viernes, 24 de abril de 2015

Hoy puede ser un gran día


"Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así.
Aprovecharlo o que pase de largo depende, en parte de tí.
Dale día libre a tu experiencia, para comenzar;
y recíbelo como si fuera fiesta de guardar.
No consientas que se esfume.
Asómate y consume la vida a granel.
Hoy puede ser un gran día, ¡duro con él!"

jueves, 23 de abril de 2015

Educaciones desorientadas

La educación actual, tal como se plantea, enseña cosas, pero está desorientada en tanto que muchas veces no contribuye decisivamente a formar personas felices, autónomas, responsables, solidarias y equilibradas (sanas). El elemento que mejor nos puede ayudar a restaurar este equilibrio son las emociones.
 
Son educaciones inútiles (valoral, emocional, competencia social, resolución de conflictos)
+ porque se consideran como apéndices de la educación existente. Este aspecto de nuestra cultura es algo que debemos "desaprender" (cfr.) Estos programas requieren un enfoque global,  integrador (revisar los libros de Educación integral) y continuidad.
+ porque se aplican como intervenciones de urgencia ante un problema determinado.
+ porque responden a visiones simples o parciales de la realidad.
+ por la exigencia de conseguir resultados rápidos y demostrables.
+ por la falta de conexión entre sus diferentes componentes.
+ por su formulación eminentemente teórica (a pesar de contener propuestas de actividades).
+ por la poca preparación o la poca convicción de quienes las llevan a cabo.
 
Además, estos programas sólo producen efectos si al mismo tiempo realizamos un esfuerzo por detectar las contradicciones, la manipulación, la violencia latente que imperan... en la publicidad, los medios de comunicación, la política, la economía, las leyes, las religiones, la cultura en general.
 
Lo que hoy nos lleva a hablar de deseducación es la evidencia de que las estructuras sobre las que nos construimos no nos ayudan demasiado a convertirnos en personas más humanas y felices.

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PP. 31-35

martes, 21 de abril de 2015

Integración Emoción y Razón

La preponderancia del conocimiento por encima de la emoción que ha fomentado nuestra cultura  ha comportado que nuestro registro emocional sea pobre, casi primitivo..nos movemos entre dos polaridades: placer-dolor o atracción-rechazo...
Por este motivo valoramos como blanco o negro, bueno o malo, según me guste, sea cómodo...
 
La falta de madurez emocional...comporta que las posiciones que adoptamos ante la realidad sean rígidas y los modelos de interpretación resulten pobres y simples.
 
Hemos limitado al cerebro al binomio acción-reacción que nos viene por dotación biológica (no representa ninguna evolución)...Buscar otras salidas que permitan resolver los problemas es síntoma de madurez e inteligencia, de una postura más abierta y flexible, de una integración entre emoción y razón.
 
Para que pueda darse una mayor integración personal y nuestro comportamiento sea más coherente, hay que tener en cuenta la dimensión emocional que tradicionalmente se ha considerado de segunda categoría. Todas las experiencias y situaciones que vivimos tienen una lectura en clave emocional, que no es la que efectuamos habitualmente...Es preciso una segunda lectura y para evitar la visión individualista, se recomienda compartirla y contrastarla con los otros, y en su caso consensar.

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PP. 67-71

domingo, 19 de abril de 2015

Telebasura, indicador de violencia


Actualmente hace correr mucha tinta el fenómeno de la telebasura, que hace de la agresión un espectáculo y un camino directo a la fama, y responde a criterios principalmente económicos y de audiencia, si bien en el fondo sigue obedeciendo a la más elemental de las motivaciones humanas: el deseo de ser alguien, de experimentar algún tipo de sensación de poder al precio que sea.
Hay que decir...que todo esto ocurre en los reality shows y los programas denominados telebasura, teleseries aparentemente inofensivas, de corte humorístico o familiar, que frivolizan problemáticas muy serias y pretenden provocar la risa mediante situaciones que no nos tendrían que hacer ninguna gracia. Sus contenidos son aveces tanto más violentos que los de la telebasura, aunque adopten formas bastante blandas o sutiles, y sería bueno que al menos los detectáramos y fuéramos conscientes de su gravedad.
...la actitud adecuada para hacerles frente no es necesariamente dejar de ver ciertos programas. No hay duda de que conocer las motivaciones a que responden, además de mantener una cierta distancia emocional y adoptar un criterio personal al respecto, convierten en inofensiva la telebasura y cualquier otro fenómeno similar.
Por otro lado, este fenómeno puede que tenga que ver con la poca madurez emocional de la sociedad y seguramente también con un profundo sentimiento de soledad, especialmente en el caso de las personas que son adictas a este tipo de programas, que viven sus emociones a través de terceros, que se sienten alguien contemplando las miserias de los demás o que simplemente se sienten acompañados por estos programas. De ahí que pensemos que la solución óptima está en más en educar a las personas, en ayudarlas a madurar emocionalmente, en generar en ellas ilusión, amor, confianza, oportunidades de actuar, de gozar de la vida y de las relaciones, de realizarse y sentirse útiles, de participar en proyectos, etc., que en prohibir o censurar la televisión.
Algunos de estos programas podrían orientarse hacia el conocimiento del ser humano y la mejora de la conviviencia si el tratamiento que se les diera fuera el adecuado, y se primara la calidad humana en lugar de potenciar la agresión y el escándalo, lo cual no tiene justificación ni siquiera aduciendo la libertad de escoger del telespectador.
Con todo, insistimos de nuevo en que la sociedad no va como va por culpa de estos programas, que son más bien un reflejo, un indicador o una resultante que una causa directa de la violencia.

