lunes, 11 de febrero de 2013

Ser persona en plenitud, Cabarrús


Los dos rostros de la persona humana
1. Una realidad golpeada, "herida", vulnerada
2. Un potencial, unas fuerzas, un "pozo" de posibilidades, un conjunto de fuerzas positivas.
Toda persona está movida en su actuación por una mezcla de esas dos partes. Esta interacción es lo que va dando la identidad de la persona y en donde puede ir descubriendo cuál es el sentido de su vida y cuál es su tarea en la historia.

Los dos rostros de nuestro corazón nos hacen situarnos y comportarnos con nosotros mismos, con los otros, con el entorno y con Dios de maneras distintas: como moscas o como abejas obreras.
Las moscas andan en el estiércol, en lo más sucio, y lo llevan a donde debe haber mayor limpieza...Las abejas trabajadoras extraen lo mejor de las flores, y además producen la miel que es un alimento nutritivo y un remedio fundamental para las personas.

- El peso de la herida.
A veces es la que más resalta,
por no conocerla nos juega malas pasadas,
nos lleva a comportamientos que no entendemos y con los que nos hacemos daño y hacemos daño a los demás,
nos enturbia el pozo, oscureciendo nuestras potencialidades.
Lo vulnerado brota más claramente cuando hay excesivo cansancio o presiones externas, pero también las sensaciones negativas surgen por sí mismas, como si tuvieran vida propia (la negatividad, el desánimo, la experiencia de abandono, de aislamiento, ansiedad y angustia, etc.).
Todas las personas por sanas que sean y aunque hayan tenido una infancia positiva llevan consigo el peso de la herida. (Cfr. Lise Bourbeau).
Cuando estamos en el seno materno nuestras vidas vienen preparadas para vivir en plenitud (Cfr. John Powell). Sin embargo, ya desde ese seno podemos ir recibiendo una serie de estímulos negativos y positivos que marcan el comienzo de nuestra existencia y que luego CON DIVERSAS EXPERIENCIAS DE LA INFANCIA VAN CONFIGURANDO NUESTRA PARTE HERIDA.
La necesidad fundamental de todo niño y niña es la de recibir el reconocimiento de su persona y sobre todo el derecho a recibir el amor incondicional de parte de sus padres o quienes hagan el papel de ellos. (Autoestima o amor incondicionado, John Powell).

Es importante descubrir de dónde proviene la herida, porque es justamente el ir buscando satisfacer esta necesidad que no fue satisfecha en la niñez, la que me hace reaccionar desde esa carencia y me hace buscar -ya siendo adulto- satisfactores como si fuera aún pequeño.
Las heridas pueden darse por ausencia o por exceso. Por la no satisfacción o por la satisfacción exagerada de la necesidad -por la falta de atención o por la sobreprotección-. Puede ser por un golpe intenso o por la repetición de pequeños golpes (la sensación continua de no ser querido o de tener que hacer cosas para ser querido, etc.)-
Estas heridas al producir una sensación de indefensión en el niño, en la niña, hacen que surjan en ellos unos miedos básicos: a ser condenada, a no ser querido, a fracasar, a ser comparado, a quedarse vacío, a ser abandonado, a sufir, a mostrarse débil, al conflicto, etc.
Cuando se están provocando las heridas y se están gestando los miedos, en el inconsciente se están formando, casi al mismo tiempo, los mecanismos de defensa, con los que el niño o la niña quieren impedir que se le siga golpeando.
No olvides que todo esto es inconsciente, es decir, acontece de forma mecánica, involuntaria, sin darnos cuenta. En este momento se forma también la estructura corpórea, como la coraza, que llega a ser como el gran mecanismo de defensa. (Cfr. Kepner, Bourbeau).

- Los "síntomas" de la herida.
Aunque la herida está en el inconsciente, los comportamientos la manifiestan. Por ellos, la parte golpeada actúa.
En los mecanismos de defensa existen huecos y por ahí se ven nuestras heridas, los miedos y los propios mecanismos de defensa. Los síntomas son elocuentes.
Por ejemplo: las compulsiones, las reacciones desproporcionadas, el sentimiento malsano de culpa, la baja estima personal, las voces negativas, la postura corporal y en general, un patrón negativo de conducta. Todo esto también se traduce en imágenes fetichistas de Dios. (Cfr. Cuadro del Eneagrama, Crecer bebiendo en el propio pozo).
* La compulsión es un comportamiento contrario al miedo (contrafóbico). Son actos repetitivos para alejarse del miedo, pero finalmente terminan autocumpliéndose.
Según el Eneagrama las compulsiones típicas son:
1. Miedo a ser condenado - compulsión al perfeccionismo.
2. No ser amado - al servicio
3. Al fracaso - a tener éxito
4. ser comparado - a ser diferente
5. al vacío - a ser acumulador intelectual
6. ser abandonado - a la norma
7. al sufrimiento - al placer
8. ser débil - al poder
9. al conflicto - a ser pacifista
Como ves, muchas de las cosas que ordinariamente haces o ves hacer a otras personas, pueden estar motivadas por heridas y miedos inconscientes, más que por decisiones personales.
Desde las compulsiones se crean imágenes distorsionadas de Dios, por ejemplo:
1. dios perfeccionista
2. dios sádico
3. dios negociante
4. dios intimista
5. dios manipulable
6. dios juez
7. dios hedonista
8. dios todopoderoso
9. dios de los establecido
E incluso, mucho más aplastante que tu compulsión y la propia herida.

* Reacciones desproporcionadas.
Es una especie de hipersensibilidad que te hace ver tu herida por todas partes. A donde vayas parece que se repite el mensaje que viviste de pequeño, por ejemplo:
1. "No eres bueno". Y el deseo de escuchar "Eres bueno"
2. "No eres deseado". "Eres deseado"
3. "No te quiero". "Eres amado por ti mismo"
4. "No eres valioso". "Se te ve por lo que eres"
5. "No eres importante". "Tus necesidades no son problema"
6. "No te confíes". "Estás seguro"
7. "No necesitas". "Estarás cuidado y atendido"
8. "No creo en ti". "No serás traicionado"
9. "No cuentas". "Tu presencia importa"
Las reacciones son desproporcionadas -en frecuencia o en duración- con el estímulo presente, pero muy proporcionadas con lo que ocurrió antes. no hay proporción entre lo que me hacen en el momento presente y lo que aconteció en la infancia.

* Culpa malsana.
El remordimiento -te comes a ti mismo- hace que te quedes encerrado en ti cuando cometes un error, lamentándote de tu incapacidad y lamentándote con las cosas que te dices, en vez de centrarte en las consecuencias de tu acción, para aprender de ello y para buscar caminos de reparación -si es posible- o por lo menos para evitar futuras reincidencias. La culpa malsana paraliza, censura, socava la estima personal, la culpa fecunda te hace persona...

* Baja estima.
Cuando vives desde tu parte golpeada, tu estima personal es baja y por tanto, te impide reconocer tus propias potencialidades para hacerlas crecer, te hace magnificar las fragilidades imposibilitando que creas y te comprometas con tu propio crecimiento, y a la vez, te obstaculiza la posibilidad de recibir y valorar objetivamente a las demás personas.

* Patrón negativo de conducta.
Frecuentemente el patrón negativo está sostenido por "falsas ganancias" que se obtienen por presentarse como una persona golpeada y herida. Además se manifiesta en una postura corporal que refleja nuestro interior vulnerado.

De todo esto se desprende la necesidad de trabajar toda esa parte golpeada, curar tus heridas y poder ser una persona más completa, más integrada, más plena. Este trabajo no puede hacerse sólo desde un conocimiento "racional". Esto implica que hagas un esfuerzo por "tomar consciencia", "darte cuenta" de tus conductas y tus motivaciones, luego, que en una relación de profunda intimidad las compartas.

- El empuje de nuestra positividad.
Cuando se ha hecho un proceso que ha permitido reconocer y hacer un camino de curación de las heridas...se abre la posibilidad de reconocer y hacer un camino de redención acogiendo y potenciando el pozo de la positividad y de las energías vitales. Este es el camino que lleva a desarrollar plenamente la dimensión humana: limpiar la herida desde el propio manantial1.
La plenificación de la existencia consiste en la capacidad de crear el amor y las condiciones para el mismo, y que se trasluce en unas relaciones armónicas conmigo mismo, con los demás, con el entorno y con Dios2.
Reconocer nuestro pozo también tiene cierta facilidad si aprendemos a evaluar lo que hacemos y sabemos analizar la realidad y la manera como podemos actuar en ella.
Tu manantial es todo aquello que hay en ti que es inalterable, inagotable, lo que te saca en los momentos más difíciles, lo que te da más intimidad, es tu potencial y dos realidades que pasan desapercibidas en lo ordianrio de la vida: la conciencia y el agua viva.
En el manantial encuentras una "voz", la voz de tu ser que está creciendo, te señala lo que te hace bien, lo que te ayuda a ser veraz, lo que te empuja a la integración, y a la vez te lleva a generar el bien, la veracidad, la integridad...Esto es tu conciencia. También encontrarás en tu manantial la presencia actuante y transformante de Dios mismo en el fondo más íntimo de ti.
Este doble descubrimiento te hace capaz de tomar en serio tu vida y darte cuenta cómo está inscrita en una realidad más profunda, algo que expresa muy bien el cuento (La ciudad de los pozos" (Jorge Bucay).

