domingo, 12 de agosto de 2007

Desarrollo del universo, perspectiva teísta

Durante el primer millón de años después del Big Bang, el universo se expandió, la temperatura cayó y se empezaron a formar núcleos y átomos. La materia se empezó a agrupar en galaxias bajo la fuerza de gravedad, adquirió su movimiento rotativo que finalmente resultó en galaxias de forma espiral como la nuestra. Dentro de esas galaxias, grupos de hidrógeno y helio fueron atraídos entre sí, y se elevó su densidad y temperatura. Finalmente comenzaron las fusiones nucleares.

Este proceso, en que se fusionaron núcleos de hidrógeno para formar tanto energía como un núcleo de helio, proporcionó la fuente más importante de combustible para estrellas. Las estrellas más grandes se queman más pronto. Conforme empiezan a quemarse, generan dentro de su centro elementos aún más pesados, como el carbono y el oxígeno. Al principio del universo (en los primeros cien millones de años), esos elementos aparecieron sólo en el centro de esas estrellas que se derrumbaban, pero algunas de esas estrellas luego pasaron por explosiones masivas conocidas como supernovas y lanzaron elementos más pesados de regreso al gas de la galaxia.



Los científicos creen que nuestro sol no se formó en los primeros días del universo, nuestro sol es una estrella de segunda o tercer generación, formada hace unos 5,000 millones de años debido a un reagrupamiento local. Conforme eso sucedía, una pequeña porción de elementos más pesados alrededor se escaparon a la incorporación de la nueva estrella y en cambio se agruparon como los planetas que ahora giran alrededor del sol; entre ellos, nuestro planeta, que estaba lejos de ser hospitalario en sus primeros días. Inicialmente demasiado caliente, y siempre bombardeado por colisiones masivas, la Tierra se enfrió poco a poco, desarrolló una atmósfera y se hizo potencialmente habitable para los seres vivos hace unos 4,000 millones de años. Apenas 150 millones más tarde, la Tierra bullía de vida.



Casi todos los átomos que forman el cuerpo de usted alguna vez estuvieron en el horno nuclear de una antigua supernova: realmente está usted hecho con polvo de estrellas.



¿Existen implicaciones teológicas en cualquiera de estos descubrimientos? ¿Cuáles eran las probabilidades de qu existiéramos? ¿Qué tan raros somos?Se ha descubierto un número de fascinantes coincidencias aparentes sobre el mundo natural que han intrigado a científicos, filósofos y teólogos por igual. Consideremos las siuientes tres observaciones:



1. En los primeros momentos del universo, después del Big Bang, la materia y la antimateria fueron creadas casi en cantidades iguales. A un milisegundo de tiempo, el universo se enfrió lo suficiente para que se "condensaran" quarks y antiquarks. Si se encontrara cualquier quark con cualquier antiquark, resultaría en la completa aniquilación de los dos y la liberación de un fotón de energía. Pero la simería entre materia y antimateria no era totalmente precisa; por casi cada mil millones de pares de quarks y antiquarks, existía un quark extra. Esta diminuta fracción de potencialidad inicial del universo entero es lo que forma la masa de universo como lo conocemos actalmente.¿Por qué existió esta asimetría? Parecería más "natural" que hubiera simetría. Pero con esta posibilidad el universo pronto se habría desarrollado hacia una radiación pura, y la gente, los planetas, las estrellas, y las galaxias nunca habrían existido.



2. La forma en que el universo se expandió después del Big Bang, dependió críticamente de la cantidad de masa y energía total que habían en el universo, y también de la fuerza de la constante gravitacional. El increíble grado de afinación de estas constantes físicas ha sido motivo de admiración para muchos expertos. Dice Hawking: "¿Cómo es que el universo se inició a esa velocidad al grado de que ahora, diez mil millones de años después, se sigue expandiendo? Si un segundo después del Big Bang la velocidad de expansión hubiera sido menor incluso en un cien mil millonésimo, el universo se hubiera vuelto a derrumbar antes de que hubiera podido alcanzar su tamaño actual".Por otro lado, si la velocidad de expansión hubiera sido mayor en una millonésima parte, las estrellas y los planetas no se hubieran podido formar. La existencia del universo como lo conocemos yace sobre una improbabilidad del grueso de una navaja.



3. La misma circunstancia aplica para la formación de los elementos pesados. Si la atracción nuclear fuerte que mantiene juntos a protones y neutrones hubiera sido incluso ligeramente más débil, solamente se hubiera formado hidrógeno en el universo. Si por otro lado, la atracción nuclear fuert hubiera sido ligeramente más fuerte, todo el hidrógeno se habría convertido en helio, en vez de ser el 25% como ocurrió casi al principio del Big Bang, y por lo tanto los hornos de fusión de estrellas y su capacidad de generar elementos pesados nunca hubieran nacido.Y aún más, parece que la fuerza nuclear está afinada apenas de manera suficiente para que se forme carbono, que es crítico para las formas de vida en la Tierra. Si la atracción hubiera sido ligeramente más fuerte, todo el carbono se hubiera convertido en oxígeno.
En total existen quince constantes físicas cuyos valores no puede predeir la teoría actual. Esta lista incluye la velocidad de la luz, la fuerza de las atracciones nucleares fuerte y débil, varios parámetros asociados con el electromagnetismo, y la fuerza de gravedad. La probabilidad de que todas estas constantes asumieran los valores necesarios para dar como resultado un universo estable capaz de sostener formas de vida complejas, es casi infinitesimal. En resumen, nuestro universo es ampliamente improbable.



La conclusión general es referida como el principio antropocéntrico: la idea de que nuestro universo está afinado de manera casi exclusiva para dar lugar a los seres humanos.



Hawking, citando a Ian Barbour, escribe: "Las probabilidades en contra de que surja un universo como el nuestro a partir de algo como el Big Bang son enormes. Creo que tiene implicaciones claramente religiosas". Yendo aún más lejos dice Hawking en su libro "Una breve historia del tiempo": "Sería muy difícil de explicar por qué el universo tendría que haberse iniciado precisamente de ese modo, excepto como un acto de un Dios con la intención de crear seres como nosotros".
La puerta está abierta para que las futuras investigaciones en física teórica demuestren que las quince constantes físicas, hasta ahora determnadas sencillamente por la observación experimental, puedan estar limitadas en su valor numérico potencial por algo más profundo, pero esa revelación no está actualmente en el horizonte. Más aún, ninguna observación científica puede alcanzar el nivel de prueba absoluta de la existencia de Dios. Pero para aquellos dispuestos a considerar una perspectiva teísta, el principio antropocéntrico ciertamente ofrece un argumento interesante a favor de un Creador.


Collins, op. cit., pp. 70-72. 74-78. 80

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