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PP. 178-180

viernes, 17 de abril de 2015

Des-educarnos, ¿de qué?


1.- De la desintegración entre la razón y la emoción. De la poca importancia que la cultura occidental le da a la emoción como parte esencial de la madurez y el crecimiento personal.
2.- De la competencia, en vez de la cooperación. Competencia en vez de disfrutar los logros de los otros, las diferencias del grupo, la lectura, el arte, la música...
"Acabamos preparando a los jóvenes para ocupar puestos de trabajo y contribuir a la economía, en lugar de educarlos para vivir con la máxima plenitud posible y convivir en paz".
"Los aprendizajes fundamentales para la vida surgen de las propias vivencias y de la elaboración posterior que de éstas se haga".
La parábola del viajero en el cementerio habla de la incapacidad para disfrutar el aquí y ahora (momentos de auténtica vida, momentos de fluir con la vida). 105-126
3.- Del ritmo de vida acelerado. Necesitamos recuperar el tiempo para el contacto humano, para el diálogo, para el interés por el otro.
Normalmente, la incapacidad de detenernos indica una pérdida de contacto con nuestro ser auténtico y nuestras necesidades.
4.- Hazte cargo de tus emociones. Somos víctimas de las emociones que desconocemos y a menudo culpamos a los otros.
5.- La paz comienza día a día. Las guerras no se producen nunca por causas externas al ser humano. Sus causas...obedecen siempre a necesidades vitales de primer orden (ser reconocido, aprobado, dignificado) y tiene que ver con situaciones personales emocionalmente no resueltas. El no poder admitir nuestras propias sombras o limitaciones comporta graves consecuencias...culpar a los demás.
6.- Convivamos desde el afecto y la responsabilidad

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PP. 105-151, 165-177

martes, 7 de abril de 2015

Manejo de sentimientos

Somos víctimas de las emociones que desconocemos y muy a menudo culpamos a los otros por ello.
 
Todos los sentimientos que podamos tener son legítimos. No hay ningún sentimiento malo, negativo o prohibido. Lo único que puede ser inadecuado es lo que hacemos con estos sentimientos, es decir, la conducta que se deriva de ellos...Por eso no tenemos que luchar contra ellos, sino tenerlos en cuenta, darles su tiempo, facilitar su expresión liberadora y reparadora, y conducirlos hacia una conducta adaptada a partir de lo cognitivo, lo fisiológicocorporal y el conductual...
Madurar emocionalmente significa darnos cuenta de que vemos a los otros, el mundo y las cosas que nos pasan deformadas por los lentes de las propias emociones.
 
Es más maduro sustituir los juicios de valor sobre los otros por los sentimientos propios hablando en primera persona...Utilizar aquello que nos disgusta o nos duele para adquirir unas habilidades más funcionales y adaptativas, para construirnos más positivamente.
 
Conviene distinguir muy claramente lo que es una crítica al comportamiento de una persona de lo que es una crítica a la persona.
 
Tenemos que mejorar emocionalmente para crecer como personas...aprovechar lo que no nos gusta para cuestionarnos cosas y conocernos mejor.
 
El hecho de que dos personas no se entiendan estando juntas no invalida a ninguna de las dos, que pueden seguir funcionando muy bien en otro contexto...El mero hecho de decirle a la otra persona que te cuesta entenderte con ella pero que te encantaría conseguirlo, y poner lo que puedas de tu parte o preguntarle qué le haría falta para que fuera posible, ya es en sí mismo una extraordinaria prueba de afecto.
 
Poder expresar en determinados momentos, de una manera emocionalmente primaria, un sentimientos de indignación, de injusticia, de opresión, etc., es necesario y saludable, siempre y cuando se mantenga un cierto control sobre la acción y posteriormente se sepa efectuar la lectura más serena y detallada del hecho, y adoptar una postura adaptada...En el terreno del sentir todo está permitido, en el de la acción no.
 
