lunes, 29 de septiembre de 2014

Concentración

Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dió al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro. "Ahí está", le dijo el viejo, "¡a ver si puedes igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundó su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro”.


Modelo de los cuadrantes de Ken Wilber

dentro fuera
yo dominio y control de su propio interior las habilidades profesionales tienen escaso valor si no van acompañadas de una sabia aplicación.
los demás Valores culturales: modestia y moderación El líder eficaz actúa sobre todos los elementos de la infraestructura.
La montaña, el abismo, el puente inestable y el abismo simbolizan el estrés, la crisis y el peligro.

Los líderes que demuestran tener una competencia exclusivamente técnica, jamás dejarán de ser unos meros técnicos.

Nick Owen
Más magia de la metáfora

pp. 101-103 

jueves, 25 de septiembre de 2014

La eternidad en el presente

- Los sabios iluminados de todos los tiempos y de todas las latitudes coinciden en que la conciencia de unidad no es temporal, no se da en el tiempo, sino que es intemporal y eterna. No sabe de nacimiento y comienzo, ni de acabamiento y muerte.
San Agustín comenta: “El hombre moderno parece tan desposeído de la más leve intuición mística que, entender lo que es eterno le parece un empeño imposible y retrocede ante él, o se desentiende con un encogimiento de hombros, o lo explica con vehemencia positiva, o pregunta qué tiene eso que ver con la “realidad práctica”.
Y sin embargo, afirma el místico, la eternidad no es una opinión filosófica, ni un dogma religioso, ni un ideal inalcanzable. Es más bien algo tan simple, tan obvio, tan presente y tan directo que no tenemos más que abrir los ojos de una manera radicalmente empírica y mirar, pues “está ahí, frente a ti”.
- Generalmente entendemos mal la eternidad. Imaginamos un tiempo muy largo, una sucesión interminable de años, cuya cifra se extiende hasta el infinito. Pero la eternidad no es la conciencia de un tiempo perpetuo, sino una conciencia que se da por entero sin tiempo.
El momento eterno es un momento intemporal, que no sabe de pasado ni de futuro, desconoce el antes y el después, el ayer y el mañana, el nacimiento y la muerte. Vivir con la conciencia de unidad es vivir en el momento intemporal pues nada oscurece tanto a la luz divina como la corrupción del tiempo.
¿Qué es un momento intemporal? ¿Qué instante es ajeno a una fecha o duración determinada? ¿Qué momento es fugaz e independiente del tiempo?. La mayoría de nosotros sabe de los momentos cumbre que nos arrebatan, sobrecogen, hechizan y embriagan. Por ejemplo: una puesta de sol, un rayo de luna sobre el estanque sin fondo, en abrazo del ser amado, los ecos del trueno entre la lluvia, la obra de arte, etc. Todas ellas tienen en común como si el tiempo estuviera en suspenso porque nos mantenemos absortos en el momento presente; es un momento de intemporalidad, de eternidad.
La noción de “tiempo perpetuo” es una monstruosidad, algo imposible de concebir, captar o experimentar realmente. Pero el “eterno ahora”, este momento intemporal, es tan simple y tan accesible como tu propia experiencia presente…porque los dos son una y la misma cosa. Por eso, como dijo Wittgenstein, “la vida eterna pertenece a aquéllos que viven en el presente”. El Reino de los Cielos no existe en parte alguna y en ningún momento más que en el ahora. Dice el místico musulmán Rumi, “el sufí es un hijo del Momento”. Podríamos multiplicar indefinidamente estas citas, tomadas de los grandes sabios de todas las tendencias filosóficas y religiosas importantes, pero todas nos dirían la misma cosa. La eternidad no se encuentra, ni se puede encontrar mañana, ni en cinco minutos, ni en dos segundos. Es siempre ya. Ahora. El presente es la única realidad. No hay otra.
- En el estricto presente no hay problemas fundamentales, porque no hay tiempo.
Si hubiera algún problema, y lo examináramos atentamente, veríamos que se referiría al pasado -alguna culpa, que conlleva la depresión, amargura y arrepentimiento- o al futuro -una angustia, que trae consigo el terror y expectativas catastróficas-. Por eso, dice el místico, que todos nuestros problemas se generan por obra de nuestra vívida sensación de estar esclavizados por el tiempo. Se lamentaba Stephen en el Ulises: “La historia es una pesadilla de la cual estoy tratando de despertar”. Este despertar al presente lo señaló bellamente Emerson:
Esas rosas que hay bajo mi ventana no hacen referencia alguna a rosas anteriores ni más bellas; son lo que son; existen hoy con Dios. Para ellas no hay tiempo. No hay más que la rosa, perfecta en cada momento de su existencia (…). Pero el hombre pospone o recuerda; no vive en el presente, sino que, vuelta atrás la mirada, lamenta lo pasado o, sin prestar atención a las riquezas que le rodean, se pone de puntillas para atisbar el futuro. No puede ser feliz ni fuerte mientras no viva él también con la naturaleza en el presente, por encima del tiempo.
