jueves, 15 de septiembre de 2016

El albañil

Un maestro albañil ya entrado en años estaba listo para retirarse. Por lo que se acercó a su jefe y le comentó sus planes de abandonar el negocio de la construcción a fin de descansar, llevar una vida más placentera y disfrutar de su familia. Él iba a extrañar su cheque mensual, pero necesitaba retirarse.

El jefe lamentaba que su buen empleado fuese a dejar la compañía y le pidió si podría construir una sola casa más, sólo una, como un favor personal. El maestro albañil accedió, aunque no del todo convencido, pues pensaba que esta construcción lo retrasaría en sus planes.

Así que, no de muy buena gana, inició la construcción de la casa que le estaba pidiendo su jefe. Se veía fácilmente que estaba molesto, que no estaba poniendo el corazón en su trabajo, como lo había hecho siempre. Utilizaba materiales de inferior calidad, y por la poca supervisión, el trabajo estaba resultando deficiente. Era una manera desafortunada de terminar su carrera.

Cuando el maestro albañil terminó su trabajo, su jefe fue a verificar la casa y recibir el trabajo; al verla terminada, volteó a donde estaba su empleado y mirándolo a los ojos, extendió su mano y le entregó las llaves de la puerta principal: “Ésta es tu casa”, le dijo, “es un regalo de la compañía para ti”.


¡Qué pena! ¡Qué tragedia! El maestro albañil no lo podía creer. Si tan sólo hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, la hubiera hecho de manera totalmente diferente.

