miércoles, 26 de junio de 2013

Nuevos caminos para el personalismo comunitario


"La filosofía personalista comunitaria, lejos de ser un capítulo cerrado de la historia del pensamiento, constituye todo un programa para una filosofía futura".

El personalismo ha de purificarse de un cierto reduccionismo: el de centrar el estudio de la persona en su dimensión activa (poiética), para atender a una realidad anterior y más fundante, su receptividad (pathética).

Algunos caminos para el personalismo del siglo XXI:

1.- ¿Qué entendemos por Personalismo Comunitario? y ¿Cuáles son algunos de sus rasgos distintivos?
Definimos, con Carlos Díaz, una filosofía como personalista y comunitaria cuando: Estima a la persona como ser máximamente valioso por sí mismo y estructura su reflexión en torno a la persona en todos los ámbitos, tomando a la persona como clave y significado de la realidad. Esta reflexión se pretende siempre fundada en una descripción fenomenológica de la persona y, por ende, realista, es decir, situada en el punto opuesto de todo subjetivismo y todo relativismo. Por tanto, el personalismo ha de ser sustentado siempre por una antropología en la que se considere a la persona de modo integral, como un todo corporal, afectivo, volitivo, intelectivo subsistente, relacional y abierto a quien es su fundamento. Desde este fundamento, desarrolla una ética, una política, una metafísica, una teoría de la historia, una economía, una psicoterapia, etc.

Esta reflexión teórica, orienta una praxis transformadora de lo real para que sea posible la realización de un mundo de personas, de una plena personalización para todos los hombres.
Implica un modo de vida en la cual el valor supremo sea la persona y suponga un compromiso libre con aquel ordo amoris que dimana del ser personal. Este modo de vida comprometido da lugar a una militancia profética y política, a vivir desviviéndose por otros, a situar el amor como motor de la propia vida.

a) Personalismo como reflexión filosófica.

"El personalismo -dice Mounier- es una filosofía porque determina estructuras, no sólo una actitud. Es una filosofía, no un sistema. Siendo su afirmación central de la existencia de personas libres y creadoras, introduce en el corazón de esas estructuras un principio de imprevisibilidad que disloca toda voluntad de sistematización definitiva. Nada hay que pueda repugnarle más profundamente que la predilección, por un aparato de pensamiento y de acción que funcione como distribuidor automático de soluciones y consignas, barrera para la investigación, seguro contra la inquietud la prueba y el riesgo.
Aunque hablemos, por comodidad, del personalismo, preferimos decir que hay personalismos y respetar sus andaduras distintas".

El personalismo comunitario es, pues, una propuesta filosófica, pluriforme en sus propuestas pero con elementos comunes bien delimitados, articulada siempre en torno a la categoría de "persona".
Cuenta con una tradición común en lo teórico y en lo práctico. Tiene una propuesta básica de actitudes y valores: todos aquellos que dimanan de la persona como ser máximamente valioso, del ordo amoris. Se inspira en una tradición de enorme riqueza que comienza con la Patrística -que aporta el propio concepto de persona-, pasa por el Renacimiento, modernidad, fenomenología, axiología y existencialismo. Pero no se agota en ella, porque el personalismo comunitario es exigencia de revolución, de creación, de renovación.
No existe un sistema personalista que determine recetas concretas para cada situación, porque la persona es lo no objetivable, lo no inventariable, y porque es capaz siempre de acciones creativas y novedosas. Es un pensamiento abierto, en continua elaboración, dice Mounier: "no es un esquema intelectual que se traslada intacto a través de la historia. Combina la fidelidad a un cierto absoluto humano con una experiencia histórica progresiva".

(Lista de filósofos)

Todos ellos consideran a la persona como ser máximamente valioso, digno, contrapuesto a la realidad de las cosas, llamada a plenitud y orientada en su acción por un horizonte de sentido, con capacidad para realizar su vida libremente y abierta a otras personas con las que puede establecer vínculos comunitarios.

b) El personalismo como praxis transformadora

Junto a la reflexión teórica, el personalismo es una tarea abierta, una praxis realizada desde la vida personal y comunitaria. Y es tarea abierta porque cada uno aporta su riqueza y porque el personalismo comunitario no es una filosofía centrada en sí, sino al servicio de la persona.
Quizás esta sea la razón por la que el personalismo nunca ha estado de moda: resulta una filosofía incómoda en una sociedad y cultura "impersonalistas" como la nuestra.

