jueves, 22 de diciembre de 2011

El gallo


A un emperador que amaba la pintura, se le antojó un día tener en la sala del trono el retrato de un gallo de combate. Pidió que le enviaran al mejor pintor y llegó ante él un maestro de maestros.
- ¿Cuánto tardarás en traerme el cuadro?
- ¡Majestad, si deseáis el mejor retrato de tan noble animal, es necesario que me concedáis seis meses!
El emperador accedió y el pintor se encerró en su taller. Apenas cumplido el plazo, el soberanos reclamó su obra. El maestro anunció que aún no lo había terminado y solicitó otros seis meses más. El gobernante, después de un acceso de cólera, accedió al pedido. Esperó obsesionado durante las veinticuatro semenas, y él mismo, con un impresionante séquito, llegó al taller. El artista se excusó y pidió otros tres meses más. El mandatario, al verse sin su gallo, enrojeció de furia:
- ¡Sea! Pero si para ese entonces no has terminado, ¡haré que te corten la cabeza!
Pasados los noventa días, el regente, seguido por sus verdugos, corrió hacia la casa del pintor. Éste los hizo pasar al taller, en donde sólo había una gran tela en blanco.
- ¡Cómo! -vociferó el emperador-, ¿aún no has hecho nada? ¡Ordenaré que te corten la cabeza!
El pintor, sin hablar, tomó su pincel y, con velocidad vertiginosa, de un solo trazo, pintó el gallo más hermoso que se hubiera visto en el Imperio. La belleza del ave era tan intensa que el emperador arrobado, cayó de rodillas ante la obra maestra. Cuando se repuso de la emoción, volvió a encolerizarse.
- Reconozco que eres el mejor, sin embargo...¡haré que te degüellen! ¿Por qué me has hecho esperar tanto tiempo si podías haber cumplido mi encargo en unos minutos? ¡Te has burlado de mi!
El maestro invitó al mandatario a visitar su casa. ¡Había miles y miles de dibujos de gallos, estudios anatómicos, aves disecadas, huesos del animal guerrero, innumerables intentos de cuadros, apuntes, libros sobre su crianza y corrales llenos de gallos vivos!
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La experiencia, la observación y el trabajo intenso conducen a la esencialización del gesto.
El objetivo personal, la misión, es un tesoro profundo que nos orienta en nuestra realización.
Jodorowsky, A. Metagenealogía, pp.138-139

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