jueves, 17 de enero de 2013

El diálogo, comunicación


Según definimos al diálogo, éste gira alrededor de la comunicación o del hecho de compartir emociones.
El propósito del diálogo consiste en permitir que la pareja llegue a un conocimiento y comprensión más profundo y a una aceptación más completa uno del otro en el amor.
El diálogo siempre se dirige hacia el encuentro, hacia la experiencia mutua de la otra persona al compartir los sentimientos. No es para solucionar problemas ni intercambiar ideas ni para escoger o para dar y recibir consejos, ni para hacer planes o para razonar las cosas. Todo esto pertenece a la discusión.
El supuesto del diálogo es que todos los sentimientos son reacciones muy naturales, que son el resultado de innumerables influencias espaciadas a lo largo de toda la vida de una persona. Pueden ser estimuladas por otra persona, pero nunca causadas por ésta. Están dentro de nosotros y es muy probable que hayan estado almacenadas en nosotros desde nuestra más tierna infancia. No representan peligro alguno y no tienen implicaciones morales. Nadie necesita tener una razón, justificación o explicación de lo que siente. Está bien sentir lo que sentimos. El único verdadero peligro consiste en pasar por alto, denegar o negarnos a expresar nuestros sentimientos.
La represión o la no expresión de las emociones conduce a una distorsión generalizada de toda la personalidad humana y también conduce a una gran variedad de dolorosos síntomas.
En el diálogo no hay lugar para la discusión, puesto que el diálogo es, en esencia, el intercambio de sentimientos y no puede haber argumento en torno a lo que la persona siente.
El verdadero diálogo se caracteriza por un sentido de colaboración, no de competencia. Si hay sensación de competencia, entonces no habrá diálogo. Si un miembro de la pareja piensa que el otro no debería sentir lo que siente, entonces no ha comprendido de qué se trata. El diálogo es el simple intercambio de sentimientos sin analizar, racionalizar o asignar responsabilidades por esos sentimientos.

MOTIVOS PARA EL DIÁLOGO
Las personas que intentan dialogar deben escuchar con sensibilidad sus motivos.
En general, nuestros motivos siempre se asoman a pesar de nuestros esfuerzos por disfrazarlos y el otro miembro de la pareja lo capta intuitivamente.
Hay tres posibilidades que deben ser consideradas en especial:
* Ventilar, desembuchar. Quiero sentirme mejor y necesito hablar de mí, de modo que te utilizo como basurero de mis desechos emocionales.
La ventilación ocasional de este tipo es comprensible, pero nadie quiere ser considerado un basurero por costumbre ni una toalla llorar.
El hecho de desahogarme contigo de mis problemas emocionales para poder sentirme mejor es egoísta. Una persona así tiene poca capacidad para dialogar o amar.
* Manipular. La pregunta no expresada es ¿Qué puedes hacer por mí?. El amor es liberador y su pregunta es ¿Qué puedo hacer pot ti?.
La manipulación busca satisfacer mis necesidades. Ahora bien, habrá ocasiones en que yo necesite tu ayuda, tu escucha, pero yo debo entender que por pedírtelo no pierdes tu libertad de rechazar mi petición.
La manipulación en el diálogo busca que la otra persona haga algo para remediar mi situación, lo convierto en responsable de lo que siento.
Por ejemplo, yo puedo decirte: Me siento solo. Estoy pasando por una etapa de soledad y quiero que lo sepas porque quiero que me conozcas. La otra forma es: (con sutiles insinuaciones de voz, expresión facila de tristeza) Me siento solo...

Cuando habitualmente estamos motivados por el deseo de ventilar o manipular, convertimos a las personas en cosas.
Los dos motivos nos hacen buenos oradores pero no mejor personas.

* Comunicación. Es el único motivo del verdadero diálogo. Significa compartir el verdadero ser. Deseo darme a mí mismo en la autorrevelación, en la transparencia.

LA CONFIANZA ES UNA OPCIÓN
El riesgo de la transparencia emocional es una realidad que puede asustar. Lamentablemente no hay seguridad y garantía absoluta de ser recibido. sin embargo, la única forma de aprender a confiar es confiando, de aprender a dialogar es dialogando.
El diálogo requiere de un acto de voluntad: voy a confiar en tí. No puedo estar seguro. Tal vez me decepciones. Pero voy a arriesgarme, voy a probar. Voy a revelarte mis sentimientos más sensibles porque deseo darte mi regalo más valioso...porque te amo. Porque te amo te doy mi confianza.

