jueves, 15 de julio de 2010

El medio pollo

Érase una vez medio pollo. Tenía un ala, una pata, un ojo, media cola, medio pico, medio cuerpo, media cabeza. Siempre andaba hambreado, porque no podía retener nada de lo que comía. Por su medio estómago se le escurría todo. Por donde pasaba, sembraba la desolación.
El medio pollo devoraba las plantaciones de trigo, de maíz, de arroz y también lechugas, las legumbres, lo que fuera. Además, a pesar de tragarse un lago, un río, un mar, con sus peces, su sed no se calmaba...
Luego de un tiempo...
Después de recorrer desesperado el mundo entero, al regresar a su antiguo terreno, se encontró con otro medio pollo, tan muerto de hambre y sed como él. Al instante se amaron cual buenos hermanos. Decidieron juntarse. Apenas aproximaron los mediocuerpos, sus carnes y huesos se pegaron. Dejaron de ser dos para volverse uno. Desde entonces, el pollo se alimenta cada día con un grano de trigo y una gota de agua. Eso le basta para sentirse saciado.

Me hizo comprender que yo era sólo la mitad de mí mismo. Que mientras buscar fuera de mi espíritu, andaría angustiado.

Cada cuento es una mitad que nos entrega la tradición oral, la otra mitad habita en nuestra alma. Al unirse cada cuento on su interpretación, experimentamos una pequeña saciedad.

Para comenzar una relación de pareja es necesario que primero nos encontremos nuestra propia mitad, que nos integremos en nuestra dualidad masculino/femenino.

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