- Este vivir intemporal, esta desnuda atención al momento presente, no tiene nada que ver con la treta psicológica de “olvidarse” lisa y llanamente del ayer o del mañana. Lo que dice el místico es que no hay pasado ni futuro, pues son productos ilusorios de una demarcación simbólica que parece escindir la eternidad en ayer y mañana, en antes y después, en pasado y porvenir. Así, el tiempo -como demarcación impuesta a la eternidad- no es un problema para resolver, sino una ilusión que ni siquiera existe.
La percepción de lo eterno tampoco tiene que ver con la práctica de la “mera atención al presente inmediato”, porque el “intento” requiere de otro “ahora”para producir el contacto. Dicho de otra manera:  el intento de vivir en el presente intemporal exige un futuro para prestar atención. No puedes valerte del tiempo para salir del tiempo, porque reforzarás lo que quieres eliminar.
Esto puede resultar exasperante porque estamos en la suposición de que el tiempo es real y buscamos destruirlo, como un paso para llegar a vivir en el eterno ahora. Peor aún, queremos destruir el tiempo con tiempo. Olvidamos que el tiempo carece de existencia real es sólo es una ilusión, como los molinos de viento del Quijote.
- ¿Es posible tener la sensación directa de un pasado o un futuro? Todo lo que nos llega por los sentidos es presente. En nuestra percepción inmediata no hay pasado ni futuro, sino sólo presente que cambia interminablemente. Toda percepción directa es percepción de lo intemporal.
¿A qué se debe mi impresión de que puedo percibir el tiempo, especialmente el pasado, toda mi historia personal, todas las cosas que fueron? La memoria me asegura que hubo un pasado que puedo recordar, aunque no lo pueda tocar. Observo que otras personas tienen memoria, y todas hablan básicamente del mismo tipo de pasado que yo recuerdo. Supongo entonces que la memoria proporciona un conocimiento del verdadero pasado, aunque nadie pueda experimentarlo realmente. El místico concuerda en que, cuando pienso en el pasado, lo único que realmente conozco es cierto recuerdo, una experiencia presente del suceso pasado, pero no puedes percibir ningún suceso.
Entonces, jamás puedo conocer el verdadero pasado, y sólo conozco recuerdos de él, recuerdos que existen  sólo como experiencia presente. Por otro lado, cuando lo que llamamos “pasado” sucedió realmente, era un suceso presente. Por consiguiente, en ningún momento llego a percibir directamente un verdadero pasado. De la misma manera, jamás conozco el futuro. No conozco más que anticipaciones o expectativas que, sin embargo, forman parte a su vez de la experiencia presente. La anticipación, como la memoria, es un hecho presente.
- Así pues, estamos sometidos a la ilusión del tiempo y sus problemas. La mayoría no percibimos que el momento presente tenga algo de eterno. Más bien vivimos el presente como magro, fugitivo, que apenas dura uno o dos segundos. Es lo que los místicos cristianos llaman el “nunc fluens”, el presente pasajero, que está limitado y circunscrito, entre el pasado -atrás o a la izquierda- y el futuro -delante o a la derecha-. Pero cuando se ve que el pasado, en cuanto recuerdo, y el futuro, como expectativa, es siempre una experiencia presente, la limitación se desmorona; resulta obvio que no hubo nada antes de este presente. El presente ya no está cercado, sino que se expande hasta llenar todo el tiempo, y así el presente pasajero (nunc fluens) se convierte en presente eterno, lo que los místicos cristianos llaman el “nunc stans”, donde reside el cosmos, con todo el tiempo y el espacio del mundo.
- Entonces, no es verdad que el místico huya del tiempo manteniendo las narices pegadas al presente inmediato y eludiendo sus responsabilidades en la historia. Si esta acusación fuera verdadera, al místico le interesaría sólo el presente fugitivo, el "nunc fluens”. Pero no es así. Su conciencia flota en el eterno presente, en el "nunc stans”. Lo que hace no es huir del tiempo sino abrazar el tiempo en su totalidad. El pasado en cuanto recuerdo no lo empuja, y el futuro en cuanto expectativa no tira de él, pues su presente incluye pasado y futuro, y por eso no deja nada fuera de sí que pueda empujar ni tirar. Su conciencia es conciencia de eterno, una conciencia de unidad.
La conciencia de unidad es experiencia de la verdad de que el propio ser, lo que es uno, no tiene límites, abarca el cosmos como un espejo los objetos que refleja. El principal obstáculo a la conciencia de unidad es la identificación con el “pequeño yo”, el observador interno compuesto de recuerdos. Dice Krishnamurti, no tiene nada de malo recordar el pasado, lo cual es esencial en el mundo. Sin embargo, resulta problemático el hecho de que nos identifiquemos con estos recuerdos como si existieran fuera, o aparte, del ahora, es decir, como si incluyeran el conocimiento de un verdadero pasado exterior. Igualmente, creemos que el “nosotros” que recordamos está fuera de la experiencia presente. Parece entonces como si uno tuviera experiencias presentes, en vez de ser sus experiencias presentes.
Sin embargo, cuando todo recuerdo se entiende y se ve como una experiencia presente, la base de un “yo” que está fuera del presente se desploma por completo. Ese “tú” memoria-recuerdo, se convierte en otra experiencia presente y no es algo que tenga una experiencia presente. Cuando el pasado se funde con el presente, también uno, en cuanto observador, se funde con el presente.

