sábado, 21 de julio de 2007

¿Esclavos del pasado?

Había una vez una aldea de gente muy pobre. Cuando bien les iba tenían comida suficiente para irla pasando, pero la mayor parte del tiempo padecían hambre. Los ancianos se reunieron y acordaron reglas para la supervivencia de la comunidad. Como en el huerto comunitario había crecido un ciruelo que daba frutos deliciosos, una de las reglas decía: "Cuando vayas al huerto deberás tomar una sola ciruela, solamente una". Las razones para esto eran simplemente que la cantidad de frutos hacía imperativo que hubiera restricciones sobre la cantidad de alimento que cada invidividuo podía consumir. Si alguien iba al huerto y tomaba dos, estaba privando a alguien más de su derecho al preciado fruto y, debido a su glotonería y falta de consideración, alguien se quedaría con el estómago vacío. Por eso era importante honrar la regla y no tomar más que "una ciruela, solamente una".
Muchos años después, la pequeña comunidad modernizó sus métodos de producción agrícola y sus nuevas técnicas produjeron mayor abundancia de comida, especialmente una sobreabundancia de ciruelos. Las ciruelas caían de los árboles y su pudrían en el suelo. Pero, no obstante la plétora frutal, la antigua regla se mantenía: "Cuando vayas al huerto deberás tomar una sola ciruela, solamente una".
La regla, igual que muchas otras, pasó de generación en generación sin adaptarse a los nuevos tiempos. Algunas personas, especialmente los niños, preguntaban: "¿Por qué no podemos tomar más de una ciruela?", a lo cual se respondía de muchas maneras: "Cállate, no cuestiones la ley". O "Lo que fue bueno para nuestros ancestros, también lo será para nosotros". O "Si comes más de una ciruela, te vas a quedar ciego". O "Si tomas más de una ciruela se te caerá el brazo". O "Así es la voluntad de Dios, ¿quién somos nosotros para juzgarla?".
De modo que en esta aldea, como en muchas otras, lo que una vez fue una regla útil sensible y práctica había pasado a ser un dogma de la comunidad y se había vuelto una imposición supersticiosa sobre la gente.
Si examináramos la conducta de las personas en esa comunidad, encontraríamos distintos patrones. Había quienes se adherían religiosamente a la regla "una sola ciruela, solamente una" y nunca se desviaban de ella. Había otros que deseaban tomar dos ciruelas o más, pero no se atrevían. Había también algunas personas qu se atrevían a tomar dos o más ciruelas, pero se sentían culpables después de comerlas. Si continuaban teniendo remordimiento de conciencia cada vez que tomaban una segunda ciruela, iban a confesarse y su confesor les aconsejaba volver al buen camino y observar la costumbre de "una ciruela, solamente una".
A otros no les gustaban las ciruelas y les resultaba fácil respetar la ley. Entre esos a los que nos les gustaban las ciruelas o eran demasiado viejos para comerlas on deleite, había algunos inquisidores que proponían aplicar los castigos más duros a los que transgredían la regla. Hubo algunos entre éstos ¡que fueron llamados "santos" por observar tan rigurosamente una regla absurda!
Pero también había otros que se daban cuenta y habían deducido que no había razón válida para mantener el dictado de "una ciruela, solamente una", así que consumían dos o más a la vez sin ninguna culpa o remordimiento. Entre ellos hubo algunos que emprendieron reformas sociales y otros llegaron a concebir la iluminada idea de enlatar ciruelas excedentes para poder usarlas a lo largo del año aunque no fuera tiempo de cosecha. Esos que se atrevieron a romper la influencia peniciosa del pasado terminaron recibiendo bendiciones de los que originalmente los condenaban.

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