lunes, 23 de julio de 2007

¿Debilidad? o ¿Fortaleza?

Un muchacho de 10 años había sufrido un trágico accidente y a consecuencia de esto le tuvieron que amputar el brazo izquierdo. El muchacho se recuperó emocionalmente y decidió aprender el Judo. Su Sensei (maestro) era un anciano chino experto en este arte marcial.
Después de tres meses, el muchacho había aprendido sólo un movimiento y le pidió a su maestro que le enseñara otros. El sabio Sensei le dijo que, a causa de que él solamente tenía un brazo, esto era todo lo que él podría aprender.
Poco después, el muchacho entró en un torneo dónde logró calificar en los juegos semifinales ante un rival más grande y más experimentado.
No parecía que el muchacho pudiese ganar. Después de una larga lucha, su oponente empezó a perder la concentración. El joven aprovechó esto y logró tirar al suelo a su superior rival.
En el camino a casa, el muchacho le preguntó a su Sensei: “¿Cómo fue que pude ganar con sólo un movimiento?”
El Sensei le contestó: “Tú has logrado casi dominar uno de los movimientos más difíciles en todo el judo. Y, la única defensa contra ese movimiento, era que tu rival te agarrase de tu brazo izquierdo; pero como tú no tienes brazo izquierdo, esa debilidad fue la que te hizo ganar”.
Detrás de una aparente debilidad encontramos áreas de crecimiento o fortalezas que nos mantienen. Las personas con alguna "discapacidad" o con "capacidades distintas" son un ejemplo de esto y logran sorprendernos.
Detrás de la noche viene el día; detrás de la sombra hay una luz.
Esta paradoja la entendió San Pablo, que dijo: "Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte".

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