viernes, 13 de junio de 2008

La joya perdida

LA JOYA QUE PERDIÓ EL ÁRABE
por el Hermano Pablo
Se cuenta que, cruzando el desierto, un viajero vio a un nómada sentado al pie de una palmera. A poca distancia descansaban sus caballos, pesadamente cargados con objetos de valor.
El viajero se le acercó y le preguntó:
—¿Puedo ayudarle en algo? Me parece verlo muy preocupado.
—Tiene razón —respondió el árabe—. Estoy muy afligido porque acabo de perder la más preciosa de las joyas.
Extrañado, el viajero preguntó:
—¿Y qué joya era esa?
—Era una joya como no volverá a hacerse otra. Estaba tallada en un pedazo de piedra de la vida, y había sido hecha en el taller del tiempo. La adornaban veinticuatro brillantes, alrededor de los cuales se agrupaban sesenta joyas más pequeñas. Prenda igual no podrá producirse jamás.
—Su joya debió haber sido preciosa —repuso el viajero—. ¿Pero no cree que con suficiente dinero se pueda fabricar otra igual?
—¡Imposible! —exclamó el árabe—. Es que la joya perdida era un día, y un día que se pierde no vuelve a recuperarse jamás.

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