lunes, 21 de marzo de 2011

El recluso

Un recluso iba a ser trasladado de una a otra prisi�n y para ello deb�a atravesar toda la ciudad. Le colocaron sobre la cabeza un cuenco lleno de aceite hasta el borde y le dijeron:
- Un verdugo, con una afilada espada, caminar� detr�s de ti. En el mismo momento en que derrames una gota de aceite, te rebanar� la cabeza.
Se sac� al recluso de la celda y se le coloc� un cuenco sobre la cabeza.
Comenz� a caminar con mucho cuidado, en tanto el verdugo iba detr�s de �l.
Hab�a llegado a pleno centro de la ciudad, cuando, de s�bito, tambi�n llegaron al mismo lugar un grupo de hermos�simas bailarinas. La pregunta es: �Logr� el recluso no ladear la cabeza para mirar a las bailarinas y as� mantenerla a salvo, o, por el contrario, negligentemente, mir� a las bailarinas y la perdi�?
*El Maestro dice: Los que no permanecen atentos es como si ya estuvieran muertos.

Tomado de �Cuentos Cl�sicos de la India� recopilados por Ramiro Calle

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