miércoles, 5 de octubre de 2011

La Metáfora

- En esencia el lenguaje es metafórico. Quizá con excepción de las onomatopeyas, las palabras no significan nada por sí mismas, sino por su relación analógica o metafórica con un objeto.
- El lenguaje está lleno de referencias, algunas internas al propio texto, como las anáforas (pronombres relativos a palabras que se han referido anteriormente) y las catáforas (pronombres o locuciones relativas a palabras que se han de referir con posterioridad) y otras formas de redundancia. Pero estas figuras sólo tienen un valor lexical.
- ¿ Por qué las palabras significan algo que no son ellas mismas sino objetos del mundo real, imaginario o conceptual?
Hay una correspondencia arbitraria entre léxico y semántica. La prueba es que una cosa se pueda decir de tantas maneras en idiomas distintos.
¿Cómo se pasa del léxico a la semántica, del significante al significado? ¿Cómo se crea el léxico?
En pocas palabras, una vez formado el léxico básico sobre él se van generando una serie de derivaciones que forman un nuevo vocabulario. Muchas se construyen por desinencias (leña - leñador, papel - papelería); por prefijos (a, con, in, per, re, ex - sistencia); de palabras compuestas (araña y tela - telaraña), etc.
Muchas de estas palabras ya son metáforas que se han incoroporado al lenguaje habitual por analogía. Por ejemplo: texto significa originalmente "tejido" (textum en latín) y ha pasado a significar un escrito en base a su estructura semejante al tejido, formada por la trama y la urdimbre, de sustrato material (los hilos) en un caso y semántico en otro. Se pueden designar muchos objetos o experiencias que no son materiales en su esencia, pero que guardan una analogía con algún elemento físico o experiencia sensible en su origen. Otro ejemplo: Angustia, relacionada con el concepto "angosto" o estrecho, ha derivado en la expresión de una sensación de opresión en el pecho de resonancias psicológicas.
- Para Lakoff y Johnson el lenguaje se configura en base a la experiencia y la analogía es el puente que permite unir la experiencia sensible con la representación mental. En consecuencia, ninguna metáfora puede entenderse o siquiera representarse adecuadamente de modo independiente de su base experiencial. Como decía el antiguo filósofo "No hay nada en el entendimiento que antes no haya pasado por los sentidos".
Frente a las metáforas poéticas, nos interesan las metáforas comunes como "perder el tiempo", "ir por caminos diferentes". Expresiones que son reflejo de conceptos metafóricos sistemáticos que estructuran nuestras acciones y nuestros pensamientos. Son metáforas vivas en las que vivimos. En metáforas de la vida cotidiana, Lakoff y Johnson (1986) presentan tres tipos de metáforas:
+ Metáforas de orientación: nacen de nuestra posición física en el espacio. Las principales son: arriba-abajo, dentro-fuera, delante-detrás, profundo-superficial, central-periférico. Por ejemplo: lo bueno está arriba, lo malo está abajo. "Levantar el ánimo", "tener el ánimo decaído".
+ Metáforas ontológicas: se caracteriza un fenómeno por su relación con una entidad, una sustancia, un recipiente, una persona, etc. Por ejemplo (la mente humana es un recipiente): "no me cabe en la cabeza", tener la mete vacía, métete esto en la cabeza, tener la cabeza hueca, etc.
+ Metáforas estructurales: una actividad o experiencia se estructura en términos de otra. Por ejemplo, el discurso como tejido: "perder el hilo", "las ideas están bien hilvanadas", "atar cabos", "narración con nudo y desenlace", "hilar muy fino", "urdir una excusa", "tramar un buen argumento o bordar un discurso".
- Podemos decir que el lenguaje y el pensamiento son en esencia metafóricos. Luego, muchas de estas palabras simples referidas a un elemento material o sensible va formando palabras compuestas o derivadas, a través de prefijos; por ejemplo, de la raiz "plicar" (plegar, meter algo dentro de otra cosa) podemos derivar com-plicar (meter una cosa con otra), ex-plicar (sacar algo de sus pliegues donde estaba oculto), im-plicar (meter una cosa dentro de otra), etc. Estas analogías han dejado de tener un valor metafórico -desde el punto de vista lexicográfico - aunque no conceptual, puesto que la relación entre significante y significado ha dejado de ser libre, pasando a convertirse en léxico directo.
- En consecuencia, reservamos el concepto de metáfora para aquellas asociaciones analógicas (en base a una semejanza) que conservan una relación libre, no fijada lexicográficamente. A veces la analogía se presenta como
+ comparación: "nuestras vidas son como los ríos".
+ equivalencia: "nuestras vidas son los ríos".
+ sustitución: "el río de la vida".
Una vez hecha la sustitución la metáfora adquiere entidad propia: "son la noche y el día", "es una muñeca de porcelana", "es un anténtico remolino".
A veces las expresiones metafóricas llegan a hacer metonimia, creando un significante nuevo: "había dos gorilas en la entrada de la discoteca".
La base sensible de la metáfora hace que ésta sea una imagen que nos permite representar un concepto abstracto de forma sensible (sonora, táctil, visual, etc.), no por sí mismo, sino por referencia al objeto material del que toma el parecido.
- Algunas metáforas tienen un carácter tan universal que casi parecen remitir a algún arquetipo inconsciente de modo que su presencia suele repetirse en sueños, como por ejemplo la experiencia del viaje, representado en forma de algún vehículo; la de volar o la de caer por un precipicio, etc.
Otras pertenecen claramente a grupos culturales, por ejemplo imágenes asociadas a las estaciones del año, por ejemplo: "la flor de la vida.
De entre los grupos culturales hay que hacer una distinción generacional; seguramente "haz un reset en tu vida", no significará mucho para nuestros bisabuelos. Al igual que para los jóvenes "el canto de las sirenas", o "el tendón de Aquiles", o "la espada de Damocles" no les dice nada.
Finalmente otras tienen un carácter más propio u original por cuanto son creadas (de aquí su carácter poético) de forma idiosincrática por algún individuo.
- El proceso de creación de una metáfora sigue tres pasos fundamentalmente:
1. Se parte de una experiencia vivida (por ejemplo maltrato, sentirse pisoteado, ignorado, etc.)
2. Se busca o se halla una imagen de algún objeto o situación donde se produce la acción y el efecto de pisotear, y viene a la mente la imagen de una alfombra.
3. Se establece el paralelismo, parangón o similitud entre la alfombra y la experiencia de sentirse pisoteado: "mi marido me trata como una alfombra, me pisa, me humilla, y de vez en cuando me sacude".
Con tres pasos una experiencia da origen a una metáfora viva: "ME he convertido en una alfombra".
Una vez establecida la metáfora de la paciente es importante poder retomarla a fin de mostrar no solamente la comprensión, sino poderle DAR LA VUELTA TERAPÉUTICA: una alfombra que se cuelga en una pared se convierte en un "tapiz" que es admirado y respetado por todos quienes contemplan su belleza.
Revista de Psicoterapia, 82-83

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