lunes, 5 de diciembre de 2016

7 hábitos de los padres brillantes

Los siete hábitos de los padres brillantes pueden cambiar para siempre la educación. Pueden revolucionar la relación entre padres e hijos y transformar la familia en un jardín de sueños.

1er HÁBITO: BUENOS PADRES DAN BUENOS OBSEQUIOS, PADRES BRILLANTES DAN SU PROPIO SER.

Este hábito de los padres brillantes contribuye a desarrollar en sus hijos la autoestima, protección de emoción, capacidad para manejar pérdidas y frustraciones, filtrar estímulos estresantes, dialogar, escuchar. Los padres buenos atienden, dentro de sus condiciones, los deseos de sus hijos. Los padres brillantes dan algo incomparablemente más valioso a sus hijos, algo que todo el dinero del mundo no puede comprar: su propio ser, su vida, sus experiencias, sus lágrimas, su tiempo.

Los padres que viven en función de dar presentes a sus hijos, son evocados por ratos. Los padres que se preocupan en comunicar su historia a los hijos, se convierten en inolvidables. Muchos padres trabajan para darles el mundo a sus hijos, pero se olvidan de abrirles e ellos el libro de su propia vida. Lamentablemente, sus hijos sólo van a admirarlos el día en que ellos mueran.

2do HÁBITO: LOS BUENOS PADRES NUTREN EL CUERPO, LOS PADRES BRILLANTES NUTREN LA PERSONALIDAD.

Este hábito de los padres brillantes contribuye a desenvolver reflexión, libertad controlada, valor, optimismo, superación del medio, prevención de conflictos. Los buenos padres cuidan de la nutrición física de sus hijos, los estimula a tener buena dieta, con alimentos sanos, tiernos y frescos. Los padres brillantes van más allá, saben que la personalidad necesita excelente nutrición psíquica, se preocupan por los alimentos que enriquecen la inteligencia y la emoción.

Debido a que la sociedad se convirtió en una fábrica de estrés, no hay control sobre el proceso de formación de la personalidad de nuestros hijos. Antiguamente una familia estructurada era garantía de que los hijos desarrollarían una personalidad saludable. Hoy, los buenos padres están produciendo hijos ansiosos, alienados, autoritarios, angustiados, que atraviesan graves conflictos. Los padres brillantes preparan a sus hijos para que sobrevivan en las turbulentas aguas de la emoción y desarrollen capacidad crítica.

3er HÁBITO: LOS PADRES BUENOS CORRIGEN LOS ERRORES, LOS PADRES BRILLANTES ENSEÑAN A PENSAR.

Este hábito de los padres brillantes contribuye a desenvolver conciencia crítica, pensar antes de reaccionar, fidelidad, honestidad, capacidad de averiguar, responsabilidad social. Los buenos padres corrigen errores, los padres brillantes enseñan a los hijos a pensar. Entre corregir errores y enseñar a pensar, existen más misterios de lo que imagina nuestra psicología. Haga que sus hijos reflexionen. Los viejos regaños y los conocidos sermones definitivamente no funcionan, sino que desgastan la relación.

Cuando usted abre la boca para repetir las mismas cosas, inconscientemente estimula la aparición de determinados archivos de la memoria que contienen viejas críticas y como sus hijos ya saben todo lo que usted va a decir, se armarán, se defenderán y lo que usted diga, no les penetrará, no les generará un momento educacional. No insista en repetir las mismas cosas por los mismos errores, para las mismas terquedades porque los hijos continúan repitiendo las mismas faltas. Los mismos errores merecen actitudes nuevas.

4to HÁBITO: LOS BUENOS PADRES PREPARAN A LOS HIJOS PARA LOS APLAUSOS, LOS PADRES BRILLANTES LOS PREPARAN PARA ENFRENTAR LOS FRACASOS.

Este hábito de los padres brillantes contribuye a desarrollar motivación, osadía, paciencia, determinación, capacidad de superación, creatividad y aprovechar oportunidades. Los buenos padres preparan a sus hijos para recibir aplausos, los padres brillantes los preparan para enfrentar sus derrotas. Los buenos padres educan la inteligencia lógica de los hijos, los padres brillantes educan sus sensibilidades.

