miércoles, 1 de julio de 2009

Terapia Gestalt, Joan Garriga (2)

+ La obviedad.
Me refiero a la comodidad que experimento cuando la terapia circula por gestalts bien ancladas en lo experiencial, cuando tienen un soporte evidente en el cuerpo, en un gesto, en una sensación o bien una palabra o frase que "huele plena" y se manifiesta en el aquí y ahora.
Pongo mucho cuidado en distinguir las palabras plenas de las "huecas". Las primeras exponen a la persona y están cargadas de experiencia y representación interior, expresan y muestra a la persona. Las segundas la esconden, suelen mostrar formas de control sobre el otro, te adormecen. La Gestalt que tomo es "lo que me hacen" las palabras, no su contenido; para qué las está utilizando la persona, con qué fines, y cómo aprendió esto y cómo puede hacer nuevos aprendizajes.
Mi objetivo en la terapia es realzar lo obvio, permancer ahí, conectado con la realidad, y alejarme de las fantasías y las verborreas.
Para mí lo obvio es una Gestalt que es atendida, y una gestalt es una pauta, un cómo, un código que la persona utiliza para vivir y conseguir cosas, porque corresponde a su historia personal y sus aprendizajes, y si es importante, nació al hervor de una trama afectiva, y ahí se ancló.
+ Fricción.
La fricción es parte integrante de una relación rica, y por tanto algo no sólo no evitable ni temible sino incluso promovible, siempre y cuando no sea gratuitamente, sino en un contexto con sentido. Recordemos la idea gestáltica del contacto como la apreciación de las diferencias.
Creo que las principales fricciones se producen cuando se cuestiona alguna presuposición nuclear de los esquemas de funcionamiento del paciente.
Me parece que acentuar lo fricional (emparentado con lo que en Gestalt llamaríamos frustración y confrontación) tiene que convivir con una gran dosis de contención, con la fe de que es un buen camino y mu especialmente con la actitud compasiva que me paree requisito necesario para que una fricción a provechosa terapéuticamente y no meramente una ristra de heridas sin sentido. La fricción no la entiendo sólo en la dirección de la agresión sino más generalmente en la dirección de esta zona de incomodidad y conflicto que sentimos cuando nos adentramos o adentramos al otro en espacios, vivencias y formas que no son las habituales.
No es posible una fricción útil si no está amparada y modulada por un sentimiento amoroso.

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