miércoles, 3 de agosto de 2011

Zen y cristianismo

- El Zen nace en el siglo VI en China, del encuentro entre monjes budistas de la India con el taoísmo chino. Ambos cultivaban el arte de la meditación en silencio para percatarse de la realidad que trasciende los sentidos y el entendimiento.
- El Zen es un arte práctico que pretende llevar a ver la realidad y vivir despierto.
- En este camino prevalecen:
Zazen, sentarse a solas con el misterio; cuidando la postura corporal, la respiración y la actitud interior, "pensando lo impensable".
Samu, trabajo manual hecho con devoción.
Teisho, exposición por parte del maestro o maestra.
Dokusan, guía personal.
- Se transmite dentro de un marco de vida ética para observar una vida recta.
- No se basa en palabras o en letras. La realidad última es inefable, es una y la misma siempre y, sin embargo, se fue reflejando en un marco de enseñanzas y gestos característicos.
- Si bien el cauce del Zen es una vida ética y una enseñanza correcta, el cauce, no hace al río. El agua de este río es una fuente que mana del mismo corazón humano.
- El primer fruto del arte Zen es Joriki, una capacidad de concentración, de superar las distracciones de la mente y de vivir con serenidad y en paz en cualquier circunstancia. Lo acompaña con el tiempo Chie, una sabiduría que hace saborear las cosas de una manera nueva.
- El arte Zen lleva al despertar, a ver la realidad (Kensho) que no se ve con el ojo de la cara ni del entendimiento, y a la transformación o personalización de esta experiencia, a convertirse en despierto o buda (Jo-Butsu).
- El jesuita Enomiya-Lassalle ha introducido el arte Zen entre cristianos como un camino que lleva al despertar, a caer en la cuenta del misterio, vacío para los sentidos. Lleva a caer en la cuenta de la unidad -vacía- con todo y, en la medida que el despertar es genuino y va transformando a la persona, a la compasión y humildad. Despierta un sentido de reverencia incluso ante la más pequeña cosa. Lleva a vivir en libertad en medio de cualquier circunstancia, en medio del dolor, que no desaparece, y en medio de la alegría.
- Es un camino largo y exigente, que hace "morir en el cojín", para resucitar a esta vida nueva. El maestro zen es más comadrona que otra cosa.
- El Zen enseña al cristiano cómo cultivar una experiencia de Dios, yendo más allá del pensar. Le lleva a descubrir la dimensión mística de la Biblia, de Jesús el Ungido por el Espíritu de Amor, de la mística cirsitana, por ejemplo de San Juan de La Cruz y del Maestro Eckhart.
- Con el tiempo la persona descubre que no sólo aprende un modo de abismarse en el misterio, sino que aprende un nuevo "lenguaje" que lleva a percatarse y expresarse de una nueva manera y que abre horizontes, que ofrece posibilidades de tomar conciencia de ciertas dimensiones de la experiencia. Pues aunque la Realidad última, inefable, es una y misma siempre, el marco religioso en el cual se expresa influye en la posibilidad y el modo de experimentarla, así como en la interpretación de la experiencia.
Camino de Liberación en los cuentos

No hay comentarios:

Publicar un comentario