Estimulen a sus hijos a tener metas, a procurar el éxito en los estudios, en el trabajo, en las relaciones sociales y llévelos a no tenerle miedo a los fracasos. Muchos no consiguen sobresalir en su trabajo, porque se rindieron frente a los primeros obstáculos. Otros no vencieron porque no tuvieron paciencia para soportar una negativa, porque no tuvieron osadía para enfrentar algunas críticas, ni humildad para reconocer sus faltas. La perseverancia es tan importante como la habilidad intelectual. Vencer no es siempre acertar.

V HÁBITO: LOS BUENOS PADRES CONVERSAN ACERCA DEL MUNDO EN QUE ESTÁN, LOS PADRES BRILLANTES DIALOGAN COMO AMIGOS SOBRE EL MUNDO QUE SON.

Este hábito de los padres brillantes contribuye a desenvolver solidaridad, compañerismo, placer de vivir, inteligencia interpersonal. Debemos comprender que la mejor forma de desarrollar un quinto hábito, es dialogar. Los buenos padres conversan, los padres brillantes dialogan. Entre conversar y dialogar hay una gran diferencia. Conversar es hablar sobre el mundo que nos rodea, dialogar es hablar sobre el mundo que somos. Dialogar es contar experiencias, es sacar lo que está oculto en el corazón, es penetrar la cortina de los comportamientos, es desarrollar la inteligencia interpersonal.

Más de la mitad de los padres nunca tienen el valor de dialogar con sus hijos sobre sus temores, pérdidas, frustraciones. La mayoría de los educadores no consiguen atravesar la cortina de los comportamientos. No es posible que muchos padres e hijos viviendo en el mismo techo, permanezcan aislados, dicen que se aman pero gastan poca energía en cultivar el amor. Cuidan de las paredes cerradas, los problemas del auto, pero no cuidan los cierres de la emoción y los problemas de relación.

6to HÁBITO: LOS PADRES BUENOS DAN INFORMACIONES, LOS PADRES BRILLANTES SON CONTADORES DE HISTORIAS.

Este hábito de los padres brillantes contribuye a desarrollar creatividad, inventiva, perspicacia, raciocinio esquemático, capacidad para encontrar soluciones en situaciones difíciles. Los padres buenos son una enciclopedia de informaciones. Los padres brillantes son agradables contadores de historias, son creativos, perspicaces, capaces de extraer de las cosas más simples, bellísimas lecciones de vida. Apenas tenga el hábito de dialogar, cuente historias, cautiven a sus hijos por su inteligencia y afectividad y no por autoridad, dinero o poder.

Conviértanse en personas agradables e influencien en el ambiente donde los hijos están. La imagen que los amigos de sus hijos tengan de ustedes, es el termómetro que indica si son agradables, indiferentes o insoportables. Si ellos se complacen en acercárseles, ustedes aprobarán el examen, si los evitan fueron reprobados y tendrán que revisar sus actitudes. Los padres que son contadores de historias, no tienen vergüenza de usar sus errores y dificultades para ayudar a sus hijos a meterse dentro de sí mismos y encontrar sus caminos.

7o HÁBITO: LOS BUENOS PADRES LES DAN OPORTUNIDADES A SUS HIJOS, LOS PADRES BRILLANTES NUNCA DESISTEN DE ELLOS.

Este hábito de los padres brillantes contribuye a desarrollar aprecio por la vida, esperanza, perseverancia, motivación, determinación y capacidad de debatir, de superar obstáculos y de vencer fracasos. Los buenos padres son tolerantes con algunos errores de sus hijos. Los padres brillantes jamás desisten de ellos, aunque los decepcionen, cometan errores, no les agradezcan y pasen por los senderos de los trastornos emocionales.