martes, 13 de septiembre de 2016

Psicoinmunología

* La Psiconeuroinmunología es una disciplina relativamente reciente. En este sentido cabe señalar, por ejemplo, que en el diccionario Thesaurus de la base de datos del Psyclit aparece como término en el año 1992. Sin embargo, ya en la antigüedad se había sugerido una relación entre el estado mental y la susceptibilidad a enfermar, tal y como expresa la tipología humoral de Hipócrates y Galeno.
Hacia finales del siglo XVII, el médico Papai Pariz Ferenc comentaba: “cuando las partes del cuerpo y sus humores no están en armonía, entonces la mente está desequilibrada y aparece la melancolía pero, por otra parte, una mente tranquila y feliz hace que todo el cuerpo esté sano” (citado por Solomon, 1993). En el siglo XIX, el médico británico J.C. Williams afirmaba que un médico no debe concentrarse exclusivamente en lo mental o en lo orgánico, ya que ambos están siempre en acción y unidos inseparablemente (Solomon, 1993).
Ya en el siglo XX, Ishigami (1918) afirma que la excitación física en los pacientes tuberculosos inhibe la fagocitosis, proponiendo como mecanismo explicativo un dispositivo endocrino: la adrenalina. A principios de los años 60, ya había evidencia empírica de que el estrés afectaba a la susceptibilidad a padecer infecciones virales (Jensen y Rasmussen, 1963). Sin embargo, en opinión de Solomon (1993), la psiconeuroinmunología se inicia en 1926 cuando los investigadores Metal’nikov y Chorine, del instituto Pasteur, descubrieron que la intensidad de la inflamación podía modificarse por medio del condicionamiento pavloviano lo que llevó a considerar que la respuesta inmune como un reflejo defensivo. Estos investigadores asociaron un estímulo neutro (rascado o calentamiento de la piel del cobayo) con una inyección de una suspensión de bacilos. Al cabo de unos 15 días, la aplicación del estímulo neutro desencadenaba la misma inflamación que la inyección de bacterias, aunque de intensidad y duración menor. Sin embargo, pese a este descubrimiento, la psiconeuroinmunología aún era prácticamente desconocida. Lo que llamó la atención de los científicos sobre esta disciplina fueron los trabajos que Ader y Cohen llevaron a cabo en 1975 sobre la posibilidad de aplicar, precisamente, el condicionamiento pavloviano a la respuesta inmune. Estos investigadores estudiaban los efectos de la variación del volumen de ingesta de una solución edulcorada en la adquisición y extinción de una aversión gustatoria condicionada. Para ello, administraron inyecciones intraperitoneales de ciclofosfamida (fármaco que produce molestias gatrointestinales) minutos después de que los roedores ingieran 1, 5 o 10 ml. De solución de sacarina. Como era previsible, la magnitud de la respuesta condicionada y la resistencia a su extinción eran directamente proporcionales al volumen de solución consumida tras una única asociación “sacarina-ciclofosfamida”. Sin embargo, lo realmente interesante de este experimento fue la observación de que algunos de los animales condicionados murieron en el transcurso de las pruebas de extinción realizadas, en las cuales se administraba una solución edulcorada a los individuos sin inyectarles, en ningún momento, ciclofosfamida. Una vez concluido el experimento, los investigadores se percataron de la importancia de este hecho, y es que la ciclofosfamida además de sus cualidades aversivas también poseía propiedades inmunosupresoras, lo cual sugirió que durante las pruebas de extinción las ratas habían reaccionado con inmunosupresión condicionada al serles administrada la sacarina. En otra palabras, habían conferido a la sacarina propiedades inmunosupresoras, lo que provocó que los roedores su hubieran vuelto vulnerables a los numerosos microorganismos patógenos que se encuentran permanentemente presentes en los laboratorios y que, en circunstancias normales, son eliminados por el sistema inmunitario. Ader y Cohen diseñaron una serie de experimentos con los cuales confirmaron este hallazgo sugiriendo una relación íntima y virtualmente no explorada entre el sistema nervioso central y los procesos inmunológicos.
Paralelamente se iba acumulando evidencia a favor de una relación entre la mente y la inmunidad, pues empezaba a estudiarse el efecto que el estrés ejercía sobre los procesos inmunológicos, tanto en población animal como humana. En 1965 Solomon y Moos publicaron un trabajo en humanos sobre el papel de la personalidad como factor de predisposición a desarrollar la artritis reumatoide, una enfermedad autoinmune. En dicho trabajo tomaron medidas de personalidad y analizaron la presencia o ausencia en la sangre del factor reumatoide en las hermanas sanas de las pacientes artríticas. Los resultados pusieron de manifiesto que las hermanas sanas con factor reumatoide mostraban un perfil que sugería mejor funcionamiento psicológico, mientras que las hermanas sin factor reumatoide mostraban mayor descompensación emocional. Los autores concluyeron que el mejor ajuste emocional de los familiares con factor reumatoide les protege, de alguna manera, contra la enfermedad. Este trabajo resaltaba una vez más las posibles relaciones entre “lo psicológico” y “lo inmunológico”. Fue precisamente en esta época cuando Solomon y Moos (1964) acuñaron el término “Psicoinmunología”.
A partir de estos trabajos se inicia una nueva corriente de elevada productividad científica encaminada a explorar y analizar las relaciones entre aspectos psicológicos y el funcionamiento inmunológico; relaciones que deben seguir siendo exploradas.

http://institutosalamanca.com/psiconeuroinmunologia-evidencias/?inf_contact_key=d643ffdf60d4bd4c2f883dd6965de6adfe449eeda72e18cfa8be81dbd680d83a 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Minimalismo


El minimalismo como filosofía de vida defiende la reducción de tus pertenencias (y también tus tareas y obligaciones) a lo que realmente necesitas. La organización sirve para que puedas sacar el máximo provecho de estas pertenencias. Y ambas prácticas pueden ayudarte a aumentar tu felicidad liberando los recursos (dinero, tiempo, energía) que puedes invertir en lo que tú quieras.