La conciencia sin fronteras
pp. 87-100
Ken Wilber

martes, 23 de septiembre de 2014

La unidad de los opuestos

“La naturaleza, al perecer, no sabe nada de ese mundo de opuestos (bien.mal, vida y muerte, verdades-falso, placer-dolor, Dios-Satán)”. “Estamos empezando a darnos cuenta de que la naturaleza es más lista de lo que nos gusta creer”. Después de todo la naturaleza produjo el cerebro humano.
La narración del Génesis nos presenta a Adán clasificando y nombrando a las demás especies. Fue el primer cartógrafo: dibujando límites y fronteras. Al parecer esta labor fue exitosa, tanto que aún hoy pasamos gran parte de nuestra vida dibujando fronteras: cada decisión, cada acción y palabra, se basa en la construcción consciente o inconsciente, de límites y fronteras.
Lo que caracteriza a una demarcación es que forma un dentro y un fuera. Los opuestos aparecen con el establecimiento de la demarcación. Y el mundo de los opuestos es un mundo de conflictos. El relato bíblico presenta la figura del árbol de la ciencia -de los opuestos- del bien y del mal, como la imagen del mal que él mismo ayudó a crear y ahora se vuelve contra él para acosarlo.
De ordinario intentamos resolver los problemas tratando de extirpar uno de los opuestos, o al menos, reducirlo al otro. Entonces suponemos que la vida sería perfecta si anuláramos los polos negativos: el dolor, la muerte, el sufrimiento, la enfermedad; y que el cielo es el lugar donde se acumulan las mitades positivas de las parejas de opuestos.
La unidad interna de los opuestos está lejos de ser una idea exclusiva de los místicos, orientales u occidentales. En la física actual, la teoría de la relatividad no distingue entre reposo y movimiento; entre ondas y partículas; estructura y función; masa y energía. De la misma manera las oposiciones sujeto y objeto, tiempo y espacio, se revelan ahora en recíproca interdependencia, al punto de formar un entretejido.
Nicolás de Cusa hablaba de “coincidentia oppositorum” -la coincidencia de los opuestos-. Los que considerábamos opuestos totalmente separados e irreconciliables resultan ser, según Von Bertalanffy, “aspectos complementarios de una y la misma realidad”. A esto se debe que Alfred North Whitehead haya elaborado su filosofía del “organismo” y de la existencia vibratoria”, en virtud de la cual podemos pensar que todos los “elementos fundamentales son, en esencia, vibratorios”. Es decir, que todas las cosas y sucesos que habitualmente consideramos irreconciliables, como la causa y el efecto, el pasado y el futuro, el sujeto y el objeto, en realidad son exactamente como la cresta y el seno de una única vibración.
En ninguna parte se ve esta unidad interior de los opuestos con mayor claridad que en la teoría guestáltica de la percepción, con la figura y el fondo.
Que todos los opuestos -por ejemplo, masa y energía, sujeto y objeto, vida y muerte- sean cada uno el otro en una medida tal que son perfectamente inseparables, es cosa que a la mayoría de nosotros sigue pareciéndonos difícil de creer. Pero esto se debe a que aceptamos como real la demarcación entre los opuestos, cuando en las doctrinas orientales es una enseñanza milenaria. “La realidad fundamental es una unidad de opuestos, no hay fronteras en ninguna parte”.
Cierto que hay muchas clases de líneas y superficies en la naturaleza pero no representan una separación o frontera. Alan Watts dice que las “líneas divisorias” también representan los lugares donde la tierra y el agua se tocan. Es decir, las líneas unen y aproximan, tanto como dividen y distinguen.
Según parece, nuestro problema es que trazamos un mapa convencional, completo y con fronteras, del territorio real de la naturaleza, que no tiene fronteras, y después confundimos totalmente ambas cosas. Como han señalado Korzybski y los semánticos, nuestras palabras, símbolos y signos, pensamientos e ideas son meros mapas de la realidad, no la realidad misma, porque “el mapa no es el territorio”.
La mayor parte de nuestros “problemas vitales” se basan, pues, en la ilusión de que es posible separar y aislar entre sí los opuestos, y en la creencia de que así debe hacerse. Así podemos comprender que en las tradiciones místicas se les llame “liberados” a aquellos que pueden ver la ilusión de los opuestos, que dejan de hacer la guerra y los trascienden.
La cuestión no es separar los opuestos para lograr un “progreso hacia lo positivo” sino más bien unificarlos y armonizarlos descubriendo un fundamento que trascienda y abarque a ambos, es la conciencia de unidad.
Este “liberarse de los pares” es, en términos occidentales, el descubrimiento del Reino de los Cielos. Es la esencia del hinduismo advaita (“no dual”, “no dos”) y del budismo mahayana.
Cuando veamos a través de las ilusiones de nuestras fronteras, veremos -aquí y ahora- el universo tal como Adán lo vio antes de la caída: como una unidad orgánica, una armonía de opuestos, una melodía de lo positivo y lo negativo, un deleitarse con el juego de nuestra existencia vibratoria.