El mundo puede no creer en nuestros hijos, puede suponer que no lograrán nada en la vida, pero si somos padres brillantes podremos creer en ellos, procurar distinguir lo que ninguno ve. Los padres brillantes son sembradores de ideas y no controladores de sus hijos. Siembran en el solar de sus inteligencias y esperan que un día germinen sus semillas. Durante la espera puede haber desolación, pero si las semillas son buenas, un día germinarán. Aunque los hijos desprecien su futuro, algún día retornarán. Un ejemplo magnífico para ser seguido, es la Parábola del Hijo Pródigo.

Tomado del libro:
Cury, Augusto. Padres brillantes, Profesores fascinantes, Grijalbo, México, 2004


http://luisreflexionando.blogspot.com/ 

martes, 29 de noviembre de 2016

5 preguntas para dominar al Ego


1.- ¿Por qué me ofendo?
2.- ¿Necesito ganar?
3.- ¿Necesito tener razón?
4.- ¿Necesito ser superior?
5.- ¿Necesito tener más?

El ego quiere ganar, tener razón, ser superior, tener más, hacerse el ofendido. 

domingo, 27 de noviembre de 2016

13 mandamientos de la pareja

1.- Amarás a tu pareja como quisieras que ella te ame.
2.- Aceptarás que cada quien es cada cual.
3.- Compartirás lo bueno y lo malo.
4.- Respetarás su intimidad.
5.- No la compararás.
6.- No la maltratarás.
7.- No la culparás.
8.- No la manipularás.
9.- No le guardarás resentimiento.
10.- No la sabotearás.
11.- No la ignorarás.
12.- No adivinarás ni lo que siente ni lo que piensa.
13.- Estarás con ella por gusto y no por obligación.

H. Salama
Ponle oreja a tu pareja

p. 146 

sábado, 26 de noviembre de 2016

¿Quién soy?