Minimalismo: reducir lo superfluo
El reto de las 100 cosas, el proyecto 333, el mes de no comprar nada nuevo, la dieta del consumo, la lista de los 30 días, existen muchas estrategias para reducir el hiper-consumo a nivel personal y ser más consciente de los productos que utilizas a diario. El objetivo suele ser: o reducir el número de los objetos que te rodean y que ya no tienen utilidad para ti, o reducir el número de objetos nuevos que entran en tu vida. El raciocinio detrás de estas dos estrategias es muy simple: si te liberas de todas aquellas cosas físicas que no utilizas y dejas de comprar cosas innecesarias puedes utilizar el dinero y el espacio ahorrado para otras actividades.

Aunque la mayoría de la gente se inicia en el minimalismo a través del análisis de su relación con los objetos, el mismo principio se puede aplicar a la lista de tareas (concéntrate en las tareas principales), las relaciones sociales (concéntrate más en los amigos verdaderos y menos en el facebook) y los pasatiempos (dedícate a menos hobbies y con más intensidad). Quitar lo superfluo es el primer paso para encontrar lo que es importante para ti. Este es el primer paso hacia el aumento de tu felicidad.

Organización: optimizar lo necesario
Reducir lo que tienes no necesariamente aumenta el orden que te rodea. El principio “un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar” requiere un paso más: necesitas saber para qué y en qué situaciones utilizas cada objeto. Analizar tus propias rutinas te ayuda a definir lo que quieres hacer, lo que quieres mejorar y lo que quieres dejar de hacer para llevar una vida más tranquila, más activa, o más social. Nuevamente, el reto no es hacer lo que quieres, sino saber lo que quieres. Solo entonces podrás hacer del entorno tu aliado para realizar los cambios que quieres conseguir. ¿Quieres variar tu alimentación? Pon una lista de recetas fáciles en la nevera. ¿Quieres hacer más deporte? Combina el paseo con el perro con una corrida matutina. Con algo de organización, muchos obstáculos se pueden superar.

Felicidad: disfrutar de lo cotidiano
Los científicos prefieren hablar de “bienestar subjetivo” para evitar la palabra felicidad, cargada de historias y mitos. Por lo tanto tampoco hay una definición unánime para este concepto. Sabrás cuando eres feliz, aunque a lo mejor no puedas definir exactamente a qué se debe. La felicidad es el tercer paso después de minimizar las distracciones y organizar lo importante. Significa que saboreas el día a día. Que disfrutas lo que te rodeas. Que ves lo positivo de tu día a día. Ser feliz es sobre todo una decisión, una cuestión de actitud. No es algo que se pueda “encontrar” o “obtener”. La felicidad se vive en el día a día. El minimalismo y la organización te pueden ayudar a obtener espacio para que puedas vivir esta felicidad. La decisión final es tuya

http://sloyu.com/blog/2012/01/minimalismo-organizacion-felicidad/

lunes, 5 de septiembre de 2016

La proyección

Un tipo llama al médico de cabecera de la familia:
—Ricardo, soy yo: Julián.
—Ah, ¿qué dices, Julián?
—Mira, te llamo preocupado por María.
—Pero, ¿qué pasa?
—Se está quedando sorda.
—¿Cómo que se está quedando sorda?
—Y si, viejo, necesito que la vengas a ver.
—Bueno, la sordera en general no es una cosa repentina
ni aguda, así que el lunes tráemela al consultorio y la reviso.
—Pero, ¿te parece esperar hasta el lunes?
—¿Cómo te diste cuenta de que no oye?
—Y... porque la llamo y no contesta.
—Mira, puede ser una pavadita como un tapón en la
oreja. A ver, hagamos una cosa: vamos a detectar el nivel de la
sordera de María: ¿dónde estás tú?
—En el dormitorio.
—Y ella ¿dónde está?
—En la cocina.
—Bueno, llámala desde ahí.
—MARIAAA... No, no escucha.
—Bueno, acércate a la puerta del dormitorio y grítale por
el pasillo.
—MARIIIAAA... No, viejo, no hay caso.
—Espera, no te desesperes. Toma el teléfono inalámbrico
y acércate por el pasillo llamándola para ver cuándo te escucha.
—MARIAA, MARIIAAA, MARIIIAAAA... No hay caso, doc.
Estoy parado en la puerta de la cocina y la veo, está de espaldas
lavando los platos, pero no me escucha. MARIIIAAA... No hay
caso.
—Acércate más.
El tipo entra en la cocina, se acerca a María, le pone una
mano en el hombro y le grita en la oreja: ¡MARIIIAAAA!