La praxis es para la acción profética y transformadora, de uno mismo y de la realidad social y cultural. Denuncia las injusticias, formula caminos para la justicia y la personalización. Su acción no supone activismo: se fundamenta en una determinada visión de la realidad personal, en una antropología, en una ética, en una concepción de la historia.

El personalista es un hombre de acción porque es un hombre de esperanza y vive la responsabilidad. Abstenerse, replegarse y desentenderse supone coquetear coquetear con el desorden establecido. Lo que no impone el personalismo es uno u otro tipo de acción: será cada uno quien tenga que hacer su análisis y sus propuestas en cada lugar y en cada momento.

c) Personalismo como modo de vida:
+ Personalizante: La persona da-de-sí mediante el compromiso con aquello que encuentra como valioso. Si el compromiso no está en función de un horizonte, de un sentido, esclaviza y aliena. La libertad sólo se ejerce en el compromiso respecto de un absoluto, de algo que trasciende a la persona, en función de una vocación.
+ Reflexivo y analítico: Quien pretenda evitar la reflexión no es un buen personalista. Nadie puede transformar si antes no analiza y estudia la realidad. El fundamento ético es el lugar del pobre. El compromiso es analizar la realidad, profundizar en ella, estudiar.
+ Lo político y lo profético: El personalismo conjuga las acciones políticas -eficaces, viables y justas-; busca el equilibrio, la negociación, el pacto. Y la dimensión profética, lo deseable, mediante la meditación y la audacia.
Pero la finalidad inmediata del personalismo no es política, ni económica, sino la de comprender y superar toda crisis y situación que afecte y aliene a la persona y a la comunidad de personas.
+ Comunitario: El compromiso es radical, de revolución personalista y comunitaria.
De...con...y para la comunidad.
  
2. Aportaciones del personalismo a la filosofía

a) El personalismo desarrolla el concepto de persona, de origen judeo-cristiano. El cristianismo aporta los ingredientes básicos del concepto de persona. El concepto de persona surge dentro del discernimiento teológico-cristológico de la persona de Jesús; del hecho de que una persona divina posea una naturaleza humana.
Apareció por primera vez el término con Tertuliano, distinguiéndose por primera vez en la Patrística el término persona -como sujeto subsistente individual- del de substancia -como forma esencial común a varias personas-.
El término griego "prósopon" designaba la máscara del actor y su papel en el escenario. De ahí pasó a significar también el papel en la vida. Buena intuición para expresar la persona como llamada a una misión -aunque no como actor sino como autor-.
El término latino "substancia" traducía dos términos griegos: la "ousía" o esencia y la "hypostasis" o individual. Lo individual era insuficiente para explicar el quién en el que consiste cada persona, y, en su momento, el quién y el para qué de Cristo. Por ello, las definiciones de la persona como substancia, incluida la de Boecio se quedan ancladas entre lo universal y lo individual.
Por eso prosperó el concepto griego de "prósopon" o persona = máscara. Pero al final se tomó el concepto hebreo "panim" -rostro- que es justo lo que desvela la persona. Persona es substancia individual que existe por sí, con libertad y dignidad.  La persona es rostro por saberse interpelado por un Dios personal. La persona es un "yo" desde un "tú, un rostro para un rostro, que lo constituye al interpelarlo, que la persona es relación.

Lo que ha sucedido a lo largo de la historia de la filosofía después del Medievo ha sido una secularización de dicho concepto y, en parte, una reducción a algunas de sus dimensiones. Podemos decir que ha sido el personalismo comunitario del siglo XXI el primero que ha desarrollado la mayor parte de las notas constitutivas del concepto de persona, más allá de "ser humano".

b) El personalismo, junto con el existencialismo, supone una reacción frente a la abstracción del pensamiento occidental que le llevó a desentenderse de las condiciones concretas del ser personal. 

