martes, 23 de julio de 2013

Hablar menos, escuchar más


Si habláramos menos y escucháramos más...

Un muchacho de catorce años dijo durante la cena que le habían escogido para explicar la lección a sus compañeros de clase al día siguiente. Su padre, que era un experto en métodos de instrucción militar, aprovechó la ocasión para hacer que su hijo se beneficiara de su propia preparación y experiencia.

“Te diré cómo procedemos en el ejército, hijo”, empezó diciendo. “Ante todo, nosotros escogemos los objetivos en función de la acción, la situación y el nivel de realización. Ahora bien, has de decidir de antemano qué ACCIÓN pretendes que realicen tus alumnos, en qué SITUACIÓN quieres que la realicen y, finalmente, con qué PERFECCIÓN deseas que la realicen. Recuerda siempre que toda educación debe estar orientada a la ¡realización!, ¡realización! y ¡realización!.”

El muchacho no parecía estar muy impresionado. Lo único que dijo fue: “No funcionará, papá.”

“¡Por supuesto que sí!” ¡Siempre funciona! ¿Por qué no va a funcionar?”

“Porque tengo que dar una clase sobre sexualidad”, dijo el muchacho.

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