viernes, 7 de septiembre de 2007

Control de las emociones

Un maestro tenía un discípulo que no había aprendido a controlar sus emociones. Esto lo llevaba a cometer numerosos errores. Para ayudarlo, el maestro le contó esta historia: "Despúes de largos años de trabajo y esfuerzo, un campesino había acumulado trescientos lingotes de oro, que constituían toda su fortuna. Cuando se dio cuenta de que tenía una riqueza tan grande, se volvió temeroso de que alguien se la robara. Aunque escondió los lingotes en varios lugares de su casa, ninguno le parecía suficientemente seguro.
Una noche, se levantó de su cama en medio de la oscuridad y enterró el oro en su jardín. Pero era tal el miedo y su deseo de ocultar de los demás la existencia de tesoro, que colocó en el lugar donde lo había enterrado un cartel que decía "Aquí no hay trescientos lingotes de oro".
A la mañana siguiente, su vecino vio el cartel, desenterró el oro y se lo llevó".
Después de escuchar este relato, el alumno comprendió que la falta de control de las propias emociones puede conducir a errores absurdos e irreparables.

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