viernes, 1 de abril de 2011

Autoestima, relato

El monje Panshan había viajado por numerosas ciudades observando la vida y estudiando diligentemente en numerosos templos. Comprendía las enseñanzas de sus maestros y estaba siempre dispuesto a escuchar. Sin embargo, no había alcanzado aún el satori, la iluminación. Cuentan que un día Panshan paseaba por el mercado buscando algunas cosas para el templo cuando pasó cerca de un puesto de carnes en el que se exponía un gran jabalí asado. Varias personas se encontraban alrededor esperando su turno para comprar un poco de la sabrosa carne. Panshan se acercó y escuchó que uno de los clientes decía: - Quisiera medio kilo de carne especial. El carnicero, tomó la cuchilla y señalando con ella hacia el animal, sonrió y dijo: - En este cerdo, ¡¿qué corte no es especial?! Los clientes rieron, pero Panshan permaneció atónito, como golpeado por un rayo. En el camino de vuelta hacia el templo cada árbol, cada flor, cada hombre y cada mujer parecían brillar con un hermoso resplandor. Al escuchar las palabras del carnicero, Panshan había alcanzado la iluminación.

Demián Bucay

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