viernes, 9 de agosto de 2013

El helecho y el bambú


Un día decidí darme por vencido..., renuncie a mi trabajo, a mi relación,... incluso a mi vida.

Fui al bosque para tener una última charla con Dios:
-Dios,- le dije- ¿podrías darme una buena razón para no rendirme? Su respuesta fue:
-Mira a tu alrededor,-dijo.- ¿ves el helecho y el bambú?
- Sí.-respondí.

-Cuando sembré las semillas del helecho y las del bambú, les cuide a ambas muy bien. Les di luz, les di alimento y les di agua a las dos por igual. El helecho creció rápidamente. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla del bambú. Durante el segundo año el helecho creció aún más brillante y abundante, pero nuevamente nada creció de la otra semilla. Pero no renuncie al bambú.-dijo El. -En el tercer año tampoco brotó nada, ni al cuarto... pero no renuncié -dijo Dios.
-En el quinto año, un pequeño brote salió de la tierra. En comparación con el helecho era muy pequeño, casi insignificante en apariencia. Pero tan sólo seis meses después el bambú creció a más de 20 m de altura. Había pasado cinco años echando raíces que le hicieron fuerte y dándole lo que necesitaba para sobrevivir.
-No le daría a ninguna de mis creaciones un reto que no pudiera sobrellevar.- Me dijo.- ¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces? No renuncié al bambú. No renunciaré a ti. No te compares con otros.-continuó el Señor.-El bambú tiene un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos son necesarios y hacen del bosque un lugar hermoso.
-Tu tiempo vendrá,-me dijo Dios.- ¡Crecerás muy alto!
Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días dan felicidad, los malos dan experiencia, ambos son necesarios para tu vida.

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