lunes, 26 de diciembre de 2011

Acción desinteresada


- “Lo que más me deprime es la absoluta vulgaridad de mi existencia. Jamás en la vida he hecho nada tan importante como para merecer la atención del mundo”.

- “Te equivocas si piensas que es la atención del mundo lo que hace que una acción sea importante”, dijo el Maestro.

Siguió una larga pausa.

- “Bueno, pero es que tampoco he hecho nada que haya influido en alguien, ni para bien ni para mal...”

- “Te equivocas si piensas que es el influir en los demás lo que hace que una acción sea importante”, volvió a decir el Maestro.

- “Pero, entonces, ¿qué es lo que hace que una acción sea importante?”

- “El realizarla por sí misma y poniendo en ello todo el propio ser. Entonces resulta ser una acción desinteresada, semejante a la actividad de Dios”.

Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”

A propósito del próximo fin de año y con él la renovación de los buenos propósitos. El cuento nos invita a revisar el por qué, la razón de todo lo que podemos hacer en un día, en una semana, en un mes, en un año, en toda una vida.
¿El motivo de nuestras acciones está en la búsqueda del reconocimiento de los demás?, ¿en la aceptación de los demás a nuestra persona?, ¿en la vanidad del saludo público o en la búsqueda de la buena opinión ajena?.
¿Será que nuestros actos vienen de la idea de ser un perfecto en las diferentes aristas en donde nos toca vivir?. Por ejemplo: ser un marido ejemplar, ser un padre intachable, ser un empleado de primer lugar, ser un hermano y un amigo incondicional. Y no porque la búsqueda de la excelencia personal sea un pecado, sino porque el medio es el viciado y al que hay que corregir.
El cuento nos indica el camino para conseguir lo más noble y gratificante que pueda venir. El camino es la concentración en cada acto por sí mismo. El acto que más enorgullece al hombre será el que viene de la totalidad de la persona: intelecto, emoción, libre voluntad.
"...semejante a la voluntad de Dios". Recuerdo aquello que dijo el maestro: "Sean perfectos como vuestro padre del cielo". La perfección que proviene de vivir completos en cada momento de la vida. Al estilo oriental que dice: "Cuando como, como. Cuando rezo, rezo. Cuando duermo, duermo".
En la Terapia Gestalt la vivencia del presente, del hoy, del momento, es el camino para vivir saludablemente. Es el ritmo del flujo lo que nos hace plenos, no el estancamiento de vivir en el pasado o en el futuro; como termina el cuento antes sitado: "Tú cuando comes, piensas en descansar; cuando rezas, piensas en dormir y cuando duermes, fantaseas".

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