lunes, 23 de enero de 2012

La gotita de agua


"He aquí que una vez, una gotita de agua vivía en el fondo del mar con sus hermanas.
La gotita era feliz, libre y rápida bogaba por los espacios inmensos del mar de tranquilas aguas trenzando rayos de sol con blondas de espuma blanca.
Qué contenta se sentía, pobre gotita de agua, de ser humilde y pequeña, de vivir allí olvidada sin que nadie lo supiera, sin que nadie lo notara.
Era feliz la gotita, ni envidiosa ni envidiada, sólo tenía un deseo, sólo un anhelo expresaba...
En la calma de la noche y al despertar la alborada con su voz hecha murmullo al Buen Dios así rezaba: "Señor, que se cumpla en mí siempre tu voluntad santa; yo quiero lo que Tú quieras, haz de mí cuanto te plazca"...y escuchando esta oración, Dios sonreía y callaba.
Una tarde veraniega se surmió la mar, cansada, soñando que era un espejo y el sol de fuego lanzaba sus besos ardorosos.
Era feliz la gotita, al sentirse besada por el sol. Con tiernas caricias, la atraía y elevaba hacia él y, en un momento, la transformó en nube blanca.
Se reía la gotita al ver cuán alto volaba y, dichosa, repetía su oración acostumbrada: "Señor, que se cumpla en mí siempre tu voluntad santa; yo quiero lo que Tú quieras, haz de mí cuanto te plazca"...y escuchando esta oración, Dios sonreía y callaba.
Mas llegando el crudo invierno la humilde gota de agua, estremecida de frio, notó que se congelaba y, dejando de ser nube, fue copo de nieve blanca.
Era feliz la gotita cuando, volando, tornaba a la tierra, revestida de túnica inmaculada y en lo más alto de un monte posaba su leve planta.
Al verse tan pura y bella, llena de gozo rezaba: "Señor, que se cumpla en mí siempre tu voluntad santa; yo quiero lo que Tú quieras, haz de mí cuanto te plazca"...y escuchando esta oración, Dios sonreía y callaba".

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