miércoles, 5 de enero de 2011

El valor de los cuentos

- Los mitos y los cuentos describen situaciones de urgencia y proporcionan las claves para responder a desafíos imposibles.
- Esta sabiduría milenaria...es de hecho, una auténtica ciencia de nuestra propia transformación.
- Los cuentos de hadas nos brindan la posibilidad de estudiar los fundamentos y nos proporcionan el rigor metódico de esta magia que hemos encontrado al azar de nuestra vida, a fin de anclar en nosotros procesos activos de transformación de nuestra vida.
- Los cuentos nos enseñan cómo asociarnos a la dimensión infinita de la vida, al Todo-es-posible, y a tratar los retos de la existencia mediante la magia de la inspiración: deseos-obstáculos-éxitos.
Estos tres planos están simbolizados por las funciones: rey (inteligencia que formula objetivos inaccesibles), Héroe (compromiso que enfrenta los obstáculos sin recursos) y Hada (la realización inesperada).
- Cada cuento es una aventura: es, un relato maravilloso, es también nuestra historia, la escenificación de nuestra vida, de nuestros deseos, de nuestras impotencias y de nuestros infinitos recursos.
- No se trabaja un cuento para interpretarlo, sino más bien para dejarlo hablar y producir en nosotros una resonancia singular y viva. Al reconocer nuestra propia historia en el cuento, podremos dejarnos guiar por su sabiduría y volver a conectar con este aliento de vida que ya hemos enconrtado en los momentos milagrosos..
- El cuento nos da acceso al potencial de consumación que late en nosotros: nos revela el sentido profundo de nuestras cuestiones principales y la dirección que debemos tomar para llevarlas a cabo.
- Para iniciarnos de manera concreta en esta sabiduría, basta con interrogar a los cuentos con preguntas vitales y querer obtener verdaderamente respuestas.
- Las imágenes de los cuentos, en virtud de su simplicidad, obran directamente. Y una vez que se hacen conscientes, pueden convertirse en un acelerador poderoso.
- El rey, el héroe y el hada están en nosotros: ¡vivámoslos!
Jean-Pascal Debailleul y Catherine Fourgeau

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