lunes, 16 de septiembre de 2013

El Uno y lo múltiple


Érase un gurú  al que todos consideraban la encarnación de la Sabiduría. Él enseñó a su hijo a descubrir al UNO tras la apariencia de lo múltiple. Y lo hizo valiéndose de parábolas, como la siguiente:
Un día le ordenó a su hijo: “Pon toda esta sal en agua y vuelve a verme por la mañana. El muchacho hizo lo que se le había ordenado, y al día siguiente le dijo su padre: “Por favor, tráeme la sal que ayer pusiste en el agua”.
“No la encuentro”, dijo el muchacho. “Se ha disuelto”.
“Prueba el agua de esta parte del plato”, le dijo el gurú a su hijo. “¿A qué sabe?”.
“A sal”.

“Sorbe ahora de la parte del centro. ¿A qué sabe?”
“A sal”.
“Ahora prueba del otro lado del plato. ¿A qué sabe?”
“A sal”.

“Arroja al suelo el contenido del plato”, dijo el padre.
Así lo hizo el muchacho, y observó que, una vez evaporada el agua, reaparecía la sal. Entonces el gurú le dijo: “Tú no puedes ver a Dios aquí, hijo mío, pero de hecho está aquí”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario