martes, 28 de abril de 2009

Formación de la sombra

"Cuando contábamos con uno o dos años de edad teníamos lo que podemos visualizar como una personalidad de 360 grados. Irradiábamos energía desde todas las zonas de nuestro cuerpo y de nuestra psique. Un niño corriendo es un globo viviente de energía. Teníamos una bola de energía perfecta; pero un día vimos que a nuestros padres no les gustaban ciertas partes de esa bola. Decían cosas como: "¿No puedes estarte quieto?" o "No está bien molestar a tu hermano". Detrás de nosotros tenemos un saco invisible, y en él ponemos la parte de nosotros que no gusta a nuestros padres, a fin de conservar su amor. Cuando vamos al colegio nuestro saco ya es bastante grande. Entonces los profesores dicen la suya. "Los niños buenos no se enfadan por estas pequeñeces". Así que cogemos nuestro enfado y lo ponemos en el saco. Cuando mi hermano y yo teníamos doce años en Madison (Minnesota) nos llamaban "los amables niños Bly". Nuestros sacos ya medían un kilómetro.
Luego hacemos un buen relleno del saco en el instituto. Esta vez ya no son los malvados mayores quienes nos presionan, sino gente de nuestra edad. Así que la paranoia estudiantil contra los mayores podría estar fuera de lugar. Durante todos los años de instituto mentí automáticamente para intentar parecerme más a los jugadores de baloncesto. Cualquier parte de mí que fuera un poco lenta se iba al saco. Mis hijos están atravesando ese proceso ahora, contemplé cómo lo hacían mis hijas, que son más mayores. Vi con consternación cuánto llegan a poner en el saco, pero no hubo nada que su madre ni yo pudiéramos hacer al respecto. A menudo mis hijas parecían decirse en aras de la moda y de las ideas colectivas de belleza, y sufrían tanto a causa de otras chicas como de los hombres.
Así que mantengo que de todo un globo redondo de energía a los veinte años sólo nos queda una fina rebanada.
Antes de los veinte años pasamos la vida diciendo qué partes de nosotros ponemos en el saco, y pasamos el resto de nuestras vidas intentando sacarlas de nuevo. En ocasiones parece imposible recuperarlas, como si el saco estuviera sellado. supongamos que el saco queda sellado, ¿qué ocurre entonces? Un gran relato del siglo XIX sabe algo de eso. Una noche Robert Louis Stevenson se despertó y contó a su mujer un fragmento del sueño que acababa de tener. Ella le urgió a escribirlo; lo hizo, y se convirtió en el Doctor Jekyll y mister Hyde. El lado bonito de nuestra personalidad se vuelve, en nuestra cultura idealista, más y más bonito. El hombre occidental puede ser, por ejemplo, un generoso doctor que siempre piensa en el bien de los demás. Moral y éticamente es maravilloso, pero la sustancia del saco forma una personalidad por su cuenta, que no puede ignorarse. El relato nos dice que la sustancia encerrada en el saco aparece un día en algún otro lugar de la ciudad. La sustancia del saco enfadada, y cuando la ves tiene forma de simio y se mueve como un simio".
Robert Bly. En Jung y otros. 1994: 45-47. En Cuentos que curan: 268-269.

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