lunes, 20 de agosto de 2007

El corazón de la cebolla

Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas.
Como todos los huertos, tanía mucha frescura y agrado. Por eso daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros.
Pero de pronto, un buen día, empezaron a nacr unas cebollas especiales. Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado... El caso es que los colores eran deslumbrantes, centelleantes, como el color de una mirada o el color de una sonrisa o el color de un bonito recuerdo.
Después de sesudas investigaciones sobre la causa de aquel misterioso resplandor, resultó que cada cebolla por dentro tenía, en el mismo corazón, una piedra preciosa. Esta tenía un topacio, la otra un aguamarina, aquella una esmeralda...¡Una verdadera maravilla!
Pero por alguna incomprensible razón se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerable, inadecuado y hasta vergonzoso.
Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa e íntima con capas y más capas, cada vez más oscuras y feas, para disimuar cómo eran por dentro. Hasta que empezaron a convertirse en una cebollas de lo más vulgar.
Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse a la sombra del huerto y que sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarles una por una:
- ¿Por qué no eres como eres por dentro?
Y ellas le iban respondiendo:
- Me obligaron a ser así...Fuí colocando capas encima para que no me dijeran...
Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban de por qué comenzaron a ponerse las primeras.
Y al final el sabio se echó a llorar.
Y cuando la gente lo vio llorando frente a las cebollas pensó que llorar en esas circunstancias era propio de personas inteligentes.
Por eso todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre su corazón.

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