El deseo de seguridad al 100% es una preocupación neurótica. Y por eso, la mayoría prefiere tener una actitud de cerrazón, de barreras contra el acercamiento de los otros.
Existe el mito de que necesitamos protegernos de los demás para vivir más seguros y protegidos, suena bien. Sin embargo, lo que en verdad necesitamos es un confidente total, que nos conozca por completo y otros amigos, que nos conozcan muy profundo. Los espacios privados que creemos necesitar son la muerte para la intimidad humana tan necesaria para la plenitud de vida.
Sólo puedo conocerme si confío en tí. Si me siento libre de prohibiciones iré con seguridad hasta lugares dentro de mí que no sabía que existieran. Tu amor me ayuda a ser más honesto conmigo mismo. Si yo me oculto de ti, siempre temeré que me amas por la parte de mí que te he mostrado, pero que si me conocieras todo mi ser, no me amarías.
"La bondad sin honestidad es sentimentalismo; la honestidad sin bondad es crueldad". El genio de la comunicación es la habilidad de ser totalmente honesto y totalmente bondadoso al mismo tiempo.
Y ¿qué pasa con las cosas que no son estrictamente emociones, como un "secreto del pasado"?
Algunos dicen que no puedes ser totalmente franco y honesto con las personas que amas. Las destruirías. O quizá mi pareja en el diálogo, empezaría a desconfiar de mí o pensaría diferente de mí. Esas personas dicen que sólo necesitamos ser reales en la parte de nosotros mismos que sí revelamos.
Yo creo que no. Que esas cosas que no son emociones pero pueden tener profundas implicaciones emocionales, deben comunicarse con prudencia en el momento oportuno.
Cada persona tiene una opinión fundamental sobre la estabilidad, la profundidad de la comprensión y aceptación de la relación involucrada. Si no es posible realizar la comunicación en el presente entonces la revelación se hará en un futuro, cuando se alcance la necesaria comprensión y aceptación. Siempre hay tarea en el trabajo de la contención.

CÓMO HABLAR EN DIÁLOGO
"Yo quiero que me conozcas.
Vengo a dialogar buscando una comprensión mutua, no pretendo la victoria.
Quiero compartir contigo mi posesión más valiosa, yo mismo.
Mis emociones me advierten que este e sun asunto muy arriesgado y lo sé.
Pero quiero arriesgarme porque te amo y porque quiero que éste sea un acto de amor.
Sé que el mejor regalo soy yo mismo a través de la autorrevelación...
Te pido tu comprensión y aceptación.
Te invito a que correspondas, a que te compartas conmigo.
Tú sabrás instintivamente que te estás arriesgando.
Tal vez el hecho de que yo me arriesgue contigo te permitirá arriegarte conmigo.
Cuando estés listo para correr ese riesgo, te estaré esperando.
No sientas que debes responderme con mis condiciones o cuando yo quiera.
El amor es liberador y así, mi amor siempre te dejará libre para responder a tu manera y cuando quieras.
La esencia del riesgo es que tengo necesidades.
Cuando te revele mis sentimientos lo sabrás.
Te hablaré de mi soledad, mi desaliento, mi autocompasión, mis temores para enfrentarme a la vida.
No soy autosuficiente.
Dejaré la apariencia de control y mis máscaras para ocultarme.
Mi ego se defendía e impedía que conocieras mi verdadero yo.
Cuando yo haya abandonado mis demás juegos, mis simulaciones y farsas y cuando haya quedado desnudo ante ti ¿Permanecerás a mi lado?"

Con el fin de lograr la calidad de descripción emocional que permita que la persona que escucha experimente las mismas emociones, la persona que habla primero debe tratar de sentir sus emociones de la manera más profunda posible. La mayoría de la gente no dedica tiempo suficiente a permitir sentirse. Tenemos la tentación de salir corriendo en busca de alguna distracción o a racionalizar los sentimientos.
Es obvio que yo solamente puedo comunicarte aquello que he estado dispuesto a escuchar de mí. Si yo me escucho vagamente no conseguiré compartir mis sentimientos profundos y las experiencias pico no llegarán.
Una emoción bien sentida logra trasplantarse en el otro.
En el diálogo digo mi verdad individual, que me hace diferente de todos: mis sentimientos.
El contexto del diálogo es responsabilidad de la persona que habla. Puede visualizarse en tres partes:
* Una breve descripción de ti mismo en términos de influencias físicas, subjetivas, que pueden estar afectando tu estado emocional.
* Los acontecimientos específicos del día que estimularon las emociones que serán reveladas.
* Las emociones mismas.
Los dos primeros son breves porque el corazón del diálogo son las emociones.

