jueves, 11 de octubre de 2012

Corazón seco


Una anciana piadosa había construido en su propiedad una ermita donde daba cobijo a un guapo asceta. Un día, visitó a la anciana una hermosa muchacha que, además de serena e inteligente, era limpia de espíritu. La anciana le preguntó:
-¿Has visto al guapo monje?
-Sí -contestó ella.
-Pues ve con él. Estará meditando, pero bésalo y junta tu cálido cuerpo con el suyo -sugirió la dueña.
La muchacha así lo hizo.
-Hermoso ermitaño -dijo la joven al verlo-, tu belleza ha hecho que nazca en mí el amor -y al decir estas palabras, besaba su boca y acariciaba su cuerpo.
El monje, sereno, contestó:
-Soy árbol seco, soy roca fría.
La joven volvió junto a la anciana contándole lo sucedido. Al oírlo, reaccionó furiosa:
-¡Creí que en la ermita había un monje, y en vez de un hombre hay un árbol seco, una roca fría! ¿Cómo he podido albergar a tal monstruo todos estos años?
Y salió con un palo a echar a golpes a aquel individuo de su ermita

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