miércoles, 22 de julio de 2009

Eneatipo 6

6. LA COBARDIA. El que duda.

El pecado radical del “seis” es el miedo, un sentimiento que surge cuando se prevé una amenaza y que puede deberse a causas externas o internas. La amenaza o la sensación de peligro puede ser real o imaginaria, y puede guardar relación con realidades presentes o futuras. El “seis” es un especialista en idear escenarios catastróficos y es prisionero de sus propias trampas mentales.

Los miedos que le torturan tienen diversos nombres: miedo al cambio, miedo a equivocarse, miedo a lo desconocido, miedo a la soledad, miedo a la critica, a la hostilidad, al engaño o a la traición...

Frente a estos miedos, encuentra seguridad y refugio en la autoridad externa y en aquellas instituciones que representan puntos firmes de referencia para su acción. Los sufíes definieron a la Iglesia Católica como una iglesia constituida por tipos “seis”; pensaban efectivamente que el sistema romano se basaba excesivamente en el temor, y que había llevado a muchas personas a tener miedo de Dios, del clero, de los pecados mortales, de sí mismos y de su propio cuerpo. Especialmente en el período que precedió al Vaticano II, la Iglesia, a través de la fidelidad y la obediencia a sus verdades absolutas e indiscutibles, se presentó como un lugar ideal para las personas inseguras.

El miedo de los “seis” puede asumir diversas manifestaciones:

- La incertidumbre crónica: el “seis” vacila, no porque esté confuso acerca de las tareas que debe realizar, sino porque cuestiona sus propias capacidades. A menudo carecen de confianza personal, dudan de sí mismas, vacilan a la hora de tomar decisiones y tienden a recoger constantemente nuevas informaciones para no correr el peligro de equivocarse.

- La dependencia: La recuperación de la seguridad personal se produce a través de la fiel observancia de reglas y normas y la obediencia a la autoridad, mientras que las situaciones no estructuradas provocan ansiedad.

- La sospecha: El “seis” no se fía fácilmente de las personas y tiende a dudar de las intenciones de los demás. Presta atención a dudar de las intenciones de los demás. Presta atención a los mensajes verbales y no verbales o a los significados ocultos, desconfía y critica a quien transgrede, y está siempre atento a prevenir eventuales peligros.

- La intolerancia ante la ambigüedad: esta personalidad tiene necesidad de claridad, de llamar a las cosas por su nombre, y no soporta la idea de la ambigüedad; por eso puede mostrarse rígido e inflexible frente a aspectos o interpretaciones de la verdad que no coinciden con la suya propia o que le parecen dudosas y ambivalentes.

- La búsqueda de amistad: el “seis” evita el peligro de ser rechazado promoviendo una imagen positiva de si a través de la hospitalidad, la afabilidad y la amabilidad, a veces pecando de obsequioso o exageradamente fiel.

La salida del "seis" está en desarrollar la virtud del valor, que puede cultivarse mediante la práctica de actitudes como las siguientes:

- Consolidad la propia autoridad interior.

- Aprender a correr riesgos y a tomar decisiones para ganar confianza en uno mismo.

- Crecer más en los valores de fondo que en las normas o en las instituciones.

- Privilegiar la acción, en lugar de obsesionarse con elucubraciones mentales teñidas de miedos y peligros a menudo imaginarios.

- Responsabilizarse de las propias opciones y acciones, sin esconderse detrás de la autoridad.

- Expresar con claridad las propias ideas, sin dejarse llevar por el miedo o por la duda frente a las posibles reacciones o críticas.

- Promover la propia autonomía e independencia, tomando decisiones en sintonía con los propios valores, aunque puedan contrastar con el parecer de los demás.

- Ser audaces, no tener miedo a tener valor.
Temeroso, obediente, lleno de dudas. El pensar sustituye al hacer, teme hacerlo por temor de ser atacado al exponerse. Es leal a la causa, vacila, se siente perseguido y se rinde cuando le acorralan. Al sentirse acorralado sale a enfrentar el terror de forma agresiva.
Los “seis” más trabajados pueden ser excelentes miembros de un equipo, soldados leales y buenos amigos. Trabajan en una causa de la misma manera que otros trabajan para su beneficio personal.

Los “seis”, de jóvenes, recuerdan haber temido a las personas que tenían poder sobre ellas y haber sido incapaces de actuar por sí mismos. Para aliviar esta inseguridad tratan de encontrar una figura protectora sólida o ir en contra de la autoridad. Brindan lealtad a una institución protectora como la Iglesia, una empresa, etc. Son en extremo leales, encuentran en el grupo su identidad y su seguridad. La duda, incapacidad para decidir, miedo al castigo. Su vacilación deriva de su inseguridad.
Son paranoicos, se sienten vigilados. Son bastante tímidos, depende del subtipo (“seis”-belleza, “seis”-fuerza o “seis”-conservación). Luchan contra el miedo. Obedientes con los de arriba, autoritarios con los de abajo. Necesitan apoyarse en otros, buscan la alianza por temor a la propia indefensión. Tendencia a controlar sin permitirse el instinto o la intuición. Los hombres “seis” tuvieron problemas con el padre. Tienen un nivel muy alto de culpa. Una vez tomada una decisión, aún continúan con la duda. Los “seis”-fuerza necesitan demostrar su poder en cualquier situación para prever que nadie se les vuelva en contra, por miedo.

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