lunes, 5 de agosto de 2013

Autoconfianza


Hace un tiempo un hombre muy humilde, fue en busca de un maestro en las montañas para aprender de su sabiduría. Juan, pues tal era su nombre, llegó a las montañas, encontró al maestro y se postró a sus pies ofreciéndose como discípulo para servirle y aprender sus enseñanzas.
El maestro, viéndole tan bien dispuesto, decidió aceptarlo y transmitirle su sabiduría. Juan era tan humilde, tan puro, tan auténtico y limpio de corazón que los otros discípulos pronto tuvieron celos de él. Comentaban entre ellos que seguro él sería el favorito del maestro y su sucesor. Algunos de los discípulos, oscuros de corazón, decidieron que habrían de impedirlo a toda costa.
Juan era muy confiado, sólo podía reconocer la bondad en todo lo que le rodeaba, por ello los discípulos envidiosos le dijeron: "Juan, si realmente crees en el maestro, puedes saltar desde este acantilado y llegarás al fondo sin daño alguno, ya que su sabiduría te protegerá."
Juan, sin dudarlo ni un segundo, saltó al abismo.
Los discípulos no daban crédito a lo que habían visto, ¿cómo alguien podía ser tan estúpido?, Bajaron al fondo del acantilado para recoger los restos del pobre Juan.
Cuando todos llegaron abajo, lejos de encontrarse a Juan despanzurrado, le encontraron en posición de Loto, meditando serenamente.
El maestro, que había visto lo sucedido desde lejos, le preguntó: "¿Cómo lo has hecho? ¿Cómo has conseguido sobrevivir a la caída?".
Juan, postrado a los pies de su maestro, le contestó: "Lo he hecho gracias a tu poder maestro, tu sabiduría me ha protegido."
El maestro pensó: "Si mi poder y mi sabiduría pueden hacer esto por este discípulo ignorante y bobalicón, ¿qué podrán hacer por mi?. Nunca he probado el verdadero alcance de mi poder".
Entonces el maestro subió a un risco cercano y tras unos segundos de concentración saltó al vacío.
El maestro no sobrevivió. 

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