martes, 26 de junio de 2012

12 Equivocaciones en la crianza de los hijos


1.  Amenazar a tus hijos con dejarlos atrás o abandonarlos
Aunque todos conocemos la situación y comprendemos cuán frustrante puede llegar a ser convencer a un niño de que es hora de irse, debemos saber que caer en la  tentación de amenazar a nuestros hijos con abandonarlos es altamente contraproducente.
El sentimiento de unión y cariño que un niño siente por sus padres o cuidadores es una de las cosas más importantes para su desarrollo, especialmente en los primeros años de vida. El Dr Alan Sroufe, profesor de psicología del Instituto de Desarrollo Infantil de la Universidad de Minnesota, dice que amenazar a un niño con abandonarlo puede desestabilizar los fundamentos de seguridad y bienestar que los padres representan. Según Sroufe, decirle a un niño “Me voy a ir y te voy a dejar aquí” resulta aterrador para ellos y puede implicar que comience a erosionarse esa unión y relación que tiene con sus padres como la base desde la cual se enfrentan al mundo.
La próxima vez que esté tentado a amenazar a su hijo, mejor trate de explicarle la situación de manera sencilla y prepararlo para la transición ya que esta puede resultar especialmente difícil para los niños. Trate de explicarle que se acerca la hora de la cena o la hora de hacer la tarea  y que en cinco minutos comenzarán a guardar los juguetes. Luego alértelo al cuarto, tercer, segundo y primer minuto restante para que pueda estar consciente de lo que viene. El mismo tipo de negociación puede funcionar si su pequeño está gritando en el supermercado porque está harto de hacer diligencias: Enumere la cantidad de cosas que aún necesite antes de que el “Tiempo de mamá” (o “tiempo de papá”) termine para poder ir jugar o al parque. Esta es una buena estrategia para que el niño se sienta involucrado con el plan.
2. Mentirle a tu hijo
Esta es una de las reglas de oro de la crianza: “No le mientas a tus hijos”. Por ejemplo, decir que la mascota se ha ido a una casa en las afueras de la ciudad cuando en realidad el animal ha muerto, es un error común. Torcer la realidad de esta manera no es malicioso, pues en realidad estamos tratando de proteger los sentimientos de nuestros hijos, pero el no saber cómo manejar éstas situaciones difíciles, evitar el asunto o inventar mentiras para evitarles dolor, puede resultar contraproducente pues resulta una distorsión de la realidad, lo cual es innecesario y potencialmente dañino.
Es importante que la explicación de la realidad se ajuste a la edad de nuestros hijos. Un niño muy pequeño no necesita una explicación larga y detallada sobre la muerte; decirles que una persona o animal muy viejos o muy enfermos no pudieron ser curados por el doctor puede ser más que suficiente.
3. Ignorar tu propio mal comportamiento
Algunos padres siguen el viejo mantra “Vive según digo, no según hago”, pero hay muchos estudios que prueban que esto no funciona. Para empezar, los niños aprenden mediante el ejemplo, simple y sencillo; absorben todo lo que los rodea y copian los buenos y los malos comportamientos desde que son muy jóvenes.
Por esta razón, el experto Dr. David Elkind de la Univesidad de Tufts, dice que dar el ejemplo en cuanto al comportamiento que queremos que tengan nuestros hijos es lo mejor que podemos hacer  como padres. Lo que hacemos importa mucho más que lo que decimos.
Por ejemplo, los hijos de fumadores o de padres con sobrepeso son mucho más propensos a ser fumadores o a tener sobrepeso que los hijos de no fumadores o de personas de peso normal. Incluso cómo tratas a tu familia, cómo interactúas con extraños, animales y el ambiente son conductas que tu hijo copia y repite. ¿La mejor manera de que los niños coman vegetales? Cómelos tú mismo con entusiasmo. Los niños detectan la falsedad a kilómetros de distancia así que creer en lo que haces es parte integral de poner el ejemplo.
Si quieres que tu hijo sea amable y respetuoso, asegúrate de exhibir esos comportamientos tú mismo. Los padres son el principal modelo a seguir de un niño.
4. Asumir que lo que funcionó con el primero -o contigo- funcionará con el segundo
Como destaca Elkind, “la misma agua hirviendo endurece al huevo y ablanda a la zanahoria…El mismo patrón de crianza puede tener diferentes efectos dependiendo de la personalidad del niño”
Si tienes más de un hijo probablemente habrás notado no sólo que sus personalidades varían bastante, sino que otras variables como los hábitos de sueño, la atención y estilos de aprendizaje también pueden ser muy distintos entre cada niño. El primer hijo puede buscar apoyo y estímulo constantemente, mientras que el segundo puede no necesitar nada de eso. Algunos niños responden mejor a lazos firmes mientras que otros necesitan menos de ellos.
