martes, 8 de junio de 2010

Diagnóstico, cuento

Un hombre a quien se consideraba muerto fue llevado por sus amigos para ser enterrado. Cuando el féretro estaba a punto de ser introducido en la tumba, el hombre revivió inopinadamente y comenzó a golpear la tapa del féretro. Abrieron el féretro y el hombre se incorporó.

-¿Qué estáis haciendo?, -dijo a los sorprendidos asistentes-. Estoy vivo. No he muerto.

Sus palabras fueron acogidas con asombrado silencio. Al fin, uno de los deudos acertó a hablar:

-Amigo, tanto los médicos como los sacerdotes han certificado que habías muerto. ¿Y cómo van a haberse equivocado los expertos?

Así pues, volvieron a atornillar la tapa del féretro y lo enterraron debidamente.

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