las exigencias que nosotros tuvimos o todavía tenemos hacia el mundo. Por ejemplo: la expectativa de que los padres sean perfectos, que el mundo sea diferente. La pregunta es: ¿Con quién me conecto? ¿Con el mundo como es o con el mundo que yo quisiera que fuera?
Puedo tener una necesidad legítima de ser amado, sin embargo, eso no cambia la realidad de la persona que no me ama. Ella sigue siendo lo que es. Una persona que no sabe o no puede amarme. Entonces, debo aceptar que el mundo “es como es” y frustrarme o resolverlo con otra persona. Si no, insistiré demandando a esa persona que cambie y sea lo que no es. Esa es la demanda infantil. Cuando logramos verla, soltarla y convertirnos en seres conectados con la realidad, tal cual es, ingresamos en la adultez.

Había una vez, hace mucho tiempo, un hombre muy viejo que esperaba el momento de morir. Parecía que Dios se había olvidado de él pues ya tenía muchos años.
Este hombre había sido muy cumplidor de todo lo que se esperó de él. Observó todos los mandamientos y reglas que conoció. Algunos lo habían considerado perfecto. Se había esforzado al máximo por vivir según la ley de Dios y esperaba el momento de llegar ante él para recibir su recompensa.
Al fin, Dios se acordó de él y ese día se murió.
Fue inmediatamente al cielo y al llegar a la puerta vio cómo el mismísimo Dios salía a recibirlo. El viejo caminaba encorvado con toda la espalda cargada de cruces. Entonces, al ver a Dios, le dijo lleno de orgullo: “Señor, aquí estoy con todas las cruces que cargué en mi vida”.
Y Dios, mirándolo compasivamente, se inclinó y tomando una pequeña cruz dorada de su espalda le contestó: “Esta es la que te puse yo”.


Entrenamiento en Gestalt
pp. 88-96 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿Quién se ocupa de mí?

“…poco a poco me fui dando cuenta que el mundo me daba menos y me frustraba más. Algunas personas se ocupaban de ellas mismas (“egoístas”) y se despreocupaban de mí”.

Si nos observamos en las situaciones frustrantes pondremos un lente de aumento a las reacciones que tenemos:

1.- Nos ponemos de víctimas. Es la reacción más inmadura. Atribuimos la responsabilidad a los otros (presidente, jefe, hermano, padre, pareja, etc.) o al ambiente.
“No me dieron lo necesario”, “No me dejan crecer”, “Si no fuera por ti”.
Quejarse es una actitud pasiva y no genera cambios en la situación. 
¿Acaso estoy cómodo con esto como para no moverme?.
Mi felicidad depende de otros y no puedo hacer nada más que esperar a que cambien.

2.- Nos convertimos en tiranos. Buscamos que el otro cambie.
Estamos buscando el cambio de "primer orden” -como lo menciona Michel-. Tenemos la atención fuera de nosotros.
Buscamos que el otro se ajuste a nuestras expectativas y se lo reclamamos.
El criterio de verdad son nuestros gustos, cultura, valores.
Este estilo de vida es muy frecuente y genera sentimientos de éxito o derrota, según logremos cambios en los demás.
A la larga nos producimos un sufrimiento que adjudicamos a los que no nos dan gusto.
“Por tu culpa ya no soy el de antes”.

3.- Descubrimos nuestras respuestas. Comenzamos a observar y reconocer nuestras actitudes de víctimas o tiranos. Percibimos la dependencia que eso nos produce. Se presenta la opción de seguir manipulando al mundo o empezar a buscar reacciones más responsables.

4.- Nos hacemos cargo de nuestras respuestas. Frente a cada situación nos damos cuenta de las reacciones que despierta en nuestro interior. De todas las variables producimos una síntesis personal y nos arriesgamos en una respuesta. “Esto es lo que quiero hacer”, “Espero hasta que me sature”. Tenemos la posibilidad de protagonizar la propia vida, ya sea para sufrir o para disfrutar. Nuestra fuerza es la autotransformación.

5.-  Yo soy el problema a resolver. Mi vida ha sido una serie de excusas para desentrañar lo que soy. Lo que no aprendo en una circunstancia se me presenta en la siguiente.
Cuando observo el proceso que ocurre dentro de mí, lo menos que puedo hacer es aceptarlo como propio, y hacerme cargo de él.
Es el cambio de "segundo orden” de Michel.


Entrenamiento en Gestalt
pp. 85-87 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Espontaneidad

Cada momento es único 
ya que no fui este ser que estoy siendo en este ahora inédito.
Nunca volveré a ser el mismo luego de esta experiencia
ya que me transformaré con el aprendizaje
o con la satisfacción que experimente.
La respuesta que surja puede no coincidir
con la que experimenté en el pasado
y sigue siendo tan propia de mí como las anteriores.
Las ideas que tengo acerca de la situación
dejan lugar al reacomodamiento natural de los hechos…
Entonces no interrumpo…
tan sólo fluyó entre las necesidades personales,
las posibilidades del entorno
y las experiencia consciente.
Cada respuesta es una sorpresa y surge en cada momento.
No hay moldes ni metas, sólo el darse cuenta
de cada actualización y el respeto hacia ese proceso.
Mi responsabilidad es reconocer el proceso como
algo que me pertenece, que me es propio.
Mi respuesta se ancla a mis necesidades,
a las características de mi situación y mis valores,
elijo mi respuesta: avanzo, suelto, me esfuerzo,
disfruto, permito que suceda o
renuncio a mi satisfacción.
Doy mi mejor respuesta.
Soy limitado y no tengo todos los recursos.
Soy humano, es así…
Elijo mi mejor respuesta y me lanzo con riesgos
a la aventura de vivir.



Entrenamiento en Gestalt
p. 83