miércoles, 25 de febrero de 2009

1+1=3

Uno de los grandes desafíos de la pareja es pasar de la FASE DE FUSIÓN INICIAL, donde los seres distintos pretenden o quisieran ser uno ("mi media naranja" o expresiones por el estilo, en las cuales uno más uno suman uno), a una FASE POSTERIOR, basada en un intercambio más rico, generalmente fruto de un proceso, de un perseverante e inteligente trabajo relacional, nutrido por la voluntad, el afecto, el deseo de construir y gozar en común, la disposición de atravesar crisis, enfermedades y pérdidas apoyándose mutuamente, fase en la que, esencialmente, aparecen la posibilidad de diferenciarse y de confrontar y seguir adelante. Este moemento, crucial en el devenir de una pareja, sería el de la RELACIÓN TRIANGULAR (el ménage à trois (asunto de tres)), no en el sentido clásico de estas expresiones que se refieren a una tercera persona involucrada en la relación diádica, de una u otra manera, sino donde a la suma de una más uno se le suma la relación, ese "tercero" virtual, que está entre dos personas que se diferencian una de otra pero que tienen en común algo que los incluye y al mismo tiempo los trasciende a ambos. Serían él, ella y la relación que ambos eligen, sostienen y construyen. Este último punto, la co-construcción del vínculo amoroso, es gradual, requiere compromiso, actos y actitud de co-responsabilidad recíproca de ambos protagonistas.
Diversos autores, por ejemplo Michael White, mencionan esta tercera parte de una relación de pareja, no sólo en función descriptiva sino tambien y especialmente, en función de una propuesta de trabajo psicoterapéutico. En el caso de White, lo utiliza para su conocido concepto de EXTERNALIZAR la situación de conflicto o sea, sacarla del "interior" de las personas que, en ete caso, componen la pareja, o de la persona misma como tal, para abordarla, junto a la pareja, casi como si fuese una entidad autónoma llamada "la relación". Ésta, naturalmente, tiene que ver con los miembros de la pareja, es de hecho responsabilidad de ellos; sin embargo, no es la pareja en sí, ni intrínsecamente sus componentes individuales, sino lo que éstos deciden hacer o dejar se hacer con la misma. Más allá del mencionado concepto de externalización, si la pareja puede hablar en estos términos, se puede decir que al pasar de una especie de fusión en la cual no se sabe dónde termina uno y dónde empieza el otro, comienza la construcción de una alianza implícita, pero sobre todo explícita, desde un lugar de clara diferenciación de uno del otro, que les permitirá dialogar, es decir, comenzar a aprender a escucharse mutuamente y percibir y entender claramente de esta manera los aspecto afines, aquello que tienen en común y los aspectos que los diferencian, que los distingue como seres provenientes de distintas "tribus" familiares de origen. A partir de este momento y sólo entonces, podrán empezar a construir un sólido y gratificante proyecto en común.Esta particular alianza supone acordar otorgarle un valor importante a la relación, lo cual supone a la vez, no tratar de imponer lo que le conviene a uno o al otro, sino comprender si "esto o aquello" perjudica o beneficia a la relación. De ahí que, como ya fue dicho, toda pareja es siempre un poco un ménage à trois, como si siempre fuesen tres viviendo de a dos: él, ella y la relación que comparten.
Des Champs, C. En "El baile de la pareja", pp. 114-115

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