Ken Wilber
La conciencia sin fronteras
pp. 32-50 

viernes, 19 de septiembre de 2014

Conciencia sin fronteras, Ken Wilber

Son muchas las personas que esperan que la Psicología les proporcione prescripciones para “obtener la felicidad”.
Pero el individuo sinceramente interesado en hallar y enriquecer su terapia anímica, suele, por lo común, encontrarse con una dispersión tan asombrosa de escuelas psicológi- cas, que apenas si sabe por dónde iniciarse o a quién creer. De ahí que lo frecuente sea que fi- nalice sus estudios tan confuso o más que cuando los comenzó, ya que esas diversas escue- las, por lo general, suelen presentar tal diferencia en sus enfoques que les lleva a contrade- cirse entre sí. Por ejemplo, mientras que las psicologías orientales le dicen a uno que se olvide de su yo, que lo trascienda haciendo de él un vacío, el Psicoanalista persigue el fortaleci- miento, enriquecimiento y consolidación del yo; y mientras que estas versiones, aunque a di- ferentes niveles, se apoyan en el interior nuclear del individuo, el Conductismo, por su parte, hace tabla rasa de todo aquello que no sea observable, con lo que desaparece el fundamento espiritual “psijé”, de la raíz del propio concepto de psico-logía: “psijo-logía” o ciencia del alma. ¿Quién tiene razón? ¿Quién tiene la verdad? No cabe duda de que el problema no sólo tiene importancia para el terapeuta profesional, sino también para el profano que desea cono- cerse, buscar sentido a su vida, ser feliz. Tal cantidad de enfoques diferentes, y todos en con- flicto, intentando, a su vez, explicar y comprender a un mismo individuo, no deja de ser des- olador.
Ante ese panorama, una de las actuales autoridades en el estudio de la conciencia, Ken Wilber, se pregunta: “¿No podría ser que estos enfoques tan diferentes, lejos de estar en conflicto o ser contradictorios, reflejen realmente diferencias muy concretas en los diversos nive- les del espectro de la conciencia? ¿Y no sería posible que estos diferentes enfoques sean, to- dos ellos, más o menos correctos cuando se emplean en su propio nivel principal?“.
Si así fuera —añade Wilber— estaríamos en condiciones de “introducir considerable or- den y coherencia en un campo que, de otra manera, es de una complejidad enloquecedora”.
Ken Wilber, comparando las filosofías y psicologías occidentales con las orientales, llega a la tesis de que todas las escuelas psicológicas no representan tantos enfoques contradicto- rios del individuo sino maneras de entender complementariamente a los diferentes NIVELES DE CONCIENCIA del individuo.
A modo de ejemplo, el objetivo del Psicoanálisis vendría a remediar la escisión entre los aspectos conscientes e inconscientes de la psiqué, reunificando la “persona” o MASCARA tras la que se ocultan los aspectos inaceptables de su yo, y la “SOMBRA”, o parte oscura del inconsciente reprimido. Tanto el Psicoanálisis, como otrasformas de terapia convencional, in- tentan ayudar al individuo escindido, para que vuelva a cartografiar su alma como “yo”, libre de demarcaciones interiores, libre de fronteras maniqueas.
La Psicología Humanista, llamada la “tercera fuerza”, detrás del Psicoanálisis y el Con- ductismo, extendería la identidad de la persona desde el “yo” hacia la totalidad del orga- nismo, interviniendo en OTRO NIVEL DE CONCIENCIA que ya incluye al soma, al cuerpo, libe- rándose así vastos potenciales energéticos, poniéndolos a disposición del individuo.
Profundizando aún más, encontraremos que la meta de disciplinas orientales, como el yoga o el zen, persigue curar la escisión entre el organismo total y el medio, para, de ese modo, revelar una identidad —suprema identidad— con el universo entero. En otras palabras: apuntan a un nivel de CONCIENCIA DE UNIDAD, refiriéndose a un YO TRANSPERSONAL.
