miércoles, 22 de abril de 2009

Comprendo

Ésta es la historia de una joven y hermosa mujer india llamada Kisha-Gotami, que de jovencita siempre soñaba con casarse, tener niños y ocuparse felizmente de la casa y de la vida familiar. Vivía en una sociedad donde los padres decidían los matrimonios, por lo que ella se sintió más que satisfecha cuando sus padres se decantaron por un joven muchacho que por sí misma hubiera elegido. Ambos fueron felices desde los primeros momentos que estuvieron juntos pero, un año más tarde, la tragedia de bodas se hizo presente y su marido murió en un accidente. Kisha-Gotami intentó desesperadamente consolarse a sí misma concentrando todas sus energías en su futuro bebé, cuyo parecido con su marido era exacto.
Una mañana fatal, poco después del fallecimiento de su marido, la joven viuda despertó y encontró a su bebé tendido sin vida a su lado. La pena fue infinita y se volvió loca. Deambulaba por las calles y la carretera de su pueblo abrazando a su niño muerto, negándose a soltarlo para hacerle un funeral adecuado.
Aunque un sinnúmero de amigos y vecinos intentaron convencerla para que entregase el cadáver, ella no lo aceptaba. Cuando alguien intentaba arrebatarle el niño de sus brazos, corría y deliraba. Una vieja mujer dijo a Kisha-Gotami que un hombre santo, muy sabio y poderoso, había acampado en una montaña cercana, y que se rumoreaba que hacía milagros de todo tipo, incluso el de devolver a la vida a quienes habían muerto.
Kisha-Gotami corrió a toda velocidad hacia la montaña para ver al Buda serenamente sentado a la sombra de un árbol, mientras instruía a sus discípulos. Ella le imploró de rodillas que devolviera la vida a su hijo haciendo uso de sus poderes milagrosos.
Él, empáticamente, le dijo que seguramente la ayudaría, pero que primero ella tenía que realizar una simple tarea. Regresar al pueblo y pedir unas pocas semillas de mostaza para entregarlas en la montaña. Estas semillas debían, sin embargo, venir de una casa donde nunca hubiera muerto nadie.Ella corrió, todavía aprentando más a su bebé y, en cuanto divisó la primera casa, pidió algunas semillas de mostaza. Se las dieron, ya que era común tenerlas en el hogar. Cuando ya se iba se acordó de preguntar si agluien había muerto alguna vez allí y la mujer que la había atendido le contestó que justo la semana pasada su viejo suegro en esa misma casa había dejado de existir. Krisha devolvió con tristeza las semillas y continuó a la casa siguiente, sólo para hallar que también por allí la muerte había pasado recientemente. Y de casa en casa fue por todo el pueblo, y también por el pueblo vecino, sintiéndose defraudada al descubrir cada vez que la Muerte había pasado por todo lugar.
Subió de nuevo a la montaña sin llevar ninguna semilla de mostaza e, hincando sus rodillas ante Buda, colocó al niño muerto a sus pies. Ella sólo dijo una palabra: "Comprendo", y lloró. Las escrituras continúan relatando cómo llegó a ser una entregada discípula de las enseñanzas sagradas que liberan a uno del sufrimiento y como consiguió, incluso, alcanzar el nirvana al final de sus días.

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