viernes, 17 de agosto de 2007

El otro idioma

Tres días después de mi nacimiento, cuando estaba en mi cuna de seda contemplando asombrado el nuevo mundo a mi alrededor, mi madre habló con la nodriza para preguntarle:
- ¿Cómo está mi hijo?
Y la nodriza respondió:- Está bien, señora. Lo amamanté tres veces y nunca antes había visto a un niño de su edad que estuviera tan contento.
Indignado grité:- ¡No es verdad, madre! Mi cama es dura y la leche que he mamado sabe amarga a mi paladar y el olor del pecho repugna a mi olfato y me siento muy desdichado.
Pero mi madre no comprendió -y la nodriza tampoco- , porque el idioma que yo hablaba era el del mundo del cual yo provenía.
Y al vigésimo primer día de mi vida, cuando me estaban bautizando, el sacerdote dijo a mi madre:
- Naturalmente, debe sentirse usted muy dichosa de que su hijo haya nacido cristiano.
Sorprendido dije al sacerdote:- Entonces su madre que está en el cielo debe sentirse muy desdichada, porque usted no nació cristiano.
Pero el sacerdote tampoco entendió mi lenguaje.
Y pasadas siete lunas, un adivino me miró un día y dijo a mi madre:
- Su hijo será un estadista y un gran líder.
Mas yo grité: - ¡Esa es una falsa profecía, porque yo seré músico y nada más que músico!.
Pero a pesar de mi edad, todavía no se comprendía mi idioma, y fue grande mi espanto.
Han transcurrido treinta y tres años, durante los cuales murieron mi madre, la nodriza y el sacerdote (la sombra de Dios cubra sus almas), pero el adivino todavía vive.
Lo encontré ayer junto a la puerta del templo; y mientras conversábamos me dijo:
- Yo siempre supe que llegarías a ser un gran músico. Incluso en tu infancia profeticé y predije tu futuro.
Y le creí, porque ahora también yo he olvidado el idioma de aquel otro mundo.
Khalil Gibran, El Loco, Urano, España, 1988, pp.57-59

No hay comentarios:

Publicar un comentario