domingo, 14 de octubre de 2007

El sentido de la vida

El sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un día para otro, de una hora para otra. Lo que importan no es el sentido de la vida en términos generales, sino el significado concreto de la vida de cada individuo en un momento dado. Cada uno tiene en la vida su propia misión que cumplir; cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto. Por tanto ni puede ser reemplazado en la función, ni su vida puede repetirse; su tarea es única como única es su oportunidad para instrumentarla.
Toda situación vital representa un reto para el hombre y le plantea un problema que sólo él debe resolver, por eso la cuestión del significado de la vida puede en realidad invertirse. En última instancia, el hombre no debería preguntar cuál es el sentido de la vida, sino comprender que es a él a quien se inquiere. A cada hombre se le pregunta por la vida y sólo puede responder siendo responsable por su vida. De modo que la logoterapia considera que la esencia íntima de la existencia humana es su capacidad de ser responsable.
La logoterapia intenta hacer al paciente plenamente consciente de sus propias responsabilidades; razón por la cual ha de dejarle la opción de decidir por qué, ante qué o ante quién se considera responsable.
La función del logoterapeuta consiste en ampliar y ensanchar el campo visual del paciente de forma que sea consciente y visible para él todo el espectro de las significaciones y los principios.
Al declarar que el hombre es una criatura responsable y que debe aprehender el sentido potencial de su vida, quiero subrayar que el verdadero sentido de la vida debe encontrarse en el mundo y no dentro del ser humano o de su propia psique, como si se tratara de un sistema cerrado. Por idéntica razón, la verdadera meta de la existencia humana no puede hallarse en lo que se denomina autorrealización. Ésta no es un fin en sí misma sino un efecto secundario de que el hombre se compromete al cumplimiento del sentido de su vida, y en esa misma medida se autorrealiza.
Podemos descubrir el sentido de la vida de tres modos distintos: realizando una acción, teniendo algún principio y por el sufrimiento.
Lo que más importa de todo es la actitud que tomemos hacia el sufrimiento, nuestra actitud al cargar con ese sufrimiento. El sufrimiento deja de ser en cierto modo modo sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido, como puede serlo el sacrificio.En muchas ocasiones el sufrimiento es inevitable. Al aceptar el reto de sufrir valientemente, la vida tiene hasta el último momento un sentido y lo conserva hasta el fin, literalmente hablando.
Frankl, Viktor. El hombre en busca del sentido, Herder, Barcelona, pp. 107-113

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