lunes, 30 de julio de 2007

Por un clavo se perdió el reino

En un remoto país asiático, una tarde llegó a todo galope un jinete. El caballo lucía agotado y el jinete extenuado. Llegó a una estación donde pidió alimentos y agua. El encargado del servicio al contemplar al agotado caballo, sintió lástima y le dijo al jinete: "Con este caballo no llegará muy lejos"
-- "Tengo un mensaje urgente", contestó el jinete. Montó y a galope salió de la ciudad. Pasaron algunos kilómetros y el caballo empezó a aminorar el paso. El jinete aflojó las riendas y procuró arribar a un pequeño poblado en medio del desierto. El herrero revisó la pata del caballo y vió que un clavo de la herradura se había perdido. Tendrían que cambiar los clavos para afianzar la herradura. Llevaría una hora por lo menos. El jinete no esperó. Lanzando una moneda al herrero, volvió a montar y salió del poblado. El ritmo del corcel era lento. Cada kilómetro lo recorría en mayor tiempo. Súbitamente, el caballo empezó a cojear en forma sensible y a disminuir todavía más su paso. La suerte hizo que el jinete encontrara una caravana. Se acercó a ella y solicitó ayuda. El caballo había perdido la herradura. Tendrían que forjar una nueva. Tomaría de una a dos horas. La desesperación hizo presa del mensajero. Su misión era muy urgente. Montó en su caballo y a pesar de la falta de la herradura, hizo correr al caballo. Cojeando y visiblemente molesto, el noble animal continuaba caminando con ritmo lento. El jinete, aunque se daba cuenta del dolor que sufría su fiel compañero, lo seguía azotando para que galopara. Tenía que llegar a su ciudad y entregar al rey un mensaje de vida o muerte. Pasaron lentamente las horas. El avance lento y pesado del jinete se hacía, por momentos, una agonía. El mensajero percibió el fin de los sufrimientos de su compañero de viaje. Desmontando quedó acostado el corcel, echando espuma y preso de convulsiones. En la lejanía se alcanzaban a observar las torres del palacio del rey. A veces corriendo, otras caminando, el mensajero se acercaba a las murallas de la ciudad. Alcanzó a percibir humo e incendios. Acercándose a la muralla vió con toda crudeza lo que había sucedido. Habían tomado la ciudad y el pillaje invadía todo. El reino había caído. El mensaje que traía, revelaba una conspiración en contra de su rey. El primer ministro, se había conjurado con el rey enemigo, siendo su objetivo el ser coronado, destronando al rey. Había llegado tarde. Por un clavo se perdió la herradura. Por una herradura sucumbió un caballo; por un caballo no se entregó un mensaje. Por un mensaje se perdió el reino.
Cfr. Cruz B., Abelardo. Cápsulas Motivacionales, Diana, México, 1997, pp. 67-68

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