lunes, 24 de septiembre de 2007

Gengis Khan

Gengis Khan era un gran rey y guerrero. Una mañana, cuando descansaba de sus guerras, salió a cabalgar por los bosques. Lo acompañaban muchos de sus amigos. llevando sus arcos y sus flechas. Sus criados los seguían con los perros. En la muñeca el rey llevaba su halcón favorito; a una orden de su amo, echaba a volar y buscaba la presa desde el aire. Si veía un venado o conejo, se lanzaba soobre él con la rapidez de una flecha.Había sido un día caluroso, y el rey tenía sed. El rey cabalgaba despacio. Una vez había visto un manatial de aguas claras cerca de ese sendero. ¡Ojalá pudiera encontrarlo ahora! Pero los tórridos días de verano habían secado todos los manantiales de la montaña.
Al fin, para su alegría, vio agua goteando de una roca. Siempre corría por allí un arroyo caudaloso, pero ahora bajaba una gota por vez. El rey se apeó del caballo. Tomó un tazón de plata de su morral, y lo sostuvo para recoger las gotas que caían. Tardaba mucho en llenarse y el rey tenía tanta sed que apenas podía esperar. En cuanto el tazón se llenó se dispuso a beber.De pronto oyó un silbido en el aire, y le arrebataron el tazón de as manos. El agua se derramó en el suelo. El rey alzó la vista para ver quien le había hecho esto. Era el halcón. El rey cogió el tazón y de nuevo se dispuso a llenarlo. Cuando el tazón estuvo medio lleno, se lo acercó a la boca. Pero apenas lo intentó, el halcón se echó a volar y se lo arrebató de las manos.
El rey empezó a enfurecerse. Lo intentó de nuevo y por tercera vez el halcón le impidió beber.
- ¿Cómo te atreves a actuar así?, exclamó. Si te tuviera en mis manos te retorcería el cuello.
Llenó el tazón de nuevo, pero antes de tratar de beber, desenvainó la espada. el halcón bajó y le arrebató el tazón de la mano. Pero el rey lo estaba esperando. Con una rápida estocada abatió al ave.
El pobre halcón cayó sangrando a los pies de su amo. Cuando buzcó el tazón, descubrió que había entre dos piedras, y que no podría recobrarlo.
- De un modo u otro beberé agua de esa fuente, dijo.
Trepó la empinada cuesta que conducía al luga donde goteaba el agua. Al fin llegó al lugar. Allí había, en efecto, un charco de agua, ¿pero que había en el charco? Una enorme serpiente muerta de la especie más venenosa.
El rey se detuvo. Ovidó la sed. Pensó sólo en el pobre halcón muerto.
- ¡El halcón me salvó la vida!, exclamó. ¿Y cómo le pagué?! Era mi mejor amigo, y lo he matado. Luego montó a caballo y regresó deprisa, diciéndose:
- Hoy he aprendido una lección y es: que nunca se debe actuar impulsado por la furia sin pensar en la confianza.

1 comentario:

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