((Los griegos, entre ellos Aristóteles, giran su reflexión sobre lo universal.
En el Medievo la antropología se entiende desde la metafísica. Para SAnto Tomás, conocer al ser humano se reducía principalmente a conocer su alma -siendo meramente accidental su relación con los demás o con el mundo-, su substancialidad y sus potencias, especialmente las intelectivas.
Un impulso fuerte de la atención a la individualidad personal tuvo lugar en el periodo humanista, pues se valoró al hombre en sí mismo, y no en función de un orden suprahumano o meramente natural, y en el que se promovía la libertad individual frente al sometimiento de cualquier dictamen. Nicolás de Cusa y Pico della Mirandola son ejemplos. Además, esta época supone una revaloración del cuerpo y sus goces -el Decameron de Bocaccio o el De voluptate de Valla son buenos ejemplos-.
Pero, al cabo, la modernidad acabó por sumergir de nuevo al estudio del ser humano en las reducidas coordenadas de la gnoseología. Quizás, sólo el fenómeno de la mística, con figuras como Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio, el Maestro Eckhart, etc. supuso otro momento histórico fuerte de atención a la experiencia individual, a la vida interior personal, aunque centrada en la experiencia religiosa.
La llegada de la modernidad -con la excepción de Pascal-, supuso una vuelta atrás pues redujo el ser personal al cogito en relación siempre problemática con el cuerpo. Además, tanto Descartes, como Malebranche, Leibniz como Spinoza retomaroncon fuerza el substancialismo griego.
El empirismo, por su lado, reduce el ser humano a su materialidad y a su capacidad percipiente. Por ejemplo: Hobbes, Locke y Hume.
Lo que llevaron a cabo posteriormente tanto el idealismo kantiano como el de Hegel, Fichte o Schelling, no fue sino llevar hasta las últimas consecuencias esta reflexión sobre el Cogito, sobre un sujeto que consideran único y autosuficiente, en el que el ser y el pensar, la esencia y el concepto se identifican.))

Frente a las abstracciones de los modernos y los idealistas, analizan la existencia humana de modo concreto, es decir, todo aquello que constituye la experiencia inmediata del sujeto humano: la libertad, la decisión, el compromiso, la angustia, el proyecto de vida, la soledad, la muerte. Además, centra su reflexión en las experiencias del encuentro interpersonal, en la experiencia comunitaria, en la vocación y en el hecho de la encarnación corpórea -cosa que no hacen los existencialistas-. En todo caso, unos y otros, señalan que el ser humano no es sino que existe. El ser se sitúa en lo conceptuable, lo etiquetable, lo determinable objetivamente. Frente a este concepto de ser, la existencia humana es lo no etiquetable, lo no conceptuable porque la persona no tiene esencia sino que tiene que construirla. Se rechazan los métodos filosóficos que traten de captar lo que es el ser humano mediante conceptos, mediante abstracción, porque impiden captar la individualidad e irrepetibilidad de cada existente.. Por tanto, la filosofía tiene que partir de la descripción inmediata de las experiencias concretas del existente.

Así como el existencialismo y el personalismo reacción contra el substancialismo de la antropología del siglo XX, el personalismo tuvo, a su vez, que reaccionar contra el actualismo de los existencialistas.  El actualismo es aquella postura antropológica que niega que exista la identidad personal, que niega que exista alguna consistencia metafísica en la persona, de modo que queda reducida a un mero fluir de actos. Es la postura de Scheler, Sartre o el estructuralismo de Bernard-Henri Lévy. Hablan todos de la persona como un proceso sin sujeto, de una realidad sin núcleo permanente, sin fundamento, una actividad sin yo. Lógicamente, el actualismo niega la persona.
El personalismo tiene otra razón para enfrentarse tanto a la abstracción substancialista como al actualismo existencialista y contra todo pensamiento academicista: su falta de compromiso con la persona, esto es, elude cualquier forma de praxis.

c) El personalismo supera el pensamiento egológico y se abre al heterológico, pasa de la filosofía del yo a la del nosotros. El acontecimiento humano básico no es el "yo" sino el yo-tú.
El pensamiento personalista, fiel a su raíz judeo-cristiana, según la cual toda persona lo es en relación con Dios, en diálogo con Dios, retoma el concepto de persona como ser en relación, haciéndose de la categoría de encuentro una categoría central.
Afirma Buber que el acontecimiento fontanal es la relación y el encuentro