La esposa furiosa se da vuelta y le dice:
—¿Qué quieres? ¡¿QUE QUIERES, QUE QUIEREEEES?!,
ya me llamaste como diez veces y diez veces te contesté ¿QUÉ
QUIERES?... Tú cada día estás más sordo, no sé por qué no
consultas al médico de una vez...

—Esto es la proyección, Demián, cada vez que veo algo que me
molesta en otra persona, sería bueno recordar que eso que veo,
por lo menos (¡por lo menos!) también es mío.
Bueno, sigamos con lo tuyo... ¿qué me decías de los caprichos
de Gabriela?...

Recuentos para Demián
pp. 90-92 

sábado, 3 de septiembre de 2016

Ser persona (Axiomas)


- Ser persona es poder no ser.
Soy consciente que hay algo de frágil, precario y contingente en la constitución de mi propia existencia.
A la realidad de "poder no hacer" se suma la tragedia de "poder no ser".
Paradójicamente, la precariedad de la existencia constituye una condición de la vida apasionada.
Sin la amenaza de la muerte nuestra vida estaría condenada a la insipidez o al absurdo.
- Ser persona es serse.
Como las esculturas de Miguel Ángel "los esclavos", el ser del hombre es de inacabado, de proceso.
Nos fue dado el ser como potencia y como vocación de desarrollarlo. Somos obras inconclusas y también los escultores de nosotros mismos.
La vocación de cada persona es la de "llegar a ser lo que puede ser".
- Ser persona es saberlo, al menos sospecharlo.
La conciencia humana tiene la peculiaridad de volverse sobre sí misma. Es conciencia refleja.
A mayor nivel de conciencia, mayor intensidad y humanización de la vida.
- Ser persona es ser con otros.
El carácter, la emotividad, el amor y el lenguaje son aspectos para ser con otros.
La sociedad posmoderna vive el mito del hombre individualista.
- Ser persona es ser para los demás.
La persona es un fin en sí misma.
La vida humana tiene una dimensión vocacional hacia el encuentro que nos invita a trascendernos como individuos.
Se distingen dos tipos de humanismo, el que se centra en la autorrealización-desarrollo de virtudes y el que pone el acento en el sentido de proyecto-autotrascendencia-que incluye al otro.
La expresión de ser persona se gana a condición de perder.
- Ser persona es más que ser persona.
La sospecha de lo trascendente, de infinito, de lo eterno, son una constante en la historia de la humanidad.
Nuestra lucidez nos hace conscientes de lo que somos capaces y también de lo que nos rebasa.
El "más allá" en realidad es el "más acá", la espiritualidad no es una lujosa veleta sino el cimiento del edificio del desarrollo humano; lo infinito puede transformarse en íntimo, lo sublime en cotidiano; la eternidad se parece más al instante -presencia y presente absolutos- que a una sucesión infinita de tiempo; el cielo y el infierno pueden degustarse ahora. Lo trascendente es una parte radical de nuestro ser persona.
- Ser persona es ser único y al tiempo, universal
Nuestro ser individual nos confiere una dignidad inimaginable: cada persona constituye una expresión única del ser.
En los límites de nuestra singularidad, en aquello que hay de más íntimo en nosotros, podemos reconocer también los rasgos que nos hermanan con los demás.
En la filosofía del hombre se pueden distinguir visiones que ponen el acento en aquello que hay de común y universal entre los sers humanos, así como otras que acentúan las diferencias existentes entre las personas. Los seres humanos somos a un tiempo absolutamente universales y plenamente individuales.
- Ser persona es fronterizo y paradójico.
La persona asume contradicciones, concilia opuestos y sintetiza juicios lógicamente irreconciliables (trascendente-inmanente, material-espiritual, universal-individual, soledad y comunicación, frágil ontológicamente-eterno).
- Ser persona es ser digno.
La dignidad trae consigo responsabilidades.
Nuestra dignidad supone un principio ético profundo y sólido: considerar a cada ser humano como un fin en sí mismo, nunca como medio o instrumento.


