viernes, 4 de abril de 2008

Animus y anima, crisis de la mediana edad

En el modelo vital, el retorno no sólo se refiere a la dirección del camino, sino también al propio papel sexual. Carl Gustav Jung partía de la base de que toda mujer tenía que preocuparse también de su parte masculina, llamada animus, igual que todo hombre tenía que aeptar sus cualidades espirituales femeninas, en la figura de la anima. La integración del polo opuesto se convierte en una tarea en la segunda mitad de la vida, cuando la persona se siente seguro en su papel sexual.

La tarea apunta en la dirección del hermafrodita espiritual, que une en sí ambas partes en armonía. Físicamente sería una criatura digna de compasión, pero desde lo intelectual-espiritual es la cumbre de la evolución.
Si se niega esta tarea vital, el tema desciende, como suele ocurrir, al cuerpo, y se hace desagradablemente visible.


Para una pareja hay enormes oportunidades de crecimiento en este segmento de la evolución, siempre que ambos estén dispuestos a recorrerlo juntos. Hasta aquí llega la pregunta "¿Te casas conmigo?", que él quizá le hizo cuando eran adolescentes.
Rüdiger Dahlke, Las Etapas críticas de la vida, pp. 324-326

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