lunes, 1 de septiembre de 2008

Trabajar con la tristeza y la aflicción

- La tristeza aparece por el distanciamiento, la separación o la pérdida del vínculo.
Las dos tendencias de acción asociadas con tristeza primaria son:
a) acercarse a otros en busca de consuelo y auxilio para reducir la aflicción
b) retraerse en uno mismo para recuperarse de la pérdida.
En general, las lágrimas de tristeza primaria son sanadoras.
- La aflicción es producida por el miedo, vergüenza o enfado.
La aflicción se reduce por medio del consuelo, bajo la forma de sonidos tranquilizadores, apoyo verbal, objetos como chupetes y contacto físico.
Proceso de Diagnóstico
- Es clínicamente necesario discriminar diferentes tipos de llanto, porque el llanto por aflicción puede acompañar a diversas emociones (enfado, impotencia, intentar conseguir apoyo) además de a la tristeza primaria.
Tristeza primaria adaptativa
- Aparece como un momento breve entre un proceso complejo.
- Se caracteriza por una rendición momentánea o resignación y está libre de culpa.
- Los marcadores de la represión de la tristeza y del dolor emocional incluyen intelectualizar o minimizar el daño y el dolor, tensar los músculos, reprimir las lágrimas, miedos o preocupaciones de ser arrollado por el dolor.
- La tristeza primaria, a diferencia de la depresión secundaria o la posición de víctima indefensa, es un estado vivo que conduce al cambio.
- La tristeza indiferenciada se reconoce, en parte, por el conocimiento de la situación desencadenante. Ejemplo: en situaciones de traición la tristeza se mezcla con el enfado.
Tristeza primaria desadaptativa
- Puede vivirse en situaciones donde el sentimiento de pérdida y daño al sí mismo no parece modificarse y la persona repite el mismo sentimiento, sin que ocurra ningún cambio notable, ni en la calidad ni en la intensidad.
- Regulación insuficiente de la aflicción y una sensación de debilidad.
- La tristeza y las lágrimas pueden tener una cualidad disfuncional de fragmentación y miedo, o de dependencia indefensa.
- Las reacciones de duelo patológicas o complicadas.
- La tristeza paradógica ante manifestaciones de amabilidad y ternura de otros.
Tristeza secundaria y depresión
- Las lágrimas son desencadenadas por procesos secundarios cognitivo-afectivos, como la anticipación de la pérdida o el rechazo, que dan como resultado miedo, aflicción y sentimientos tristes.
- La reacción secundaria más común relacionada con la tristeza es la depresión, que supone una especie de desesperanza generalizada, en vez de una aceptación genuina de la pérdida.
- Cuando la depresión persistente es el resultado de la tristeza primaria por una pérdida reprimida, o de cualquier otra experiencia primaria, el tratamiento supone descomponer la reacción depresiva secundaria en sus determinantes cognitivo-afectivos subyacentes y reconocer y vivir la experiencia primaria dolorosa.
Tristeza instrumental
- Se observa cuando la persona llora, "gimiendo", para expresar cúan pobremente tratada se siente, con la esperanza de evocar simpatía, apoyo o comprensión.
- Interpretar o cambiar empáticamente la función de las lágrimas instrumentales es apropiado, con el fin de acceder a las motivaciones y necesidades subyacentes y ensñar al cliente mejores formas de satisfacer sus necesidades.
Intervención en la tristeza y el dolor
Las soluciones a los problemas de dolor y tristeza vienen a través de permitir y aceptar el dolor y de experienciarlo y expresarlo, para sobrevivirlo y llevarlo a su fin.
Nosotros no confrontamos las cogniciones directamente, porque las vemos como subproductos de esquemas emocionales más complejos y de experiencias centrales.
Principios especialmente importantes al trabajar con la tristeza
- Atención directa a la experiencia interna (sensación-sentida corporalmente)
- Centrarse en el presente. Afirmar empáticamente la sensación de vulnerabilidad del cliente.
Es necesario que los terapeutas se permitan a sí mismos que el sufrimiento de otros les toque profundamente y no alejarse del dolor.
- Intensificar la experiencia para superar la evitación de la tristeza, de elevar la conciencia a punto en el cual es difícil negarla, de modo que la persona abandone el control, sienta el dolor y supere la aflicción de la pérdida.

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