CÓMO ESCUCHAR EN DIÁLOGO
El 50% de nuestro éxito personal en el diálogo se determina por la forma cómo escuchamos.
Si una persona no escucha, es porque no le interesa o porque se siente amenzada por lo que podría escuchar.
El verdadero diálogo y la verdadera escucha sólo puede ocurrir en un ambiente de comprensión y amor.
La virtud especial de la persona que escucha en el diálogo es la empatía, la identificación. La persona que escucha sólo quiere comprender. Para hacerlo debe estar disponible, salir de sí mismo en un acto de escuchar. Sólo busca comprender. No tiene sugerencias preparadas, ni soluciones fáciles ni pildoritas de compasión para repartir.
No interrumpe excepto cuando es necesario para comprender mejor.
No piensa en su respuesta mientras el otro habla. Y cuando las emociones del que habla toman forma clara, las acepta dentro de él.
Respeta la diferencia de la persona que habla, a diferencia del que sólo tolera.
No examina a la persona con esquemas de comportamiento personales.
Escuchar significa atender lo que se quiere decir, más a las palabras. Es escuchar con el corazón, no con la cabeza. Al escuchar, leemos entre líneas para descubrir a la persona que se está revelando.
Escuchar envuelve el problema de la semántica. Las mismas palabras llevan una connotación diferente para ti que la que llevan para mi. Por eso, nunca te podré repetir lo que tu dijiste, sino sólo lo que yo escuché. Tendré que repetir lo que dijiste y comprobarlo contigo para asegurarme de que aquello que salió de tu mente y tu corazón llegó a mi mente y a mi corazón intacto y sin distorsiones.
Gabriel Marcel dice que "la presencia y la disponibilidad" son la esencia del amor.
Si tengo éxito al escuchar, transmitiré a la persona que está hablando la seguridad: "¡Te escucho!" Y su reacción será algo así como "¡Gracias a Dios! Por fin alguien sabe lo que es ser como yo".
Un buen oyente tiene respeto por el misterio de la persona humana, sus procesos y sus ritmos.

EL COMPAÑERO QUE NO COOPERA
¿Y si mi pareja no quiere exponer sus sentimientos?...
Las causas por las que una persona no se revela son difíciles de diagnosticar.
Sin embargo, supongo que todos los seres humanos quieren ser francos, quieren que se les conozca y quieren ser amados. La soledad y el aislamiento son condiciones dolorosas y sólo se soportan cuando se teme algo peor. Si mi pareja sigue cerrada, entonces es que tiene algo qué temer.
La mayoría de los psicólogos opina que si una de las partes en una relación de amor se abre a la otra real y verdaderamente, como un acto de autorrevelación, la otra pronto corresponderá.
Las personas que tienen parejas que no cooperan podrían preguntarse acerca de su forma de dialogar y escuchar. Quizá hay algo qué mejorar.

LAS EMOCIONES NEGATIVAS
¿Qué hago si me siento hostil, enojado, etc.?
El verdadero amor requiere un compromiso de honestidad total entre las dos partes. Deben acordar, desde el principio, que las emociones negativas serán tan bienvenidas en el diálogo como las emociones positivas. La realidad es que si no las comparto en el diálogo, las padeceré (dolores de cabeza, úlceras, etc.), las actuaré (con periodos de silencio, jueguitos de rencor, negarse a conceder muestras de afecto, etc.) o las sacaré con espectadores inocentes (gritando a los niños, irritabilidad con los compañeros de trabajo o en la escuale, etc.)
Además, "la fricción" de las emociones negativas es señal de salud y vitalidad de la relación. La falta de tensión o fricción siempre es mala; la relación está muerta o moribunda.
También es cierto que cada relación necesita tener crisis. En realidad son invitaciones para elevarnos de esas suaves mesetas donde quisiéramos quedarnos permanentemente -la zona de confort-. Las crisis son invitaciones al crecimiento.
Dice el maestros del diálogo:
"Estoy enojado porque llegaste tarde. Sé muy bien que este enojo es simplemente mi reacción a la situación debido a que hay algo en mí. También sé que hay otras personas con menos cicatrices psicológicas que las mías, que reaccionarían de un modo diferente, quizá hasta con comprensión. Pero éste soy yo en este momento de mi vida. Estoy enojado y hasta me siento vengativo. Siento el impulso de hacerte pasar por algún tipo de frustración o molestia, obligarte a esperarme en una solitaria calle. Por supuesto, no lo haré. Mis emociones no toman mis decisiones. Sin embargo, yo sólo quería que tú supieras lo que siento. Tengo enojo y venganza dentro de mí, y quiero que lo sepas porque quiero que me conozcas".

UNA PREGUNTA CURATIVA
Estrictamente, no es parte del diálogo, puesto que implica opiniones y una decisión, pero es algo casi mágico que facilita el diálogo. Se trata de la simple petición: "¿Me perdonas?"
La mayor parte de las rupturas humanas del amor y el diálogo es a causa del "espíritu herido". Las líneas de comunicación se interrumpen y la relación sangra y hay necesidad de curarla.
Lo que sugiero es que la mayor parte de las relaciones enfermizas pueden recuperar su salud casi por milagro mediante esta sencilla, pero sincera petición: "¿Me perdonas?"
No se trata de asumir culpas totales ni de juzgar a nadie. Simplemente te estoy pidiendo que me aceptes de nuevo en tu amor, del cual he estado separado.

John Powell

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