domingo, 24 de mayo de 2009

"Compañeros de viaje"

- El terapeuta y el paciente como "compañeros de viaje", un término que borra toda distinción entre "ellos" (los enfermos) y "nosotros" (los sanos).
- Estamos todos juntos en esto y no hay terapeuta ni persona inmune a las tragedias inherentes a la existencia.
Erich Fromm cuando hablaba de la empatía, citaba la frase de Terencio de hace dos mil años: "Soy humano y nada humano me es ajeno" (41)
- Simplemente humanos.
- Cuento: José y Dión, de Hermann Hesse.
"José y Dión, dos renombrados sanadores que vivieron en los tiempos bíblicos. Aunque ambos eran muy eficaces, trabajaban de maneras muy diferentes. El sanador más joven, José, curaba escuchando de manera silenciosa e inspirada. Los peregrinos confiaban en él. El sufrimiento y la ansiedad, una vez que penetraban en sus oídos, desaparecían como el agua sobre la arena del desierto y los penitentes se iban alegres y aliviados.
Por el contrario Dión, el otro sanador, confrontaba activamente a quienes buscaban su ayuda. Adivinaba sus pecados inconfesos. Era un gran juez, castigaba, regañaba, rectificaba y sanaba a través de la intervención activa. Trataba a los pacientes como a niños y les daba consejo, los castigaba asignándoles penitencia, ordenaba peregrinaciones y matrimonios y obligaba a los enemigos a hacer las paces.
Los dos sanadores nunca se encontraron y trabajaron como rivales durante años hasta que José enfermó espiritualmente, cayó en una sombría desesperación y fue asaltado por ideas de autodestrucción. Incapaz de curarse a sí mismo con sus propios métodos terapéuticos, partió de viaje hacia el sur a buscar la ayuda de Dión.
Durante su peregrinaje, José descansó una noche en un oasis, donde trabó conversación con otro viajero. Cuando José describió el propósito y el destino de su expedición, el viajero se ofreció como guía para asistirlo en la búsqueda, de Dión. Más tarde, en medio de su largo viaje juntos, el viejo hombre reveló su identidad a José; era Dión, el hombre que José buscaba.
Sin vacilar, Dión invitó a su rival más joven y desesperado a que entrara a su casa, donde vivieron y trabajaron juntos durante muchos años. Primero Dión pidió a José que fuera su sirviente. Más tarde lo elevó al rango de estudiante y por último lo hizo su colega de igual jerarquía. Años después Dión enfermó y en su lecho de muerte llamó a su joven colega José para que oyera su confesión. Habló de la antigua y terrible enfermedad de José y de su viaje en busca de Dión para rogar su ayuda. Recordó cómo José había sentido que era un milagro haber encontrado en el camino a Dión y hubiera sido su compañero de viaje y guía.
Ahora que estaba muriendo, había llegado la hora, dijo Dión a José, de romper el silencio sobre aquel milagro. Dión confesó que en aquel momento también a él le había parecido un milagro, porque él también había caído en la desesperación. Él también se sentía vacío y espiritualmente muerto e incapaz de sanarse por sus propios medios y había emprendido un viaje para buscar ayuda. La misma noche en que se habían encontrado en el oasis, iba de peregrinación hacia el famoso sanador llamado José.

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