- Las experiencias del pozo.
Los síntomas o indicadores de tu pozo puede ser: el compromiso con tu proceso continuo de crecimiento -discernimiento y análisis de la realidad personal e histórica-, en la capacidad de autocriticarte constructivamente, en la capacidad de tomar decisiones, en la libertad en las relaciones, en la aceptación de la crítica externa como camino de crecimiento, en la ausencia de miedos psicológicos, en el manejo de la culpa sana, responsable y fecunda, en las reacciones proporcionadas a las realidades presentes, en la disminución del empleo de los mecanismos de defensa, en la ausencia de comportamiento compulsivo y en la posibilidad de tener la imagen del Dios de Jesús.
Tomemos tres indicadores:
* La autoestima positiva.
La adecuada estima personal, la autovaloración y aceptación personal positiva, está marcada por el equilibrio que brota de la percepción objetiva de ti mismo y de las demás personas. Valorarte objetivamente y valorar objetivamente a los demás, significa aceptarte y aceptar a los otros como personas con "dos rostros en su corazón": un rostro herido y un rostro de potencialidades.
Entonces, cuatro elementos definen tu adecuada estima:
a) Reconocer y valorar tus cualidades
b) Reconocer y aceptar tus debilidades
c) Reconocer y nutrirte de las cualidades de los demás
d) Aguantar las limitaciones y defectos de los que te rodean. Sobre todo, tener la capacidad de aceptarlos y acogerlos sin exigirles que cambien. (N.N.C.P.Q.)

- Trabajar equilibradamente
Equilibrio entre la necesidad de laborar y convertirse en adicto. Reponer la fuerza de trabajo es darte el descanso y los nutrientes necesarios en lo físico, lo psíquico y los espiritual, que te mantengan "fresco", activo, entusiasmado.
Tener la capacidad de hacer un trabajo creativo, es producir desde lo más íntimo, desde tu potencial, que las cosas lleven tu sello. No sólo desempeñar una labor.

- Construir el amor.
Es tener la capacidad de establecer relaciones sanas, profundas, sólidas y duraderas.
Es tener la sensibilidad ante las urgencias de los más débiles, desprotegidos, necesitados.
Es tener la capacidad para dialogar con empatía.
Es tener la capacidad de permanecer en las relaciones aun en el conflicto, en la discrepancia.
Es tener la capacidad de vivir la solidaridad.

- Saber trabajar.
El trabajo nos constituye como personas humanas, pero saber trabajar no implica únicamente desempeñar una labor, sino hacerlo de manera equillibrada; con creatividad, que se produce desde lo íntimo; desde tu potencial, desde el sello personal. Reponer la fuerza de trabajo es darte el descanso y los nutrientes necesarios en el ámbito físico, psíquico y espiritual para mantenerse "fresco", activo, entusiasmado.

- Construir el amor.
Es la capacidad de establecer relaciones sanas, profundas, sólidas y duraderas.
Es tener la capacidad de dialogar con empatía.
Es ser capaz de mantener la relación aun en el conflicto, en la discrepancia.
Es tener la capacidad de comprometerse en la metáfora de la construcción del amor: planear, limpiar, esperar, poner cosas nuevas, aceptar las que no cambian, etc.

* Conciencia solidaria
La solidaridad cristiana une la voz de la conciencia y la presencia de Dios.
La conciencia es la voz que me empuja hacia el crecimiento personal. Me invita a tomar una opción fundamental de vvir, de crecer.
El contenido del manantial nos lleva a la responsabilidad social. Se forma de cara a los valores, a lo que nos hace bien como personas humanas individuales y en la relación.
Los valores más universales estarían concentrados en la Declaración de los Derechos Humanos y en documentos similares, en cuanto que son principios inalienables, aceptados por la mayoría de las culturas y que garantizan la dignidad, el respeto y la convivencia armónica para toda la humanidad.

La conciencia, además de formarla, hay que informarla.
La emergencia de la conciencia y la formación en los valores implica la crítica de los dictámentes de la ciencia y de la técnica para cribarlos de lo que no colabora a la humanización.

* Comportamiento ético
Hasta aquí, lo dicho hace referencia a cómo se vive el pozo en una autoestima positiva y en una conciencia solidaria. Pues bien, esto constituye el centro de tu comportamiento ético. Éste incluye las actitudes, las disposiciones y los hábitos, que se configuran desde la opción fundamental.
El comportamiento ético está formado por tres ejes: una ética económica, una ética política y una ética sexual; que se construyen desde la estima personal y la conciencia solidaria.
La ética económica se forma de tres principios: solidaridad, destino universal de los bienes y la producción de la riqueza en forma justa.
La ética política ha de ser integradora, respetuosa del individuo y del consenso. Atenta del bien común.
La ética sexual -en su dimensión física, afectiva y sexual- es uno de los ámbitos más notables donde se realizan los comportamientos humanos éticos.
La ética sexual debe ser apuntalada con los criterios de la bioética: la interdisciplinariedad, la autonomía, la no-maleficencia, la beneficencia, y la justicia.

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