Aquel día Sinclair se levantó como siempre a las 7 de la mañana. Como todos los días, arrastró sus pantuflas hasta el baño y después de ducharse se afeitó y se perfumó. Se vistió con ropa bastante a la moda, como era su costumbre y bajó a la entrada a buscar su correspondencia. Allí se encontró con la primera sorpresa del día:
¡No había cartas!
Durante los últimos años su correspondencia había ido en aumento y era una parte importante de su contacto con el mundo. Un poco malhumorado por la noticia de la ausencia de noticias, apuró su habitual desayuno de leche y cereal (como recomendaban los médicos), y salió a la calle.
Todo estaba como siempre: los mismos vehículos de siempre transitaban las mismas calles y producían los mismos sonidos en la ciudad, que se quejaba igual que todos los días. Al cruzar la plaza casi tropezó con el profesor Exer, un viejo conocido con quien solía charlar largas horas sobre inútiles planteos metafísicos. Lo saludó con un gesto, pero el profesor pareció no reconocerlo; lo llamó por su nombre pero ya se había alejado y Sinclair pensó que no había alcanzado a escucharlo.
El día había empezado mal y parecía que empeoraba con las posibilidades de aburrimiento que flotaban en su ánimo.
Decidió volver a casa, a la lectura y la investigación, para esperar las cartas que con seguridad llegarían aumentadas para compensar las no recibidas antes.
Esa noche, el hombre no durmió bien y se despertó muy temprano. Bajó y mientras desayunaba comenzó a espiar por la ventana para esperar la llegada del cartero. Por fin lo vio doblar la esquina, su corazón dio un salto. Sin embargo el cartero pasó frente a su casa sin detenerse. Sinclair salió y llamó al cartero para confirmar que no había cartas para él. El empleado le aseguró que nada había en su bolso para ese domicilio y le confirmó que no había ninguna huelga de correos, ni problemas en la distribución de cartas de la ciudad.
Lejos de tranquilizarlo, esto lo preocupó más todavía.
Algo estaba pasando y él debía averiguarlo. Buscó una chaqueta y se dirigió a casa de su amigo Mario.
Apenas llegó, se hizo anunciar por el mayordomo y esperó en la sala de estar a su amigo, que no tardó en aparecer. El hombre avanzó al encuentro del dueño de casa con los brazos extendidos, pero este se limitó a preguntar:
—Perdón señor, ¿nos conocemos?
El hombre creyó que era una broma y rió forzadamente presionando al otro a servirle una copa. El resultado fue terrible: el dueño de casa llamó al mayordomo y le ordenó echar a la calle al extraño, que ante tal situación se descontroló y comenzó a gritar y a insultar, como avalando la violencia del fornido empleado que lo empujó a la calle...
Camino a su casa, se cruzó con otros vecinos que lo ignoraron o actuaron con él como si fuera un extraño.
Una idea se había apoderado del hombre: había una confabulación en su contra, y él había cometido una extraña falta hacia aquella sociedad, dado que ahora lo rechazaba tanto como algunas horas antes lo valoraba. No obstante, por más que pensaba, no podía recordar ningún hecho que pudiera haber sido tomado como ofensa y menos aun, alguno que involucrara a toda una ciudad.
Durante dos días más, se quedó en su casa esperando correspondencia que no llegó o la visita de alguno de sus amigos que, extrañado por su ausencia, tocara su puerta para saber de él; pero no hubo caso, nadie se acercó a su casa. La señora de la limpieza faltó sin aviso y el teléfono dejó de funcionar.
Entonado por una copita de más, la quinta noche Sinclair se decidió a ir al bar donde se reunía siempre con sus amigos, para comentar las pavadas cotidianas. Apenas entró, los vio como siempre en la mesa del rincón que solían elegir. El gordo Hans contaba el mismo viejo chiste de siempre y todos lo festejaban como era costumbre. El hombre acercó una silla y se sentó. De inmediato se hizo un lapidario silencio, que marcaba la indeseabilidad del recién llegado. Sinclair no aguantó más:
—¿Se puede saber qué les pasa a todos conmigo? Si hice algo que les molestó, díganmelo y se terminó, pero no me hagan esto que me vuelve loco...
Los otros se miraron entre sí entre divertidos y fastidiados. Uno de ellos hizo girar su índice sobre su sien, diagnosticando al recién llegado. El hombre volvió a pedir una explicación, luego rogó por ella y por último, cayó al suelo implorando que le explicaran por qué le hacían eso a él.
Sólo uno de ellos quiso dirigirle la palabra:
—Señor: ninguno de nosotros lo conoce, así que nada nos hizo. De hecho, ni siquiera sabemos quién es usted...
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y salió del local, arrastrando su humanidad hasta su casa. Parecía que cada uno de sus pies pesaba una tonelada.
Ya en su cuarto, se tiró en la cama. Sin saber cómo ni por qué, había pasado a ser un desconocido, un ausente. Ya no existía en las agendas de sus corresponsales ni en el recuerdo de sus conocidos y menos aún en el afecto de sus amigos. Como un martilleo aparecía un pensamiento en su mente, la pregunta que otros le hacían y que él mismo se empezaba a hacer:
¿Quién eres?
¿Sabía él realmente contestar esta pregunta? Él sabía su nombre, su domicilio, el talle de su camisa, su número de documento y algunos otros datos que lo definían para los demás; pero fuera de eso: ¿Quién era, verdadera, interna y profundamente? Aquellos gustos y actitudes, aquellas inclinaciones e ideas, ¿eran suyos verdaderamente? ¿o eran como tantas otras cosas: un intento de no defraudar a otros que esperaban que él fuera el que había sido? Algo empezaba a estar claro: el ser un desconocido lo liberaba de tener que ser de una manera determinada. Fuera él como fuera, nada cambiaría en la respuesta de los demás. Por primera vez en muchos días, encontró algo que lo tranquilizó: esto lo colocaba en una situación tal, que podía actuar como se le ocurriera sin buscar ya la aprobación del mundo.
Respiró hondo y sintió el aire como si fuera nuevo, entrando en los pulmones. Se dio cuenta de la sangre que fluía por su cuerpo, percibió el latido de su corazón y se sorprendió de que por primera vez NO TEMBLABA.
Ahora que por fin sabía que estaba solo, que siempre lo había estado, ahora que sabía que sólo se tenía a sí mismo, ahora... podía reír o llorar... pero por él y no por otros.
Ahora, por fin, lo sabía:
SU PROPIA EXISTENCIA NO DEPENDÍA DE OTROS Había descubierto que le fue necesario estar solo para poder encontrarse consigo mismo...
Se durmió tranquila y profundamente y tuvo hermosos sueños...
Despertó a las diez de la mañana, descubriendo que un rayo de sol entraba a esa hora por la ventana e iluminaba su cuarto en forma maravillosa.
Sin bañarse, bajó las escaleras tarareando una canción que nunca había escuchado y encontró debajo de su puerta una enorme cantidad de cartas dirigidas a él.
La señora de la limpieza estaba en la cocina y lo saludó como si nada hubiera sucedido.
Y por la noche en el bar, parecía que nadie había registrado aquella terrible noche de locura. Por lo menos, nadie se dignó a hacer algún comentario al respecto.
Todo había vuelto a la normalidad...Salvo él, por suerte, él, que nunca más tendría que rogarle a otro que lo mirara para poder saberse... él, que nunca más tendría que pedirle al afuera que lo definiera... él, que nunca más sentiría miedo al rechazo...
Todo era igual, salvo que ese hombre nunca más se olvidaría de quién era. 

