miércoles, 27 de agosto de 2008

Trabajar con el ENFADO

- El enfado se enraiza en una tendencia biológica que nos lleva a defendernos cuando somos atacados o a protegernos de intrusiones.
- Las reacciones corporales preparan a la persona para arremeter y atacar al intruso. Estas respuestas nos organizan para la acción, pero no producen el comportamiento en sí. La respuesta comportamental real es el resultado de una interacción compleja entre la tendencia de acción y los procesos cognitivos.
¿Cómo reconocer distintos estados de enfado, para poder realizar la intervención diferencial?
Enfado primario adaptativo reprimido
1.- Evaluar y explorar su EVITACIÓN manifestada en conductas verbales y no verbales (romper en llanto, indefensión, depresión; entumecimiento, intelectualización y control racional; minimización; enfado inadecuado y difuso; resentimientos; focalizar el exterior; culpando; quejándose)
- En la TFE, lo que se persigue con el tratamiento en estas situaciones es diferenciar y expresar claramente cada una de las experiencias emocionales centrales, accediendo a la red subyacente de significados-sentidos, ayudando a reconocer la necesidad no satisfecha, externalizando apropiadamente la culpa y la responsabilidad, intensificando la sensación de fortaleza del sí mismo y facilitando la acción asertiva.
Enfado primario desadaptativo
- Es desadaptativo cuando deja de proteger a la persona
- Es primario porque es la respuesta inicial de la persona
- La meta del tratamiento consiste en acceder al esquema emocional desadaptativo, utilizando técnicas evocativas del recuerdo, para poder proceder a su exploración y reestructuración en terapia.
- El miedo y la vergüenza son más frecuentes que el enfado en la reestructuración de emociones primarias desadaptativas.
Enfado secundario
- Es secundario porque son reacciones a otra emoción o proceso. Ejemplo: un padre enfadado puede enfadarse con su hijo porque corre a la calle.
- La meta terapéutica es desplegar las situaciones cognitivo-afectivas y acceder al sentimiento más primario que conduce al enfado. Estamos menos interesados en modificar las cogniciones que desencadenan el enfado o en proporcionar habilidades de afrontamiento o control.
- Evaluar cuál es la respuesta emocional central o primaria en una situación dada se consigue conociendo la situación activadora, la historia de aprendizaje del cliente y la función adaptativa de la emoción primaria.
- La conducta verbal y no verbal del cliente, entre otras cosas la cualidad vocal, aportan también marcadores importantes para la intervención momento a momento.
- El enfado secundario puede aparecer como ira, autocrítica hostil, reacción a una reacción.
Enfado instrumental
- El enfado instrumental es una forma de regular a otros para conseguir ganancias secundarias.
- Lo más apropiado con este enfado es la confrontación o interpretación para fomentar la comprensión de las motivaciones y los objetivos del cliente.
- Este tipo de enfado no se activa, ni se explora experiencialmente.
Intervención focalizada en las emociones
1.- Acceder al enfado primario adaptativo que está fuera de la conciencia. Suelen utilizarse técnicas activadoras y expresivas.
2.- Aceptación y exploración del significado del enfado, así como el reconocimiento de las necesidades, exigencias y expectativas.
Las metas son reconocer el enfado primario adaptativo y, con menos frecuencia, reestructurar los esquemas emocionales desadaptativos.
Principios de intervención
TODOS LOS PRINCIPIOS DE INTERVENCIÓN SON APLICABLES AL TRABAJO TERAPÉUTICO CON LAS DISTINTAS EMOCIONES
Principios aplicables al enfado
- Atender a las sensaciones corporales- Simbolizar (el enfado y la interrupción)
- Intensificar la activación (excepto en personas con riesgo).
Es necesario que los terapeutas tengan claro el propósito de intensificar la experiencia de enfado: acceder a la emoción-completar el ciclo emocional-conciencia de las necesidades no satisfechas, con lo cual se promueve la autoafirmación, la sensación de poder del sí mismo y la separación.- Fomentar la autorresponsabilidad y la sensación de ser agente activo.
Greenberg y Paivio, op.cit. pp. 193-205

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