jueves, 29 de agosto de 2013

Pedazos de carbón


Un día, Benito entró en su casa dando patadas en el suelo y gritando completamente fuera de sí. 
Su padre, intrigado lo llamó y le preguntó la causa de su comportamiento. 
-“Papá.”-Dijo el niño muy enfadado-“¡Estoy muy enfadado con Pedrito! ¡No debió haberme hecho eso! ¡Ojalá le pase todo lo malo del mundo! ¡Me gustaría matarlo!” 
El padre de Benito era un campesino simple e ignorante, pero si no de conocimientos, si estaba lleno de sabiduría. Escuchó con calma a su hijo mientras continuaba desahogándose: 
-“¿Te puedes creer que ese estúpido me humilló delante de mis amigos? La próxima vez que me lo encuentre le voy a destrozar a golpes, ¡imbécil! ¡Desgraciado! ¡Cabrón!” 
Su padre siguió escuchando y sin decir ninguna palabra se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, donde guardaban un saco de carbón. Lo cogió y le llevó hasta el final del jardín, mientras su hijo continuaba gritando insultos y amenazas descabelladas. 
-“¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero?-Le interrumpió sin aviso- “Hazte a la idea de que ella es Pedrito”.- Dijo señalando la camisa. 
-“Imagina también, que cada pedazo de carbón que hay en este saco es un mal pensamiento de los que tienes, dirigido a él. ¡Tíraselo todo! ¡Hasta el último pedazo! Cuando termines, hablamos.” 
El niño lo tomó como un juego y al mismo tiempo le sirvió para descargar la rabia. Comenzó a lanzar los trozos de carbón con todas sus ganas. Como el tendedero estaba un poco lejos, pocos trozos acertaron la camisa. 
Al rato, el padre regresó y se encontró a su hijo exhausto, sentado en el césped, junto al saco vacío 
-“Hijo mío, ¿cómo te sientes ahora?”-Preguntó con calma. 
-“Estoy cansado, pero contento.”-dijo el jovenzuelo.-“Acerté a la camisa con unos cuantos pedazos de carbón”. 
Suavemente, el padre tomó al niño de la mano y le pidió: 
-“Ven conmigo, hijo, quiero mostrarte algo”. 
Lo acompaño al interior de la casa y lo colocó frente un espejo de cuerpo entero... ¡Dios santo! Benito estaba negro sólo se le veían los dientes y los ojos. Entonces su padre le dijo: 
-“Benito, puedes ver que la camisa a la que tiraste los trozos de carbón está un poco sucia, pero no es comparable con lo sucio que has quedado tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nuestra persona. Por más que queramos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la sociedad siempre quedan en nuestro interior.” 

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