Jorge Bucay
Recuentos para Demián
pp. 100-106 

lunes, 21 de noviembre de 2016

¿Podemos dejar de pensar?


Escrito por Elisenda Pallàs el 6/19/12 • En la Categoría Cuerpo y Mente

Meditar es, en un primer paso, rebajar la cantidad e intensidad de nuestros pensamientos para que la mente no dirija nuestro día a día sino que se convierta en un instrumento para conseguir aquello que nos proponemos, una aliada que camina a nuestro lado mansamente, esperando que la dirijamos en la consecución de nuestros propósitos.

En la iconografía budista la mente es a menudo representada por un elefante. El elefante es un animal grande, poderoso.. e inofensivo cuando está en calma; sin embargo cuando está inquieto o temeroso puede causar grandes daños. Dominar un elefante es sumamente difícil: además de correr tan rápido como el deberíamos tener la fuerza de varios hombres para pararle.

Nuestra mente tiene la velocidad y la fuerza de un elefante que salta de pensamiento en pensamiento, a menudo sin concluirlos, posiblemente encadenándolos a otros que nos vuelven a llevar al mismo punto de partida (pensamientos circulares). Como más nos esforzamos en seguir el ritmo de nuestros pensamientos, más cantidad de ellos se generan y a mayor velocidad aparecen.

Intentando “controlarlos”, una tarea imposible, dejamos de poner atención en nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestro alrededor.

¿Es posible dejar de pensar?

El trabajo de la mente es generar pensamientos, igual que el de los pulmones es respirar o el del corazón latir.

No podemos hacer que nuestra mente deje de pensar pero podemos aprender a rebajar el caudal de pensamientos y a utilizar su energía y habilidad para dirigirnos hacia el propósito que definamos.

Si nuestra mente puede poner tanta atención e intención corriendo detrás de muchos pensamientos que no controlamos, imagínate que podría suceder si dirigimos esa fuerza hacia la consecución de un objetivo vital…

Domar la mente

Para poder llegar a este punto debemos llegar a domarla, a conseguir reducir la cantidad de pensamientos que genera y convertirla en una observadora que constata su existencia sin correr detrás de ellos, lo que le da la oportunidad de concentrarse en aquello que decidimos.

Coser, arreglar el jardín, cantar, correr, practicar la meditación budista o zen… son muchas las maneras en que podemos acallar la mente; las que se basan en la respiración son más fáciles de aplicar en cada momento, puesto que todo lo que necesitamos lo llevamos siempre con nosotros.

Cualquiera de las prácticas meditativas que elijamos debemos tener en cuenta tres aspectos:

Atención
Aplicamos voluntariamente el entendimiento a un objeto espiritual o sensible: cultivar una flor, observar nuestra respiración, seguir el ritmo de la música,… Concentrándonos en lo que vamos haciendo dejamos poco espacio a pensamientos que nos distraigan.

