miércoles, 6 de abril de 2011

Autoestima

- "Quiérete a ti mismo" parece un buen consejo, sin embargo, pareciera que la estima propia estuviera ligada a una escala que mide, por así decirlo "cuán bien estoy como persona". - Cada escala de valores tiene imágenes y modelos reales. Por ejemplo, si para alguien la bondad y la inteligencia están en el tope, entonces Nelson Mandela es significativo. Este modo de pensar es conflictivo para las personas que no ocupan los primeros lugares con estas comparaciones. - Equipara el "amor por sí mismo" con la "alta estima" es peligroso. El riesgo es que las comparaciones, para los primeros puede conducirlos a la vanidad o a la soberbia, y para los segundos, los que se juzgan menos que otros, llegan a concluir que están mal y deben mejorar. Y mejorar implica dejar de ser como soy, debo ser otro. Esta actitud lejos de favorecer el amor por uno mismo, lo deteriora. Además, la posición en una escala es demasiado inestable porque depende del éxito o fracaso que obtengamos de lo que emprendemos. La comparación nos mete en una carrera macabra de vivir para conseguir logros y "aumentar" la autoestima. - Joseph Zinker dice: "El amor es el regocijo que siento por la mera existencia de algo". El "quiérete a ti mismo" que vale la pena construir es éste: el regocijarte por el hecho, asombroso, de que existas. El amor por uno mismo se nutre del valor propio por el simple hecho de ser quien soy: único. - Relato: "En este cerdo, ¡¿qué corte no es especial?!" - El amor por uno mismo no está en rivalidad con el amor por los demás. Al contrario, lo primero es quererse uno mismo. El amor no es un monto que se pueda terminar. Los celos se basan en la creencia errónea de que si quieres a alguien ya no te alcanzará para quererme a mi. - Algunos concluyen que Narciso se enamoró de sí mismo y por eso murió. Pero la otra parte de la historia es que su madre, para protegerlo de la muerte según el augurio, no le permitió conocerse. Así que cuando se observó en el reflejo del agua quedó impresionado. Pero no murió porque estaba enamorado de sí mismo, sino porque nunca había aprendido a amarse, de hecho ni se conocía.

Demián Bucay

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