martes, 6 de agosto de 2013

El camino andado


Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a sus pastos. Siendo animal e irracional, abrió un sendero tortuoso lleno de curvas, de idas y venidas, subiendo y bajando colinas, dependiendo de a donde le llevara su instinto.
Al día siguiente, un perro que pasaba por allí, usó el mismo sendero para atravesar el bosque. Después pasó un carnero, al que seguía un rebaño, el cual, viendo el espacio ya abierto, marcó aún más el camino.
Mucho más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha, izquierda, ascendían, descendían, se desviaban de los obstáculos, quejándose y maldiciendo, con razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.
Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino, donde los animales transportaban pesadas cargas, siendo obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en una, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.
Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y después, en la avenida principal de la ciudad. Todos se quejaban del tráfico, porque era absolutamente demencial.
Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si aquella es la mejor elección. 

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