En la obra que nos ocupa, el autor, luciendo un excelente dominio de las actuales co- rrientes del pensamiento psicológico, así como de los campos de la Física y de la Filosofía, llega a demostrar cómo cada frontera que establecemos en nuestra experiencia, tiene como resultado una limitación de nuestra conciencia; una limitación, que viene a ser una fragmen- tación, un conflicto, una batalla. Según él, nuestra experiencia contiene muchas de estas limi- taciones y demarcaciones, que, en conjunto, crean un espectro de la conciencia. Lo impor- tante es comprender de qué manera pueden incidir las diversas concepciones terapéuticas en los diferentes niveles del espectro. Cada tipo de terapia intenta resolver un determinado conflicto o límite suscitado en la conciencia. Y será la comparación de las distintas terapias entre sí la que nos revele los distintos tipos de fronteras que se originan en la conciencia per- ceptora; siendo, a su vez, el modo de comenzara plantearse la disolución de semejantes blo- queos, con la finalidad de que, ya libre de ellos, la persona continúe libre de trabas el proceso libre de su desarrollo personal.
Este trabajo muestra al lector una iniciación global a los principales sistemas de creci- miento y transformación, manifestando, asimismo, sus propias y específicas interrelaciones, al tiempo que ofrece modos de ejercicios adecuados que le permiten obtener una experien- cia personal de los diversos enfoques.
Todo esto, como es obvio, no deja de ser una versión muy simplificada de la importante aportación de este interesante investigador, del que puede destacarse la gran atención que dedica a la Psicología Transpersonal, gran legado de Carlos Gustavo Jung y torpemente olvi- dada en nuestras cátedras.
Con la aportación, renovada y sistematizada de Ken Wilber, se consolida una versión de la Psicología, cuya profundidad supera incluso las fronteras psicoanalíticas, y que se instala dentro de la necesidad existencial de una amplificación trascendental de la conciencia hu- mana, tan radicalmente ignorada por Freud, pero ya desde milenios cultivada y enriquecida por la, para nosotros, aún inédita, psicología oriental. Necesitábamos oxígeno, aire fresco, nuevas fronteras; o mejor aún, la posibilidad de contemplar algo que ya en occidente había intuido Jung: una conciencia sin fronteras. Pero, a su vez, respaldadas con el rigor y la objetivi- dad de los hechos y de las experiencias.
El hombre occidental reprime no solamente los impulsos primarios, entendidos en el sentido freudiano: sexualidad y agresividad, formando de ese modo el inconsciente que Wilber designa “sumergido”. Denuncia, además, la represión del “inconsciente emergente”, o área transpersonal que puede llegar a incluir el sentido de lo numinoso, tal y como desde hace milenios lo entienden las psicologías orientales.
“Es la parte de lo inconsciente fundamental que, excluidas las detenciones evolutivas, si- gue siendo inconsciente pasado el momento en que habría podido aparecer en la conciencia. Entonces se justifica que busquemos razones para esta falta de emergencia, y las encon- tramos en toda una serie de mecanismos de defensa contra la Deidad, la transcendencia y la bienaventuranza. Entre ellas se cuenta la RACIONALIZACION (‘La transcendencia es impo- sible o patológica’); el AISLAMIENTO o la EVITACION de relaciones (‘Mi conciencia llega hasta donde llega mi piel’); el TERROR DE LA MUERTE (‘Temo morir para mi ego; ¿qué que- daría de mí?‘): la desacralización (el término que utiliza Maslow para la negativa a ver en parte algunos valores transcendentales); la SUSTITUCION (‘se sustituye la estructura superior pre- sentida por una inferior, fingiendo que la inferior es la superior’)...“.

