jueves, 6 de enero de 2011

La sombra en la vida

- La sombra personal se desarrolla en todos nosotros de manera natural durante la infancia. Cuando nos identificamos con determinados rasgos ideales de nuestra personalidad, cualidades que, por otra parte, son reforzadas sistemáticamente por el entorno (padres, parientes, maestros, amigos, sacerdotes), vamos configurando un Yo deseable. Al mismo tiempo vamos desterrando a la sombra aquellas cualidades que no se adecúan a nuestra imagen ideal. El ego y la sombra se van formando simultáneamente de la misma experiencia vital.
- La sombra opera como un sistema psíquico autónomo que perfila lo que es el Yo y lo que no lo es.
- Cada cultura -e incluso cada familia- demarca de manera diferente lo que corresponde al ego y lo que corresponde a la sombra. Por ejemplo: la expresión o represión de la ira y la agresividad; el reconocimiento o la negación de la sexualidad, la vulnerabilidad y las emociones intensas; la ambisión por el dinero, la expresión artística o el desarrollo intelectual, etc.
- No todo lo rechazado que va a la sombra es negativo. El "tesoro" encierra tanto facetas infantiles, apegos emocionales y síntomas neuróticos como aptitudes y talentos que no hemos llegado a desarrollar. La sombra permanece conectada con las profundidades olvidadas del alma, con la vida y la vitalidad; ahí puede establecerse contacto con lo superior, lo creativo y lo universalmente humano.
- No podemos percibir directamente el dominio de la sombra, ya que ésta por su propia naturaleza, resulta difícil de aprehender. La atención y la concentración exigen que ciertas cosas se mantengan fuera del campo de nuestra visión y permanezcan en la oscuridad. Es imposible estar en ambos lugares al mismo tiempo.
Sólo podemos ver la sombra indirectamente a través de los rasgos y las acciones de los demás (proyección).
- Nuestra sombra personal constituye una parte del inconsciente que complementa al ego
(Zweig, C. y Abrams, J., pp 17-18)
- Aunque no podamos contemplarla directamente la sombra aparece continuamente en nuestra vida cotidiana. (Miller, W., pp 39-42).
1) Solicitar el feedback de los demás.
Las personas que nos conocen bien (esposa, amigos, compañeros)nos pueden ayudar a descubrir nuestras facetas más oscuras. Sin embargo, no parecemos estar muy dispuestos a escuchar a estas personas; obviamente resulta menos peligroso escuchar a un extraño, pero también menos provechoso.
Cada vez que respondemos exageradamente "a favor" o "en contra" de algo y nos mantenemos inflexibles en nuestra actitud existen sobradas razones para sospechar que nos hallamos en territorio de la sombra y que haríamos bien en investigar. Si soy sincero conmigo mismo debería interesarme por lo que me dicen los demas -sea lo que fuere-. De modo que cuando la opinión de varias personas sea coincidente haría bien en tomar nota de sus observaciones -esté o no de acuerdo con ellos- y dedicarme a examinarlas con detenimiento.
2) Desvelar el contenido de nuestras proyecciones.
La proyección es un mecanismo inconsciente que acontece cuando se activa un rasgo o una característica de nuestra personalidad que permanece desvinculada de nuestra conciencia. Como resultado de la proyección inconsciente percibimos este rasgo en la conducta de los demás y reaccionamos en consecuencia. Vemos en ellos algo que forma parte de nosotros mismos pero que no reconocemos como propio.
Aunque las proyecciones pueden ser tanto negativas como positivas, la mayor parte del tiempo lo que vemos son atributos que nos desagradan a nosotros mismos. Por consiguiente, para descubrir el contenido de la sombra debemos examinar qué rasgos, características y actitudes nos molestan de los demás y en qué medida nos afectan.
Obviamente no todas nuestras críticas son proyecciones de rasgos propios indeseables pero cuando nuestra crítica sea desproporcionada o excesiva podemos estar seguros de que algo inconsciente ha sido estimulado y reactivado.
No se niega que la crítica a la conducta de la persona tenga fundamento, pero de ahí a que me exceda es diferente. En cierto modo, el rasgo proyectado debe estar ahí, de otra forma la proyección no tendría lugar, pero la intensidad de la percepción puede diferir notablemente.
3) Examinar los "lapsus" verbales y conductuales que cometemos e investigar lo que ocurre cuando los demás nos perciben de forma diferente a como lo hacemos nosotros.
Los lapsus linguae son aquellas equivocaciones involuntarias que nos ponen en un aprieto.
Los lapsus de conducta son aquellas conductas que parecen incompatibles a la persona que los comete y que dejan atónitos a todo el mundo -incluida, claro está, a la persona en cuenstión.
Otros lapsus se refieren a la forma en que nos presentamos de manera diferente a cómo pretendemos.
Todas estas situaciones nos permiten bucear en nuestro interior para beneficiarnos del autoconocimiento. De lo contrario queda la risa, ponernos a la defensiva, racionalizarlos o esconderlos.
4) Investigar nuestro sentido del humor y nuestras identificaciones.
La sombra suele hablar por el sentido del humor. Quienes rechazan y reprimen la sombra suelen carecer de sentido del humor y se divierten con muy pocas cosas. no cabe la menor duda de que lo que despierta nuestro sentido del humor, aquello que nos resulta exspecialmente divertido puede contribuir a aumentar nuestro autoconocimiento.
5) Analizar nuestros sueños, ensueños y fantasías
¿Qué pensamos cuando no pensamos "nada"? ¿dónde va nuestra mente? ¿qué imágenes o fantasías pueblan nuestro pensamiento?
Podemos descubrir pensamientos, proyectos, deseos y sueños que somos incapaces de aceptar a nivel consciente. Suelen ser fantasías de violencia, poder, riqueza y sexo.
Zweig, C. Encuentro con la sombra

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