3. Poiein y Pathein

El personalismo requiere evolucionar en:
+ La mayoría de los pensadores han atendido preferentemente a sólo un aspecto del ser persona y padecen de una visión reductiva o, al menos, parcial, del ser humano. Esto es: considerar a la persona como ser activo, como energía y actividad, como "yo pienso", "yo quiero", "yo siento", "yo deseo"...dejándose sin explorar la dimensión receptiva o pathética de la persona. Antes de ser activa, es sujeto de donación, sujeto receptivo y, en cierto modo pasivo, de acontecimientos, sujeto sorprendido por aquellas otras personas que le salen al encuentro.
Proponemos que la categoría aristotélica de pathein -pasión, receptividad, sujeto de donación, deudor- sea considerada constitutiva de la persona y no meramente un accidente.

El ser humano antes de ser constructor de sí y del mundo, es receptividad, pathetikós, pasividad, necesidad, carencia, menesterosidad. Previo al actuar, a poner en juego lo que hay en su propia vida para realizarse, la persona es amada, llamada, nombrada, enviada y se le pide que su vida sea respuesta a este amor del que es objeto, a esta llamada, a este nombramiento y misión. La persona no tiene la última palabra sobre su vida sino a penúltima.
Para reconocer esta hecho hace falta desenmascarar un prejuicio de la cultura occidental: concebir a los humanos como seres autónomos, omnipotentes, dueños y señores de su propia vida, de su destino y del destino del mundo. Pero hay momentos en la vida de todo hombre...-como las situaciones límite, de Jaspers- que nos muestran que nuestra vida tal vez no esté tan en nuestras manos como imaginábamos. Pero, por falta de fidelidad a la realidad o por comodidad preferimos asirnos a la ilusión de la omnipotencia y la radical autonomía, pretendiendo ser lo que no somos: dioses.

4. La experiencia de la dependencia.

"No es un ser biológicamente especializado, ni bien adaptado a un medio, ni tiene instintos. Se trata de un ser no acabado, fetalizado, prematuro, Es mediocre biológicamente y, si ha sobrevivido como especie, ha sido por factores metabiológicos -la cultura-.
La inadapatación del niño tiene un aspecto positivo clave: depende totalmente de un adulto que lo cuide. Por tanto, para ser viable, debe crecer en el contexto de una relación amorosa, totalmente personal.
El infante tiene necesidad no simplemente biológica, sino sobre todo, personal, necesidad de contacto con la madre y en constante relación receptiva con ella. Por tanto, la relación madre-hijo no es explicable sólo en términos biológicos. El hogar no es un contexto natural, sino creación humana.
En conclusión, la vida humana desde sus comienzos es una vida personal y comunitaria, por un lado, y radicalmente dependiente, por otra. El niño ya nace persona y no meramente animal. Desde este marco personal, e inserto en él, adquiere todas las habilidades en su proceso de desarrollo.
Como se ve, la autonomía es un mito ilustrado que no responde a la realidad que somos. Aunque ganemos independencia, en nuestra raíz seguimos siendo infantes, en el sentido de que, igual que un niño, sólo podemos vivir gracias a otras personas con las que nos relacionamos.

5. El poder de lo inesperado e impotencia de la persona.

No sólo en la infancia vemos nuestra menesterosidad. Se hace patente cuando surge lo inesperado, doloroso o gozoso; cuando nos aparece algo que no estábamos buscando.

a) Lo inesperado
Todos hemos sentido o vivido experiencias imprevistas, del don o del dolor no pretendido ni incluso imaginado. La experiencia de monotonía en la vida constituye, en realidad, una forma de ceguera, pues la vida es un acontecimiento continuo.
La vida es exceso de acontecer, exceso de sentido, y este desbordarse de lo real sobre la persona y desde la persona es lo que muestra su finitud y el hecho de que no todo depende de ella.
En algunos momentos lo imprevisto se presenta como  algo que "desbarata nuestras previsiones y cálculos, nuestras esperanzas y temores, de forma sobrecogedora".

