martes, 1 de mayo de 2012

Jesús, el narrador


- Es necesario abordar el tema de las parábolas separando el propósito evangelizador con que fueron escritas, del genuino arte narrativo de su contador oral. (17)
- Para Joachin Jeremias, la parábola aparece en el tiempo de Jesús como un género estrictamente nuevo. (17)
Se le puede relacionar con las fábulas griegas de animales, con algunos relatos metafóricos del Oriente y -siglos después- con los cuentos para niños cuya finalidad es siempre didáctica. (18)
- La parábola no exige la forzosa adición de explicaciones o moralejas proferidas por el propio autor.
Un buen cuentista, sea oral o sea literario, jamás explica sus relatos. El oyente o lector, por cuenta propia descifra su sentido, descubre su personal interpretación. (18)
Jesús lo sabía pero sus relatores parece que no. Las explicaciones que él mismo parece dar desmerece la fuerza de la misma historia.
Los críticos, los analistas, los educadores, pueden valorar, explicar, extraer moralejas que ayuden al receptor a entender, apreciar o asimilar una obra. (19)
Lo excéntrico, lo antiliterario al menos, es forzar a que el texto incluya tales explicaciones en boca del propio autor. Eso hicieron los bienintencionados evangelistas pero empañaron el arte narrativo de Jesús de Nazaret. (20)
- Las parábolas de Jesús son genuina literatura oral. (22)
Se advierten los elementos narrativos básicos de planteamiento, nudo y desenlace.
A la manera del "había una vez", el planteamiento arranca con frases como: "Un hombre sembró vides en su campo...", "Para celebrar el banquete de bodas de su hijo...", "Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó...", "Había en una ciudad un juez...", "Un hombre tenía dos hijos...", "Había un hombre rico que tenía un administrador...".
El nudo surge con una acción o situación que genera expectación: los invitados que se rehúsan a asistir a una cena o a una boda; el hijo menor que dilapida su parte de la herencia del padre; el hombre al que nadie auxilia luego de ser malherido por una pandilla de asaltantes; el sirviente al que se amo perdona una deuda y él no hace lo mismo con sus acreedores...
Como en todo relato breve, el desenlace (23) suele ser sorpresivo, paradógico, muchas veces desconcertante -una clásica vuelta de tuerca-, cuando privilegia el amor sobre la justicia, la astucia sobre la rendición. Ahí está el amo que felicita la sagacidad de un administrador a punto de ser despedido, el padre que premia al hijo arrepentido en lugar de hacerle justicia al hijo fiel, el asistente a un banquete que luego de ser invitado a última hora, es castigado por no vestir apropiadamente...
Cuando se suprimen las explicaciones postreras muchos finales dejan la parábola abierta, lo que no sólo imprime dramatismo al relato sino que impele al escucha, como en toda buena literatura, a construir el propio final o a extraer una conclusión subjetiva. (24)
- Los cuentos de Jesús eran en su mayoría charlas de sobremesa dirigidas a los de afuera más que a sus amigos. Eran cuentos mundanos. A excepción de unos cuantos -el del rico fatuo y Lázaro el pobre, el del fariseo y el publicano en el templo-, no hablan de Dios, no son prédicas estrictas. Son literatura y pretenden producir el efecto literario de sorpresa, de paradoja, de nueva oportunidad vital. (25)
- Numerosas parábolas, además, se antojan resumidas a su mínima expresión por los evangelistas. Las privan de su planteamiento y su desarrollo, y se concentran en un desenlace interpretado ya por su transcriptor. Esta reducción destruye lo que debió ser el cuento original y une de golpe tema con explicación para volverlo prédica ingeniosa. A ellas pertenecen "El acreedor que tenía dos deudores", "El espíritu inmundo que se dedica a vagar por lugares áridos", y las que establecen comparaciones del reino de Dios con realidades próximas, tangibles. (26)
- Las interpretaciones de las parábolas, las reducciones de ellas, y ciertas expresiones como las relativas al reino de Dios, impiden al hombre de nuestro tiempo entender en profundidad el mensaje implícito. (27)
- Edward Schillebeeckx propone otras palabras para el término "reino de Dios". Por ejemplo: causa de Dios; la causa del hombre, lo humano, es la búsqueda de Dios por amor a Dios.
Como "causa de Dios" puede probarse otras: proyecto, plan, sueño. Estas palabras depuran literariamente las parábolas del Nuevo Testamento, que develan el arte narrativo oral de ese Jesús charlista, contador de cuentos para los de afuera.
- Jesús es una parábola y cuenta parábolas -dice Schillebeeckx-. Jesús es una parábola viva de Dios". (29)

Leñero, V. Parábolas. El arte narrativo de Jesús de Nazaret.

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