Vigilancia
Estamos atentos a la aparición de distracciones; lo habitual es que al principio se presenten constantemente y el objetivo es detectarlos para volver a concentrarnos en nuestro acto meditativo.

Perseverancia
Es imprescindible practicar regularmente la práctica meditativa que elijamos, ya que solo la práctica continuada logrará aumentar nuestra atención y nos permitirá relajar nuestro nivel de vigilancia, hasta que la concentración sea un acto natural.


Una vez hemos conseguido convertir nuestra mente en nuestra servidora, podemos plantearnos nuevos pasos en la meditación, como buscar la transformación individual, conectar con nuestro propósito vital o con el amor universal.
______-
http://sloyu.com/blog/2012/06/podemos-dejar-de-pensar/ 

sábado, 19 de noviembre de 2016

UBUNTU


Un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu africana. Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas.
Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a disfrutar del premio.

Cuando él les preguntó por qué habían corrido así, si uno solo podía ganar todas las frutas, le respondieron:

- UBUNTU, ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?

UBUNTU, en la cultura Xhosa significa:

"Yo soy porque nosotros somos"

¿Qué reflexión te deja esta breve historia? 

martes, 15 de noviembre de 2016

El niño y el pato


Había un niño que visitaba a sus abuelos en su granja. Le dieron una resortera para que jugara afuera en el campo. Toda la mañana estuvo tirando piedras con ella, pero nunca pudo darle a su objetivo. Ya un poco desanimado regresó a la casa para la comida. Mientras caminaba de regreso vio el pato mas querido por su abuela. Y en un arranque de desesperación le tiró un golpe con la resortera, le pegó al pato en la cabeza y lo mató.

Estaba muy impresionado y consternado. Y en un momento de pánico, escondió el pato muerto entre una pila de madera, en ese momento vio que su hermana le estaba observando. Rosa lo había visto todo, pero no dijo nada.

Después del almuerzo del siguiente día, la abuela dijo, “Rosa vamos a lavar los platos". Pero Rosa le contestó: "Abuela Carlitos me dijo que él quería ayudarte en la cocina”. Luego le susurró a su hermano: “¿Recuerdas el Pato?" Así que Carlitos lavó los platos. Más tarde ese día, el Abuelo les pregunto a los niños si querían ir a pescar, y la Abuela dijo, "Lo siento pero necesito que Rosa me ayude a hacer las compras".

Rosa sólo sonrió y dijo: “Abuela, no hay problema porque Johnny me dijo que quería ayudarte en todo. Ella susurró nuevamente "¿Recuerdas el Pato?"
Así que Rosa se fue a pescar y Carlitos se quedó ayudando. Después de varios días en los cuales Carlitos hacía tanto sus tareas como las de Rosa, él finalmente no pudo soportarlo más. Le confesó a su Abuela que había matado el pato. La Abuela se arrodilló, le dio un abrazo y dijo. "Corazón, Yo ya lo sabía.


¿Sabes?, yo estaba parada en la ventana y vi todo lo que pasó. Pero porque te amo, yo te perdono. Sólo me preguntaba cuánto tiempo más permitirías que Rosa te hiciera su esclavo."

lunes, 14 de noviembre de 2016

El caleidoscopio

Un padre de familia que por un grave accidente se vio privado de la vista, a través de los años desarrolló una gran habilidad manual. Un día se vio asediado por su pequeño hijo de siete años, para que le hiciera un calidoscopio, ese pequeño cristal multifacético que al girarlo multiplica en forma mágica los objetos. El padre haciendo gala de su destreza, pulió con mucho cuidado el cristal y hábilmente, valiéndose solamente de su tacto, lo montó en un cono perfecto. El niño entusiasmado se lo llevó a la escuela y sus compañeritos de clase disfrutaron con él, de tan espléndido regalo.

Uno de ellos le preguntó: -¡oye! ¿Quién te lo hizo?
Mi padre, -contestó-. 
Imposible!  -le increpó su amigo- tu padre está ciego. 
El niño guardó silencio, reflexionó un momento y respondió: 


En efecto, mi padre está ciego, pero solamente de los ojos.