b) El poder de lo real
La realidad nos hace sentir su poder, acudimos a ella en busca de apoyo, y a su vez esta realidad tiene gran riqueza de posibilidades de realización. De hecho, la misma realidad nos impele a realizarnos, dependemos de ella, no somos autosuficientes. 
La realidad, al final, es más grande que yo y se apodera de mí, impidiendo así cualquier ilusión de dominio absoluto, de ser dios.
Lo imprevisto está cuajado de sentido imprevisto por la razón. Es experiencia común que lo que se quiere que ocurra no ocurre y lo que no se preveía o no se quería, ocurre. Y cuando ocurre lo que prevemos no siempre sus consecuencias son las mejores para nosotros y cuando ocurre lo que no deseamos en muchas ocasiones sus consecuencias fueron las mejores para nosotros. De ahí la confusión por lo imprevisto.
Esperar lo inesperado se revela como el auténtico esperar, pues esperar lo esperado es, en realidad, mera expectativa. Sólo la espera de lo inesperado, de caminos no pisados, de vías sin acceso o sin salida, es auténtica espera.
Y lo inesperado es un acontecimiento que marca un antes y un después, que cambian la vida, son momentos de gracia, de Kairós.

c) Lo inesperado como Kairós.
La vida personal puede transcurrir en dos modos temporales: 
+ El tiempo ordinario es normalidad y estabilidad, todo parece constante y sin relieve; se trata del tiempo entendido como kronos.
+ En otros momentos la vida fluye de manera densa, se presentan acontecimientos hilados como si una causalidad se hiciera cargo. Son momentos de intensidad emocional, casi siempre dolorosos. El dolor, la culpa, la enfermedad y, en general, todas las situaciones límite despiertan al alma; nos revelan nuestra pobreza, nuestra contingencia, nuestra inestabilidad. Y justo este descubrimiento es el que pone en juego nuestras fuerzas y posibilidades más profundas. Los momentos de gracia nos abren a un sentido que ilumina nuestra pasividad y la experiencia nos muestra que estas situaciones terminan siendo fuente privilegiada de crecimiento y de alegría.

Incluso, con mirada atenta, se descubre que los días aparentemente monótonos, están salpicados de pequeños momentos significativos -una frase, una conferencia, una plática, una dinámica-; son regalos que nos anuncian algo. La respuesta adecuada será la escucha y la docilidad ante lo que nos sucede, pues parece orquestado más allá de mi propia lógica sin ser, por ello, absurdo. Antes bien, aparece como dotado de un hondo sentido, como teniendo que ver con mi vida en este momento.

No se pueden hacer cálculos certeros sobre el futuro, sobre la propia vida: sólo quien se atreva a admitirlo, tendrá la flexibilidad biográfica para responder adecuadamente a la realidad. De alguna manera, esta actitud supone estar dispuesto "a perder la vida" -la vida prevista, calculada, la identidad construida-, pues quien no pierde la vida, no puede encontrarla. "Quien se aferra a sus planes, a sus personajes, se pierde a sí".
Hace falta despertar para aprender a ver el relieve de lo que nos ocurre en este momento.

d) Ante lo inesperado: silencio y humildad.
Lo inesperado es siempre novedoso. Y lo novedoso es huella de la deidad. Aferrarse al pasado es petrificarse -como la mujer de Lot-, despersonalizarse, perderse.
Lo inesperado novedoso se enfrenta mejor con silencio y humildad. Sólo el silencio permite escuchar lo real y es kénosis de toda egoidad ruidosa; sólo el silencio permite acoger lo inesperado, la deidad. El silencio nos permite quedarnos en el umbral de nosotros mismos a la espera de la gracia: del don, del encuentro, de la alegría, de la paz interior.

La humildad es la actitud que permite aceptar la realidad tal cual es y que no se pliega a mis deseos o expectativas, que la realidad es más grande que yo mismo.

e) De lo pático a lo poiético.
El don es interpelante y clama por su puesta en acción. Recibir también es una tarea. Y la tarea consiste en esperar lo inesperado y abrirse al don que se ofrezca por gracia. Sólo después llega el momento de la acción, de lo poiético. La acción es gracia, es poder hacer cosas grandes más allá de nuestras fuerzas y expectativas.

6. Metáfora del ajedrez o de las cartas.

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Xosé Manuel Domínguez Prieto
no. 12, año IV, 2009, pp. 77-95

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