Lo mismo ocurre con las necesidades que tuvieron los padres cuando eran pequeños respecto a las de los niños de hoy en día. Mantener en mente esas diferencias al criar a tus hijos es esencial; no es fácil, ya que requiere que sigas aprendiendo y evaluando en vez de confiar en tus experiencias y memorias, pero tomar en cuenta las necesidades de cada niño hará más por el desarrollo de tus hijos y de ti mismo.
5. Tener un ataque de pánico porque tu hijo rompió una regla
La mayoría de los padres establece qué está bien y qué está mal en sus casas, pero lo que hacen cuando sus hijos rompen las reglas puede hacer una gran diferencia entre enseñarle a un niño una lección o simplemente crearle molestias y resentimientos. Según el Dr. W. George Scarlett, vicepresidente del Departamento Elliot-Pearson de Desarrollo Infantil de la Universidad de Tufts, una manera de “malcriar” a un niño es perder de vista el contexto de la situación y de todas las otras variables que son parte del ambiente en el que se les enseña y en el que viven.
Por ejemplo, si tu hijo lleva a casa un videojuego violento a escondidas, no es el fin del mundo, asumiendo que le estás proporcionando una convivencia positiva y llena de apoyo. Así que una “mala” actividad de vez en cuando no será perjudicial para el desarrollo de tu hijo si el otro 99% de sus actividades están más alineadas con tus creencias y principios.
Scarlett dice que “el mensaje general podría ser este: que los métodos, hábitos y comportamientos particulares no son tan importantes como la actitud y la habilidad de los padres para considerar el punto de vista de los niños como si fuese la de un adulto”. Si un niño es criado en un ambiente amoroso, en el que es respetado y sus sentimientos tomados en cuenta, entonces las actividades a las que usualmente diríamos “de ninguna manera” no tendrán un impacto tan negativo en su desarrollo.
6. Pensar que tu bebé no debe ser tratado como un bebé
A pesar de las viejas creencias, es prácticamente imposible malcriar a tu bebé atendiendo sus necesidades o cargándolos por mucho tiempo en tus brazos. El Dr. Tobah Klein, director del Centro Barnard Toddler de la Universidad de Columbia, explica que “no puedes malcriar a un bebé cargándoloo atendiéndolo mucho. Las investigaciones muestran exactamente lo opuesto. Los bebés que reciben cuidados más sensibles y atentos se convierten en niños más competentes e independientes”.
Atender a tu bebé cuando llora sólo puede ayudar. Después de todo, los bebés lloran por alguna razón: es una señal de que algo está mal y necesitan que mamá o papá los ayuden a arreglarlo. Saber que los padres están ahí para componer las cosas que estén mal crea una sensación de seguridad que permanece con ellos mientras crecen.
En los niños más grandes hay  una diferencia entre atención y mimo. Por ejemplo, cuando un niño se cae, usualmente mira a sus padres para saber cómo debe responder. Cuando los padres exageran por un raspón de rodilla, el niño también lo hace. Pero cuando los padres se comportan con tranquilidad (quizá diciendo “Uy, te caíste. Pero no pasa nada, parece que estás bien, ¿no?”), el niño probablemente responderá de forma similar.
7. Castigar o regañar a tu hijo cuando se molesta y golpea o lanza cosas
Que expresen su molestia golpeando o lanzando cosas es un comportamiento perfectamente normal para un niño. Es una manera que tienen para expresar sus emociones pues sus habilidades lingüísticas y cognitivas son limitadas. Castigar o regañar por este comportamiento no es la manera de solucionarlo pues les causa la impresión de que sentir esas emociones está mal.
Klein sugiere que en vez de regañar a un niño por una pataleta es mejor “ayudarlo a entender sus emociones negativas (molestia, tristeza) y al mismo tiempo que entiendan porqué se sienten así los ayudará a desarrollarse de manera más competente social y emocionalmente. Así que crear empatía con el niño a la vez que se establecen límites, en vez de regañarlo o castigarlo, da mejores resultados a largo plazo”.
En vez de censurar las emociones de un niño, es preferible ayudarlo a entender su frustración y hacerle saber que está bien sentirse así pero que hay una mejor manera de expresarlo.
