lunes, 16 de abril de 2012

Propuesta de Fritz Perls 5/7


E. Ego como frontera de contacto. Confluencia y retroflexión.

- Para Paul Federn, el introductor de "las fronteras del ego", el ego es una substancia libidinal con fronteras permanentemente cambiantes para identificarnos pero pasa por alto la energía rechazante.
- En opinión de Perls, el ego comienza a funcionar cuando y donde el ser se encuentra con lo "extraño"; en otras palabras, entre aquella zona donde el "contacto" con lo que puede satisfacer la necesidad está permitido, y la zona donde ese contacto queda excluido. Ése es el verdadero ego, para Perls. No un ego rígido, de fronteras previsibles, y cuasi pasivo, como el freudiano, tironeado por impulsos y frenado por sus introyectos, sino un ego como función activa de contacto, como función orgánica de identificación/alienación, es decir, como delimitación orgánica de sus propias fronteras en cada situación.
- A la persona le corresponde establecer, en cada situación, las fronteras o los límites de lo correcto para satisfacer la necesidad sentida como más urgente, y lo que queda excluido.
En este proceso la persona puede estar gobernada por un "yo falso" (por su carácter o por introyectos) y elegir erróneamente debido a que vive alienado de su organismo. O puede estar gobernado por un "yo verdadero" (como función del organismo y que completará la homeostasis) y satisfacer la urgencia para quedar luego disponible para la siguiente necesidad.
- El caso más extremo de alienación de sí mismo es la confluencia. Perls la describe como la ausencia de límites frente a lo otro. Es la pérdida del sí mismo en cuanto adhesión indiscriminada, a opiniones, ideas o valores propios de la familia, la confesión religiosa, etc. esto es, de cualquier entidad colectiva que le sirve de referencia global en sustitución de sus propias referencias como individuo. Es el exceso de contacto por miedo a perderlo. Es lo contrario del aislamiento que se caracteriza por un exceso de límites por miedo al contacto.
- La retroflexión es una acción que originalmente se dirigía desde el individuo al mundo, cambia de dirección y se tuerce hacia atrás en dirección a su origen.
En una retroflexión existe una escisión de la personalidad, una parte activa, consciente, que actúa; y una pasiva, que sufre la acción. Por ejemplo: odio dirigido contra uno mismo, narcisismo, represión, autocontrol y suicidio.
- El autocontrol puede tener para el sujeto el sentido de fórmula equilibrante o vía media en el conflicto de necesidades personales/sociales; pero lo malo es que la sociedad tiende a asegurarse ese autocontrol de los individuos plasmándolo en normas o códigos morales, que al ser introyectadas favorecen el decantamiento neurótico de los individuos hacia un control excesivo. Ese autocontrol coronado de moralidad, puede llegar a perder su sentido social y a transformarse en virtud, en un ideal de perfección, que atenta neuróticamente a la debida satisfacción de las propias necesidades orgánicas.
- Así pues las normás éticas están para Perls en el origen de numerosas retroflexiones. Y toda retroflexión tiene su origen en algún introyecto. La acción se distorsiona en forma de culpa, vergüenza, autorreproche, etc., que se compensa con una inflación del autoconcepto de virtuoso o educado.

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