viernes, 20 de julio de 2007

Cómo enfrentar las pérdidas

Nasredín le pidió a su amigo Ibrahim, el cocinero, una receta sabrosa para preparar hígado de cordero. Ibrahim se la escribió de muy buena gana en un pedazo de papel. Orgulloso de sí mismo y contento, Nasredín corrió a la carnicería, compró hígado y se dirigió a su casa, con la receta en una mano y el hígado en la otra. En el camino, un cuervo que merodeaba en el cielo lo descubrió. Se lanzó como flecha, se apoderó del hígado y voló de nuevo al cielo. Nasredín se echó a reír, tan fuerte que se revolcaba en el suelo. Los transeúntes, intrigados, se detuvieron y le preguntaron la razón de su alegría, dado que acababa de perder su comida. Nasredín, una vez que logró recuperar el aliento, le contestó: "Ese imbécil del cuervo se llevó el hígado, pero nunca podrá hacer nada con él: la receta me la quedé yo".

Darwiche Jihad y B. David, Sapiencia y artimañas de Nasredín, el loco que era sabio,
Ediciones Tecolote, México 2004, pp. 99-100
Lo más valioso no lo hemos de perder...lo que está dentro.

"Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas"
R. Tagore

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