8. Tratar de ser el amigo de tu hijo en vez de su padre
Todos los padres quieren gustar y ser amados por sus hijos, y, ser vistos como personas cool es especialmente importante para algunos padres, lo que los puede hacer caer fácilmente en el rol de amigo y dejar de comportarse como padres.
Los padres muy permisivos pueden ser una preocupación en muchas áreas. Encontrar la manera de ser una figura de autoridad y ser confiable puede ser complicado, pero es importante hallar un balance. Ser una autoridad – usando tus años de experiencia y conocimiento acumulados para explicar a tus hijos – es diferente a ser autoritario, o alguien que dice “A mi manera o de ninguna manera”. No es difícil adivinar cuál tiene los resultados más beneficiosos a largo plazo en un adolescente o un niño joven.
9. Llenar la despensa con comida chatarra y faltar a las comidas familiares
Cada vez más investigaciones muestran que las familias que comen juntas son más saludables, física y mentalmente. Como dice el Dr. Sue Hubbard, “las comidas familiares se han convertido en una rareza en vez de ser la norma. No está claro cómo ha evolucionado el asunto, pero numerosos estudios muestran que los niños que comen en familia son más exitosos académicamente, tienen menos problemas de atención, menos uso de drogas y alcohol y definitivamente tienen mejores modales en la mesa”.
El pediatra Jim Sears dice que llenar los gabinetes con comida chatarra es otro error común. Privar a los niños de comida saludable y llevarlos al sobrepeso es, sin duda, una manera de malcriarlos.
10. No caminar, ir en carro a todos lados
Sears aconseja a las familias optar por la actividad física siempre que sea posible. Dice “con esto no me refiero a ir al gimnasio cinco días a la semana… Lo que quiero decir es que decidas ser activo siempre que puedas. Ir a la escuela a pie o en bicicleta, caminar al parque, el correo o el café… Puedes caminar un par de cuadras para ir a almorzar y luego subir las escaleras.” Incluso podrían pensar en comprar un perro para obligarse a pasear.
Tus hijos pueden protestar y quejarse si les dices que se cancela la película y que en cambio se irán a  escalar y a hacer un picnic, pero esos hábitos se quedarán con ellos para siempre. No solamente harán que los niños sean más sanos (se ha comprobado que mientras más activos seamos, reducimos los riesgos de padecer obesidad, enfermedades cardíacas y diabetes) sino que probablemente ellos transmitirán este estilo de vida sano a sus propios hijos.
11. Pensar que tienes toda la responsabilidad -o ninguna- en el desarrollo de tus hijos
Todos estamos conscientes del impacto que los padres tienen en los hijos, pero algunas veces es fácil llevar esa idea al extremo y sentir que todo lo que hace un padre tiene un efecto irreversible en el desempeño del hijo.
El Dr. Hans Steiner, profesor de psicología infantil de la Universidad de Stanford, advierte a los padres que no asuman toda la responsabilidad por los asuntos de sus hijos. Hay muchos otros factores en sus vidas que afectarán su desarrollo y su personalidad: genes, otros miembros de la familia, la escuela, los amigos y más. Así que cuando algo salga mal, no te culpes, ya que es posible que no hayas sido tú o sólo tú el causante del problema.
Por otro lado, dice Steiner, no creas que no representas ningún papel en el desarrollo del niño. Algunas personas asumen que el éxito y los problemas de sus hijos se deben principalmente a causas genéticas, a los profesores o la escuela, en vez de a ellos. Se debe hallar un balance entre ambos extremos. Los padres son un factor importante en la vida de sus hijos, pero no son el único factor.
12. Asumir que hay una sóla manera de ser buen padre
No hay un modelo de paternidad establecido que funcione para todos los casos ya que las personalidades de los niños varían mucho. El temperamento de tu niño puede ser distinto al tuyo y no puedes cambiar ninguno, pero una vez que lo has descubierto, puedes implementar nuevas maneras de interactuar con él causando menos desacuerdos. Un reciente estudio de la Universidad de Washington descubrió que los padres más sintonizados con la personalidad de sus hijos creaban en ellos menos depresiones y ansiedades que aquellos menos sintonizados.
Estar consciente de el temperamento natural y las necesidades de tu hijo es una de las partes necesarias (y maravillosas) de ser un padre. Hay muchas cosas que no puedes cambiar, así que deléitate con la personalidad que él o ella tiene y que se desarrollará en los próximos años.
Vía ProDaVinci

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