miércoles, 6 de febrero de 2013

Entrar al mundo del otro


La Psicoterapia de Carl Rogers consiste en un ejercicio básico de escucha. La atención del terapeuta está puesta en la experiencia de la persona. El terapeuta se limita a REPRODUCIR LO QUE ESCUCHA, es decir, ofrece una ESPECIE DE ECO DE LA EXPERIENCIA DEL OTRO. No hay consejos, juicios, interpretaciones, ni siquiera preguntas. El terapeuta acompaña la experiencia del paciente, quien poco a poco, al reconocer sus sentimientos y necesidades, va aclarando y encontrando su propio camino, sus propias soluciones. El recurso básico es pues EL REFLEJO EMPÁTICO. La persona recibe una respuesta de aceptación y reconocimiento a su experiencia, no importando si expresa un sentimiento positivo o negativo, claro o confuso, maduro o inmaduro, razonable o irracional.
EL REFLEJO funciona como un ESPEJO frente a la persona que expresa sus sentimientos, percepciones, incongruencias, deseos, intenciones, peticiones, puntos de vista y hasta reclamaciones. El ESPEJO tiene la función de reflejar lo que ve, de repetir los sentimientos que escucha sin agregar ni quitar nada. 
Para quienes prefieren una metáfora autidiva más que visual, el término para la escucha empática es "ECO".
Con un poco de práctica los eco-reflejos dejan de ser fríos, textuales y acartonados para volverse más sintéticos y sensibles a los sentimientos, incluso a aquellos que no se expresaron verbalmente, con rpeferencia del contenido.
Alvin Mahrer se adelanta dos pasos más a Rogers con su "ESCUCHA EXPERIENCIAL" y resonar aún más con el mundo del otro.
Una instrucción básica para desarrollar una verdadera escucha facilitadora es la de centrarse especialmente en los sentimientos -más que en el contenido literal y los detalles externos del relato-.
No obstante la amplia variedad de material disponible en el tema de la expatía, vivimos inmersos en una cultura de "antiescucha", cuyas raíces no pueden ser removidas con la sola lectura de un libro o el dominio técnico del reflejo empático. La cultura de la antiescucha está más relacionada con las etapas primitivas del desarrollo de la conciencia en el ser humano. Una conciencia subdesarrollada, también llamada primitiva o de primer orden, está preocupada por cambiar al mundo de afuera antes de iniciar con la observación interior y el reconocimiento de los propios sentimientos, carencias y heridas.
Otro de los obstáculos en el proceso de escuchar es la creencia de considerar que aprobación y aceptación son sinónimos. Es posible escuchar a alguien -y en consecuencia aceptarlo- sólo cuando se es capaz de renunciar a cambiarlo/a. con gran frecuencia aparecen las RAB's -Respuestas Automáticas Bloqueadoras- (aconsejar, sugerir, sermonear, bromear, consolar, etc.), con su mensaje implícito: "PARA MÍ ES MUCHO MÁS IMPORTANTE CAMBIARTE QUE QUERERTE".
Cuando el diálogo, como forma de relación, fracasa, las familias, las parejas, los equipos de trabajo, se quedan instalados en formas automáticas disfuncionales y pobres; del tipo: agresión abierta o soterrada, verbal o física, el sarcasmo, el distanciamiento emocional, etc. Estos intercambios producen cotidiana e inadvertidamente heridas cada vez más dolorosas, en un círculo vicioso que reduce cada vez más la capacidad de escucha.
Para entender el mundo del otro no se requiere de una formación académica como terapeuta, ni largos y costosos entrenamientos. Se requiere crecer como persona y desarrollar la cualidad básica de escuchar con respeto.
Escuchar experiencialmente significa que puedo resonar con el otro, entrar a su mundo y entender que se sintió...cuando yo...Escuchar significa asomarme al dolor, frustración, decepción del otro, concentrado solamente en entender cómo se sintió -aunque ello sea totalmente diferente a como "yo supongo que se debería sentir"-.
Cuando me siento culpable o estoy vulnerable, entonces es más probable que me ponga a la defensiva y no podré escuchar; porque defenderme o justificarme es incompatible con la escucha. Porque escuchar significa entender a alguien a quien quiero descubrir y veo con profundo interés, como si fuera la primera vez, cono si nos acabáramos de conocer.
También ocurre que la persona que dice escuchar no está dispuesta internamente a "entender antes de cambiar" el dolor ajeno y entonces clasifica automáticamente cualquier expresión de incomodidad del otro como una oportunidad para entrar al "rescate" e iniciar el juego de "la víctima".
En otras ocasiones la persona que escucha los sentimientos del otro se siente atacada, acusada, reclamada. Internamente se desliza entonces por inercia a una especie de diálogo interior, ocupado en defenderse, justificarse y contraatacar. Desde ese espacio de ruido interior no es posible la sencillez del silencio aceptante.
Lo sentimientos desagradables que las personas experimentan en el transcurso de una interacción humana -una conversación, un intercambio de miradas- tienen que ver en última instancia con su historia, con sus propias heridas, con sus abandonos, con sus carencias, con sus apegos. Casi siempre, lo "ofensivo" -acto o comentario- puede ser que no tenga nada que ver con lo actual, lo inmedito y son resavios de una situación pasada.

Una persona capaz de convertir el conflicto dialógico en oportunidad, se dispone a cambiarse de lugar, a salirse provisionalmente de sí misma y convertirse humildemente en el ecoreflejo de la experiencia del otro.
El uso del reclamo provoca el efecto de mayor resistencia al cambio.

El reto del diálogo: ¿contestar o escuchar?

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