El equilibrio personal se construye a partir de sucesivos desequilibrios que poco a poco conseguimos superar positivamente...La falta de afectación no es síntoma de madurez sino de insensibilidad.
 
Es necesario aprender a tolerar la frustración y a sobrellevar el sentimiento de impotencia...A veces se nos hace creer que exite una solución para cada problema y que adoptando determinadas actitudes podremos con todo, cuando no es así.
 
El derecho a expresar lo que sentimos es en cualquier cado inalienable, pero tendremos que distinguir cómo, cuándo, dónde y con quién podemos expresarnos abiertamente, y acostumbrarnos a considerar sus posibles consecuecias.
 
Aquello que es desconocido inicialmente nos pone en guardia, nos produce una cierta sensación de desconfianza y una falta de seguridad. Como consecuencia, nuestra actitud no favorece la acogida, la relación, la confianza...Conviene no generalizar ("Todos son iguales").
 
El solo hecho de conocer y regular las emociones no nos garantiza que vayamos a mejorar como personas. El sentido último de la educación emocional ha de ser otro: el descubrimiento y la aceptación de la propia humanidad, en su sentido más amplio.
La educación de las emociones no es un remedio de urgencia para prevenir o evitar determinadas conductas y problemas psicológicos de la población actual, sino como una plena humanización y un pleno desarrollo de las potencialidades humanas. Más aún, es mucho más efectivo y recomendable iniciarla en momentos no conflictivos. Mal asunto si tenemos que recurrir a las estadísticas sobre depresiones, suicidios, violencia doméstica o consumo de drogas.
 
Si la finalidad última de la educación emocional ha de ser mejorar como personas, tendremos que educar nuestras emociones para estar afectivamente disponibles para el otro.

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PP. 148-163

domingo, 5 de abril de 2015

Educar para la calma

Conviene que sepamos conjugar lo que son los imperativos académicos, curriculares y sociales, con una visión más personal de las cosas, y acostumbremos  a los niños a dedicar pequeños ratos a la pura contemplación, a escuchar el silencio y a escucharse a ellos mismos, a reposar, a mirarse sin decir nada, a hacerse masajes, a concentrarse en una caricia que dan o reciben...No lo planteamos como un cambio radical de vida o como una manera de evadirnos, sino como un enseñar a gozar de todo aquello que normalmente no se goza...educarlos para una existencia más reposada y más plena.
 
Si bien hay un periodo de máxima plasticidad cerebral que llega hasta los 3 o 4 años, esto no significa que pasado este periodo no se pueda aprender. Si el niño o niña se siente atendido y la información o las experiencias que le presentamos son suficientemente significativas, tenemos toda la vida por delante para aprender y cambiar.

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PP. 136-137, 140

jueves, 2 de abril de 2015

El sueño en el aprendizaje


Julio 2003
Conferencia "Neuroplasticidad y aprendizaje"
Dr. Nolasc Acarín
Jefe de la sección de Neurología del Hospital universitario del Valle Hebrón de Barcelona.
 
"Para que sea posible sistematizar y grabar aquello que se aprende hace falta, además de potenciar el aprendizaje de las emociones, dejar entrar el sueño y el descanso en las aulas. Desde esta perspectiva nuestras aulas son poco saludables: no hay espacios para reordenar, sistematizar, procesar y fijar la gran cantidad de estímulos y aprendizajes a los que sometemos a los niños.
El descanso y el sueño son factores decisivos para la plasticidad del cerebro y el aprendizaje...Durante la fase REM del sueño, unas dos horas de las ocho que dormimos, fijamos la memoria. El sueño y los sueños desempeñarían una función de criba descartando las informaciones innecesarias o emocionalmente no deseadas".
 
Aprendemos cuando aquello que hacemos sirve para algo. Esta idea entronca con el concepto de motivación como efecto del descubrimiento de un valor y pone de manifiesto la estrecha relación entre valores, necesidades y emociones, pues al fin y al cabo valoramos como útil y/o deseable todo aquello que contribuye a satisfacer algún tipo de necesidad vital. La eficacia tiene que guiar nuestra tarea en el sentido de contribuir a formar cabezas más ordenadas, no más llenas. El trabajo inútil lleva a la depresión.
 
La sobrecarga de estímulos de todo tipo, sumada a la que generan los videojuegos, etc. produce en el cerebro una tensión que cuando llega a su límite se libera en forma de bloqueos, depresiones o descargas de tipo epiléptico...Desposeemos a la persona del mayor bien que tiene: su propio impulso vital...Sabemos que de esta manera es imposible que las personas crezcan sanas, pero continuamos.

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PP. 138-140