viernes, 3 de mayo de 2013

Ancas de rana


Un hacendado fue a la ciudad y le preguntó al dueño de un restaurante si podía utilizar un millón de ancas de rana. El dueño del restaurante quedó asustado y quiso saber dónde pretendía conseguir el hacendado tantas ancas de rana.
El hacendado le dijo: 
- Cerca de mi casa hay un pequeño estanque que está invadido e infestado de esos bichos. Sin millares y hacen un barullo infernal, croando toda la noche. ¡Me estoy volviendo loco!
Hicieron el trato. El hombre traería quinientas ranas por semana, durante algún tiempo.
En la primera semana, el hacendado volvió al restaurante un poco avergonzado, pues sólo traía en sus manos dos ranas. 
El comerciante le preguntó:
- ¿Dónde está mi pedido?
El hombre respondió:
- Yo estaba totalmente engañado. ¡Había solamente dos pequeñas ranas en el estanque! Ellas son las que hacían todo el barullo.

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