viernes, 23 de octubre de 2009

Matrimonio, dificultad

Anoche estaba leyendo el libro de Welwood "El desafío del corazón", y me pareció interesante traducir este párrafo para nuestro libro:
"En las sociedades tradicionales el matrimonio arreglado por los padres era la norma, basado en consideraciones de familia, status, salud, etc. El matrimonio era más una alianza de familias que de individuos. Servia para preservar el linaje y propiedades familiares y socializar a los niños en su lugar dentro de la fábrica social. Ninguna sociedad tradicional consideraba los sentimientos de amor espontáneos individuales como base válida para relaciones duraderas entre un hombre y una mujer.
Más que eso, ninguna temprana sociedad ha tratado, mucho menos tenido éxito, en juntar amor romántico, sexo y matrimonio en una sola institución.
La cultura griega juntaba sexo y matrimonio, pero reservaba el amor romántico parao las relaciones entre hombres y muchachos.
En el amor cortesano del siglo XII, del cual vienen nuestras ideas acerca del romance, el amor entre el hombre y la mujer estaba formalmente dividido del matrimonio.
No fue hasta el siglo XIX que los victorianos tuvieron una visión del matrimonio basada en ideales románticos. Pero lo excluido era el sexo:la mujer era considerada enferma si tenía deseo o placer sexual. El placer del sexo estaba relegado a los prostíbulos.
Es solo una creencia muy reciente que amor, sexo y matrimonio deben encontrarse en la misma persona. Somos los primeros que tratamos de juntar el amor romántico, la pasión sexual y un compromiso marital monógamo en un solo acuerdo. Según Margaret Mead, es una de las formas matrimoniales más difíciles que la raza humana ha inventado."
No digo que necesariamente esos aspectos (compromiso marital, amor romántico y pasión sexual) tengan que estar repartidos. Propongo que tomemos conciencia de la magnitud y dificultades que se presentan justamente al intentar reunirlos en un solo vínculo. Y esta breve historización, creo, conecta muy directamente con la posibilidad de esa toma de conciencia.
Jorge Bucay y Silvia Salinas

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