viernes, 13 de abril de 2012

Propuesta de Fritz Perls 3/7


C. Proyección e introyección. Ego como "carácter".

La verdadera dificultad para el ser humano estriba, precisamente, en saber cuáles son, en cada situación, los límites reales o auténticos de su ego. Todos conocemos esa sensación de "no saber qué hacer" a la hora de tomar una decisión, ese no saber en qué apoyarnos para optar por un camino o por otro, y en algunos, esa vacilación está dentro de lo neurótico. Es la duda crónica, la anormalmente angustiosa. Por supuesto que otra forma de neurosis es la de la persona que siempre parece tenerlo todo claro: tanto si arrasa pasando sobre los demás como si siempre pone a los demás delante de sus derechos -escapando del conflicto de defender sus derechos-.
- Todo mecanismo neurótico supone una apreciación equivocada de los límite "reales" del propio ego. En el caso del que arrasa, en realidad está extendiendo sus propios límites invadiendo el terreno del otro. Por ejemplo, cuando se emite un juicio sobre otro, achacándole alguna cosa y actuar en consecuencia. Es el fenómeno de la proyección, mecanismo neurótico considerado por Perls como el más difícil de concienciar y corregir.
 -A través de la proyección "ponemos" o "vemos" en el otro lo que en realidad es propio. La persona que proyecta no puede distinguir entre el mundo interior y el exterior. Ve en el exterior aquellas partes propias que se niega a identificar y reacciona con agresión. "La proyección de la culpa priva a la persona de las funciones del ego de contacto, identificación y responsabilidad".
- En el caso del que pone a los demás por delante, ocurre que la persona ni siquiera puede reconocer su propio interés como opuesto al del otro. Se identifica con la idea del "debería ser" para no buscar se problemas o no parecer egoísta; por lo tanto se aliena. La frontera se traslada al interior. Algo del otro se ve como propio. Es el mecanismo de la introyección. En ese juego proyección-introyección va a estar para Perls nada menos que el origen de la moral.
- Entonces: 
* Una cosa es tener dificultad para apreciar los límites de los propio y lo ajeno en una situación y otra es que aunque uno lo "tenga claro" y actúe en consecuencia, esa definición de los límites sea la "adecuada" en la situación y no represente más bien una "identificación/alienación" inadecuada.
Es inadecuada cuando se sacrifican "partes de la personalidad" más allá de lo que la situación requería (introyección, retroflexión), o si por el contrario, supone estar extendiendo inadecuadamente los límites de lo propio, al no respetar o no reconocer los límites de los demás (proyección) o al identificarse de forma global con alguna entidad, por lo general colectiva, que le sirve de referencia (confluencia).
- Dos planteamientos:
a) ¿Qué es lo que hace que los seres humanos tengamos dificultad de funcionar de acuerdo con nuestros límites reales en determinadas situaciones?, ¿Qué es lo que nos hace alienar partes de nuestra personalidad, sin ser conscientes de ello? , ¿Qué es lo que nos lleva a interrumpir el ciclo orgánico que nos llevaría a recuperar la homeostasis, el punto cero de reposo?, ¿Qué es lo que nos convierte en neuróticos?
b) ¿Cómo puede saber el sujeto, en una situación dada, si la gestalt que se forma de ella, o el patrón identificación/alienación que le aplica, son los correctos?
- En ambas cuestiones nos estamos moviendo en la pregunta clave: ¿Quién soy yo, quién no soy yo? Es el tema de la autenticidad, el leitmotiv que, en mi opinión (Pedro de Casso), preside y dirige de principio a fin todo el planteamiento de Perls.
Autenticidad entendida como la actitud del sujeto en cada situación.
- La respuesta a la segunda pregunta (b) es: en la medida en que subsista esa "identificación" del ego con sus introyectos le faltará el único criterio para guiarse en una situación dada que es la "sensación de sí mismo": objetivo de la terapia.
- La primera pregunta (a) nos remite al origen del carácter o del ego de la persona en cuestión. Pero Perls no gusta de mirar al pasado, prefería centrarse en el presente. Su interés es fenomenológico y pragmático.
A él le interesa la persona que tiene delante, con sus problemas concretos y con su historia concreta, pero vivida en el presente, en las dificultades que en el presente se le plantean, pues la persona trae su pasado constituído en su "caracter" o "ego".
En concreto: lo que nos hace separarnos de nuestros límites reales, alienar partes propias, es el hecho que nuestro ego o carácter nos mantiene identificados con nuestros introyectos, material ajeno que no masticamos y que identificamos como si fuera propio. Ese material, al no haber sido desestructurado "orgánicamente" en parte asimilable y parte desechable, opera en nosotros como cuerpo extraño que conlleva la sensación, generalmente inconsciente, de malestar -"no ser uno mismo"- y lucha interna. Al funcionar así -identificado con los introyectos y con límites falsos- vamos provocando interrupciones del ciclo orgánico y acumulando situaciones inconclusas.
La única forma como podemos recuperar la "sensación de nosotros mismos" consiste en "masticar" y desestructurar todo material ajeno introyectado, de modo que podamos "asimilar" lo que sintamos como "propio", y desechar todo el resto como "ajeno".
- Aquí es donde cobra sentido la palabra "agresión", como parte del "instinto de hambre", que Perls pretende aparejar al instinto sexual de Freud. También vincula la agresión con la "resistencia oral" -la negativa del bebé a "tragar" lo que no quiere-, con el que Perls aspiraba a destronar la concepción de que todas las transferencias del paciente son negativas y que algunas son rechazos reales del paciente por su analista en algún aspecto.
- Freud distinguía la introyección total -identificación con el progenitor, origen del complejo de Edipo- de la identificación secundaria -con el yo ideal o superyó, origen de la conciencia moral-.
Freud identificaba al yo con la esfera consciente del individuo y al ello con la esfera inconsciente, sede de los instintos, de la libido, de modo que la cura psicoanalítica venía a consistir, básicamente, en "hacer consciente lo inconsciente". Por medio de la asociación libre se trataba de vencer paulatinamente las "resistencias" del paciente a fin de conseguir el "retorno de lo reprimido", trayéndolo a la esfera del yo en la medida que éste fuera siendo capaz de asumirlo.
Pero ahora Freud, al reflexionar sobre el hecho de que ¡el yo es el que opone las resistencias! (mecanismos de defensa), se había visto a reconocer que "en el yo hay también algo inconsciente, algo que se conduce idénticamente a lo reprimido". Freud se ve obligado a reconocer el parentesco que vincula el yo al ello, hasta el punto de considerarlo una parte de éste.
Para Freud el yo es "una pobre cosa sometida a tres distintas servidumbres y amenazada por tres diversos peligros: el mundo exterior, la libido del ello y el rigor del superyó. Tres clases de angustias corresponden a esos peligros". Qué margen le queda a "la pobre cosa" sino la sublimación de los impulsos.
Perls, con su sentido práctico, no entra en sutiliezas conceptuales. Le interesa el sujeto adulto que busca ayuda por no saber cómo manejarse con sus conflictos, en los que pierde toda su energía. Él mismo experimentó más ayuda de dos psicoanalistas heterodoxos que se centraban más en el presente, Karen Horney y Wilhelm Reich.

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