El reto de humanizar
pp. 29-38 

domingo, 28 de agosto de 2016

Sopa de pato

Cierto día, un campesino fue a visitar a Nasrudin, atraído por la gran fama de éste y deseoso de ver de cerca al hombre mas ilustre del país. Le llevó como regalo un magnífico pato. El Mula, muy honrado, invitó al hombre a cenar y pernoctar en su casa. Comieron una exquisita sopa preparada con el pato.

A la mañana siguiente, el campesino regresó a su campiña, feliz de haber pasado algunas horas con un personaje tan importante. Algunos días más tarde, los hijos de este campesino fueron a la ciudad y a su regreso pasaron por la casa de Nasrudin.
- Somos los hijos del hombre que le regaló un pato – se presentaron.
Fueron recibidos y agasajados con sopa de pato.

Una semana después, dos jóvenes llamaron a la puerta del Mula.
- ¿Quiénes son ustedes?
- Somos los vecinos del hombre que le regaló un pato. El Mula empezó a lamentar haber aceptado aquel pato. Sin embargo, puso al mal tiempo buena cara e invitó a sus huéspedes a comer.

A los ocho días, una familia completa pidió hospitalidad al Mula.
- Y ustedes ¿quiénes son?
- Somos los vecinos de los vecinos del hombre que le regaló un pato.

Entonces el Mula hizo como si se alegrara y los invito al comedor. Al cabo de un rato, apareció con una enorme sopera llena de agua caliente y llenó cuidadosamente los tazones de sus invitados. Luego de probar el líquido, uno de ellos exclamó:
- Pero… ¿qué es esto, noble señor? ¡Por Alá que nunca habíamos visto una sopa tan desabrida!

Mula Nasrudin se limito a responder:
- Esta es la sopa de la sopa de la sopa de pato que con gusto les ofrezco a ustedes, los vecinos de los vecinos de los vecinos del hombre que me regaló el pato.

Maestro: recibimos muchas veces la versión de la versión de la verdad; poco queda de su esencia original.

Fuente: tradicional sufi
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http://contarcuentos.com/2010/02/sopa-de-pato/

sábado, 27 de agosto de 2016

No te detengas

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es, casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.


Walt Whitman

martes, 16 de agosto de 2016

Ser terapeuta


Siento que ser terapeuta es una bendición. Ver cómo los otros se abren a la vida es extraordinariamente satisfactorio. La terapia es la forma más evidente de observar la propagación por ondas concéntricas. En cada una de mis horas de trabajo tengo ocasión de transmitir partes de mí, de lo que aprendí de la vida.
La idea de brindar ayuda a los demás mediante una terapia intensiva que se enfoque en temas interpersonales y existenciales y dé por sentada la existencia del inconsciente es muy valiosa para mí. Mi deseo de mantenerla viva y transmitírsela a otros le da sentido a mi existencia y me insta a seguir trabajando y escribiendo. Lo único que me importa es el mundo humano, el mundo de las relaciones humanas.
El trabajo es tan satisfactorio que lo haría gratis. Es un privilegio (153)
La riqueza de los vínculos atempera el dolor de la transitoriedad.
Mi escala de valores está encabezada por el cuidado de mi paciente. No permito que nada interfiera con ello. No puedo imaginarme socavando un sistema de creencias que haga que una persona se sienta mejor, por más que tal sistema no tenga sentido para mí.(161-162)
Tampoco creo que se deba dar soluciones; más bien, encontrar la manera de que el otro encuentre sus respuestas, al estilo de Sócrates. (121-122)


Mirar al sol
pp. 140-141