Ante las experiencias transcendentales o, como señalaría Maslow, las experiencias cumbres, tanto la psicología como el psicoanálisis ortodoxos, jamás han entendido las for- mas superiores del inconsciente emergente. La presencia de éstas se traduce como la irrup- ción de algún material arcaico o de impulsos pasados reprimidos. “Cuando no se reconoce —señala el autor—, se intenta explicar lo inconsciente emergente en función de lo inconsciente sumergido, considerándolo no como una estructura superior que emerge, sino como una inferior que vuelve a emerger...“.
Alan Wats, Karl Dürckheim y, ahora K. Wilber, han iniciado la salida de un soporífero le- targo en los estudios de Psicología. Con un poco de suerte, dentro de veinte años, su valiosa aportación habrá llegado a nuestras facultades.

Rafael Redondo Barba

Wilber, K. Conciencia sin fronteras
Editorial Kairos. Barcelona, 1987 (segunda ed.), ISBN: 84-7245 146-1

RIEV. Revista Internacional de los Estudios Vascos. Año 39. Tomo XXXVI. N.o 1 (1991), p. 179-183 ISSN 0212-7016
San Sebastián: Eusko Ikaskuntza.

martes, 16 de septiembre de 2014

Si...


Si para recobrar lo recobrado
tuve que haber perdido lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.
Si para estar ahora enamorada
fue menester haber estado herida
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprendido
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprobado
que lo que tiene el árbol de florido
vive de lo que tiene sepultado. 

Francisco Luis Bernárdez

lunes, 15 de septiembre de 2014

El pescador satisfecho


El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.

“¿Por qué no has salido a pescar?”, le preguntó el industrial.
“Porque ya he pescado bastante por hoy”, respondió el pescador.
“¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?”, insistió el industrial.
“¿Y qué iba a hacer con ello?”,  preguntó a su vez el pescador.

“Ganarías más dinero”, fue la respuesta.  “De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico como yo”.
“¿Y qué haría entonces?”, preguntó de nuevo el pescador.
“Podrías sentarte y disfrutar de la vida”, respondió el industrial.

“¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?”, respondió el satisfecho pescador.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Naturaleza Humana


En un lugar del trópico, un misionero decidió impresionar a sus feligreses nativos llevando consigo a algunos de ellos a dar una vuelta en un avión. El aparato voló por encima de las aldeas, las colinas, los bosques y los ríos de la región. De vez en cuando, los pasajeros miraban por la ventanilla, pero en general, no parecían estar demasiado impresionados.

De regreso a tierra, descendieron todos del avión sin hacer el más mínimo comentario. El misionero, ansioso de obtener alguna reacción, exclamó: “¿No ha sido maravilloso? ¡Es fantástico lo que los seres humanos pueden conseguir! ¡Hemos estado allá arriba, en el cielo, por encima de las casas, de los árboles y las montañas, contemplando la tierra!”

El grupo de nativos escuchaba impasible. Al fin, el cabecilla del mismo, dijo: “También los insectos lo hacen…”

…”Y, lo que es aún más,  ¡son felices!

martes, 9 de septiembre de 2014

Polaridades

“Yo solo puedo decir, aunque parezca muy contradictorio: 
Sé pacientemente impaciente o impacientemente paciente, 
pero sé ambas cosas”. Osho

- El origen de la polarización está en la mente. Ella no puede percibir la realidad en toda su completud y sólo percibe una parte -figura-, en contraste con un fondo -no percibido-.
- Cuando establecemos el límite entre un ser y el resto del mundo aparecen los contrarios: lo que es parte de la forma discriminada y lo que no es parte de esa forma. Al decir Yo, nos apartamos de todo lo ajeno, es decir, el No Yo; y desde ese momento quedamos atrapados en la polaridad.
En el estado ordinario de conciencia no podemos percibir la unidad.
- Los dos polos se complementan y se necesitan para existir. Si no existiera la oscuridad, no podríamos ver la luz. Sin el frío, no captaríamos la presencia del calor, sin el hambre no registraríamos la saciedad.
- Según Dahlke y Dethlefsen podemos subsanar el déficit de la conciencia en la alternancia de los polos. Si no puedo captar la unidad día-noche, al menos puedo captar que uno sucede al otro. Esta alternancia circular da origen a una captación del ritmo, el tiempo y el espacio.
- El mundo de contradicciones nos obliga a ir y venir. No queda más remedio. No podemos captar la totalidad -no en el estado habitual de conciencia-.
Lo que sí podemos es tener conciencia del estado en que estamos, que existe el otro y que nuestra permanencia en él es transitoria.
- Una de las polaridades más importantes que transitamos es la de cuerpo-mente. Se nos presenta como sentimiento-pensamiento, o como necesidades-“deberías”.
Fritz Perls, en su libro Terapia Gestalt, describe también otras polaridades que necesitamos integrar:
     * Self-mundo exterior
     * Emocional (subjetivo)-Real (objetivo)
     * Infantil-maduro
     * Biológico-Cultural
     * Poesía-Prosa
     * Espontáneo-Deliberado
     * Personal-Social
     * Amor-Agresión
     * Inconsciente-Consciente
- Nuestra salud está relacionada con la integración de los opuestos, con la ampliación de la mirada y el darnos cuenta de que siempre estuvieron unidos y completos.
La relación de los opuestos puede tener distintos grados de integración en nuestra mente.
     + Como opuestos antagónicos.- Nos identificamos con uno y proyectamos el otro. Es el maniqueísmo.
     + Como opuestos proporcionados.- Reconocemos que en cada polo existe algo del opuesto. El hombre descubre su parte femenina y la mujer su parte masculina. Tenemos algo en común y a partir de eso nos relacionamos mejor.
     + Como opuestos complementarios.- Descubrimos que somos dos partes de un mismo sistema: hombre-mujer del sistema pareja, pareja-hijos del sistema familia, mente-sentimientos del sistema persona, etc. Desde el sistema observamos las partes en conflicto o integradas. La resolución de conflictos se da en este nivel, cuando las partes pueden negociar o acordar un funcionamiento equilibrado que beneficie al sistema. 
     + En integración.- Las partes se descubren como momentos de un proceso dinámico que no se detiene en ningún punto. Se descubre la transitoriedad y se dejan de lado las identificaciones rígidas: No soy enojado, sino que estar enojado es un momento en el recorrido de mis estados de ánimo.

Entrenamiento en Gestalt
pp. 96-102